Bitácora de la hija de Neptuno (226)

por Flavia de la Fuente

5 de diciembre. Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21,1′). Temperatura del aire: 27 grados. Viento: NE= 14 km. Olas: 0.4 m. Marea: bajando. Tiempo de natación: 12′

Me da miedo escribir.
Tengo temor de mis palabras.
De que me dañen.
Que me vuelvan a inhibir.
Porque, lo cierto es que no me animaba a ir al mar.

Laplayahoy.bis

Yo, la hija de Neptuno,
este año tenía miedo del agua fría.

Días hermosos los pasé sin pisar la playa.
Encerrada en casa,
en el jardín o adentro.
Pero ni siquiera me atrevía a ir al borde del mar.

La locura me iba invadiendo día a día.
Cada vez, cuando hacía calor, pensaba:
«Hoy tengo que ir», pero nunca lo hacía.

Esta mañana era un día como tantos otros de este diciembre caluroso.

Me sentía cansada y decidí ir a ver el mar.
No soñaba con ir a la playa.
Solamente a mirar tímidamente el mar desde Punta Ignacio,
el balneario que hay enfrente de casa.

Y eso hice.
Un hombre joven estaba pintando el piso con Cetol.
Se asombró porque no iba a la playa.
Me dijo, «Aunque sea andá hasta la orilla.
Y te sacás las zapatillas y te mojás los pies en el mar.»

La propuesta del hombre parecía razonable.
Así que decidí que un poco de cordura me iba a hacer bien.

Me fui hasta la playa con mucho miedo.
Pero la idea era hacer todo con el miedo a mi lado.
Vamos, miedo, vamos a caminar al lado del mar.
Hoy no te voy a hacer caso.

Y caminé con cautela, asustada.
Cien metros para el Sur y volvía.
Lo hice varias veces.
Pero nunca me saqué las zapatillas.
Porque el traumatólogo me prohibió caminar sobre la arena descalza.

Eso me tiene mal.
Me siento un poco inválida por tener pie plano.
Es que si no me cuido,
me puede pasar lo del año pasado,
que no podía apoyar el pie del dolor.

Pero el médico me dejó tildada.
Me prohibió ir desde mi casa a la playa en ojotas.
Todo con zapatillas.
Fue inflexible.
Y eso es insoportable.

Tantas cosas me tenían mal.
Y cada día soleado que pasaba me sentía peor.
Al mar, al parecer no iba a ir.

Es que, para colmo, Quintín no puede.
Ni siquiera tiene energía para acompañarme.
Está muy ocupado con el Mundial y sus otras cosas.

Así que tenía que ir sola.
Lo que nunca había sido un problema para mí.
Nadé sola en las cuatro estaciones.
Pero este año nada.
Me había condenado a morirme de calor en casa.
Y a estar nerviosa todo el día.
Salvo cuando hago Qigong.
Pero, ¿cuántas horas se puede hacer por día?

La melancolía me inundaba.
Y tenía una hipersensibilidad feroz.
Ayer hasta me hacían doler las gotas de agua de la ducha.
Nunca estuve así.
Fragilidad absoluta.
Salvo cuando hago Qigong,
que me siento un titán.

Algo no andaba bien.

Tenía que salir de casa.
Pese al pie.
Pase lo que pase.

El hombre del balneario me dio el empujón que necesitaba.
En la playa hablé con una pareja y me dijo que el agua estaba tibia.
Deliciosa.
Se los veía radiantes, mojados, recién salidos del mar.
Otra buena noticia.
Así que decidí que hoy empezaría a nadar.

Me deprimía cada día subir las fotos de Gabi,
ver que la primavera estaba llegando a su fin.
Hoy íbamos por el día 76.
Y que yo seguía seca,
sin animarme a ir al mar.

Volví a casa,
antes hablé con el hombre del balneario.
Le prometí que volvería en un rato para nadar.
Se puso muy contento.
Hay gente buena en el mundo.
Se alegraba por mí.
Nunca habíamos hablado.
Ni siquiera sabía que yo era una nadadora.

Vuelvo a lo de los pies.
Es el descuido de toda una vida.
Debería haber cuidado de mis arcos vencidos.
Pero no lo hice.
Y ahora pago la consecuencia con mi pie derecho deformado.

Pensé en Al Alvarez que iba arrastrándose a nadar.
Él tenía un dolor agudo en un pie.
Al final, creo que lo ayudaban los guardavidas a llegar al estanque.

Al Alvarez ya murió.
Pero sigue siendo una inspiración.
Aunque a él, el agua a 21 grados le parecería pis.

Así que inventé un método para lidiar con mi lesión.
Voy en zapatillas con plantillas hasta la orilla.
Y en mi mochila llevo un par de ojotas para la vuelta.
Y también llevo una bolsita y ahí guardo las zapatillas para guardarlas ni bien me las saco.

Hoy probé esta novedad.
El sistema funcionó perfectamente.

Lo que voy a tratar de evitar es caminar descalza por la arena.
En lo posible, voy a nadar como hoy.
Haciendo largos.
100, 200 metros para un lado y volver.

A mí me gusta nadar a favor y en contra de la corriente.

Otra opción para más adelante,
es nadar hacia adentro y volver.
Hasta que tenga ganas.

No me tengo que poner triste porque no puedo caminar.
Nadé toda la vida en la pileta y me hacía muy feliz.
El problema es con Q.
A él solo le gusta nadar a favor de la corriente.
Y el médico me autorizó a caminar descalza 200 o 300 metros por día.

Todo esto me está haciendo doler el estómago.

Mejor pienso en todo lo que voy a poder nadar.
Y olvido al médico.
Me deprime.
Nadar y nadar.
Cantando como siempre.

Hoy respiré cada 4 o 6 brazadas.
Estuvo bueno.
Volví feliz a casa.
Y no tuve frío.
Ni al entrar.
Ni al salir.
Nunca.

Eso sí que es raro.
La hija de Neptuno siempre temblaba al salir.
Y seguía así helada aun después de la ducha.
Hoy no.
Quizás porque solo nadé 12 minutos.
Vamos a ver qué pasa mañana.
De seguir así, el mar en San Clemente tendrá la temperatura del Caribe.

Al volver a casa le agradecí al hombre del balneario.
Me preguntó si era profesora de natación.
Le dije que no.

En la playa todos nos esperan.
Y nos conocen.
Si alegran si nadamos.
Hoy les dejé mis zapatillas a una pareja de hombres.
Me preguntaron por mi compañero.
Les conté lo que pasaba.
Nuestros fans se preocupan.

Este invierno una mujer nos preguntó si podía sacarse una foto con nosotros.
Les pidió a unos amigos que lo hicieran.
Y les contó que éramos grandes nadadores.
Nos hizo reír.
Y nos sentimos orgullosos.

Trataremos de seguir.
Ahora falta que empiece el Osi.
Pero tiene que terminar el maldito mundial.
Ya lo va a lograr.

Hasta la próxima.

————-

20 de noviembre. Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: helada. Temperatura del aire: 24 grados. Viento: ENE= 9 km. Olas: 0.8 m. Marea: bajando. Tiempo de natación: 1′

24 de noviembre. Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 18′ (helada). Temperatura del aire: 24 grados. Viento: NO= 7 km. Olas: 0.3 m. Marea: bajando. Tiempo de natación: 5′

6 respuestas to “Bitácora de la hija de Neptuno (226)”

  1. janfiloso Says:

    ¡Grande Flavia!

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, Janfi! A ver cuándo nos vemos! Besos

  3. GabrielaV Says:

    ¡Felicitaciones! Una alegría el regreso de la hija de Neptuno!

  4. Silvia Says:

    Comencé a nadar en el mar cuando el traumatologo dijo que mis pies planos necesitaban que caminé mucho descalza sobre la arena caliente.

    Felicitaciones Flavia, me encanta caminar con el miedo. Me siento más fuerte. Y al fin y al cabo, también es una compañía.

  5. Estrella Says:

    ¡Qué lindo leerte, Flavia!
    Ojalá sigas nadando y escribiendo.

  6. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias amigas por los saludos. Me emocionaron.

    Nadé todos los días sola o con Q. Los primeros tres fui sola, bah, con el miedo. Pero me sentí muy bien. Cada día mejor.

    Lo que me sigue preocupando es lo del pie. Voy a probar el método de Silvia, porque, de hecho, lo que más me hace doler es caminar en zapatillas con plantillas! Pero lo cierto es que me molesta el pie derecho, sobre todo cuando no lo uso! Es muy raro.

    Lo que me lesionó el año pasado fue caminar mucho, tipo 1 hora todos los días por la orilla del mar, por el agua.

    Cariños a todos y ahora que se fue el calor volveré a escribir,

    La hija de Neptuno

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