Colegio de vestales

Diario mediterráneo (III)

por Yupi

Lunes

“Vos lo decís porque sos exitoso. Te fue bien en todo”. Esa fue la frase exacta de la mujer. ¿Saben quién era el portador del éxito? ¡Yo! La gente dice cualquier cosa. O quizás todo dependa de la perspectiva. Una cosmovisión depende de la posición que ocupe el espectador. Se puede ver lo mismo en profundidad y en el plano. Un poco antes le había dicho algo en el sentido de que no valía la pena hacerse mala sangre, o tomarse las cosas a la tremenda, y entonces ella me soltó la frase de marras. Quedé mudo a la espera de alguna explicación, que no tardó en llegar. En efecto, en menos de seis meses la mujer se había divorciado, los hijos se habían independizado, vivía sola en una casa gigante y acababa de enterrar a su madre. El combo completo. Estuve por recomendarle que publicara una foto en Tinder con la leyenda: “Madura en buen estado se ofrece para tirar la chancleta. Sólo los mensajes de menores de 40 años serán contestados”, pero me pareció una broma fuera de lugar. Proponerle que hiciera un curso de lenguaje inclusivo tampoco funcionaría en este caso. Así que le di la razón. Afirmé que como persona de éxito le aconsejaba vender todo y venirse a Europa. A otra cosa mariposa. ¿Qué puede perder? Y si siente nostalgia algún misil ruso puede curarla en el acto.

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Martes

Uno de los efectos de la pandemia fue el regreso de amigos de los que no sabía nada desde muchísimo tiempo atrás. Nunca pasaron tantas valijas por mi casa como en los últimos meses. ¿Qué extraña conexión mantenemos con la niñez y la adolescencia? Parecería que las relaciones que uno establece en esa época quedan encapsuladas, fuera del tiempo, como actos del espíritu, y son retomadas en el punto exacto donde se dejaron. Una amiga de chicos (la misma de la entrada anterior) a quien hace treinta años largos que no veo me envió un mensaje breve, en estilo neutro: “Si este es tu teléfono mandáme un mensaje”. Eso era todo. Ni en el tono de su voz ni en el contenido había la menor alarma. Mi reacción instantánea fue contestar dos palabras: “Qué pasó”. En forma de diálogo se leería de este modo:

-Si este es tu teléfono mandáme un mensaje.

-Qué pasó.

Nada más. Cualquiera que lea ese intercambio supondrá que los protagonistas hablan todos los días. Sólo que habían pasado treinta años. Y así fue, las noticias que me dio de ella no eran alegres. Cómo pude adivinarlo, es un misterio. George Moore en Memoirs of My Dead Life habla del tiempo mental, muy distinto del cronológico, que se aplica especialmente a las relaciones del pasado lejano. Vale aclarar que Moore se refiere al amor físico. Según él, la mujer no debe la belleza a sus padres, ni a las dietas, ni a la cosmética, sino a la suma de los admiradores que ha tenido. Dice que la mujer durante milenios ha sido tallada en mármol, se le han construido palacios y se le han levantado altares sólo porque ha sido muy amada, y que si todos le quitaran ese amor, se marchitaría al instante, y que lo sabe a la perfección.

Esta es la hipótesis literaria. La realista es que últimamente las noticias que me llegan de la Argentina son alarmantes y uno sólo espera calamidades. Ayer me escribió un amigo encomendándome a un hijo suyo que viene a probar suerte. Es el tercer pedido en un mes.

Miércoles

F., 34 años, francés, arquitecto. Mi vecino de verano. Cuando llegó al edificio alquilaba el departamento A del tercer piso. Con el tiempo compró ese departamento y también el B de al lado, volteó paredes, levantó suelos, remodeló el interior y lo convirtió en una mansión que no quiero averiguar lo que vale. Es cierto que sus padres lo ayudaron con un préstamo, pero él multiplicó el dinero varias veces a base de buenas decisiones. Tiene una hermana diez o doce años menor que está fácilmente entre las mujeres más lindas que conocí nunca. A mí todas las mujeres me parecen lindas: ésta lo es sin mi ayuda. Fina y bella como un galgo italiano. Me recuerda a Jacqueline Bisset en la primera juventud. A menudo viene a visitar a su hermano, la cruzo en la playa y charlamos treinta segundos. En esos intercambios comprendo la tragedia de no tener treinta años menos. Es un rayo fulminante, una comprobación al límite de lo soportable. Y no me digan que la diferencia de edad es un prejuicio cultural o que un famoso actor posó a los 97 años, más sexy que nunca, en calzoncillos floreados. Se los pido por favor.

Jueves

Debe reconocerse que el francés es el idioma de la civilización. Hay algo suave y preciso en su cadencia, una especie de divina sencillez, eso que Verlaine llamaba “la simplicité divine de la pensée et du style”. Incluso los niños se dan cuenta. Recién hablábamos con mi amiga en la cocina mientras sus hijos, un chico de cinco años y una nena de siete, dormían en un cuarto. Mi amiga vive en Bruselas, así que sus hijos hablan varios idiomas. Si pintan o dibujan, por ejemplo, hablan entre ellos en francés; si ven películas hablan en inglés. El alemán es flotante, lo usan de un modo aleatorio. Con la madre por supuesto hablan en argentino. El caso es que estábamos ahí cuando irrumpió el chico quejándose de que su hermana lloraba y no lo dejaba dormir. Mi amiga, breve: “Estamos hablando los mayores. Volvé a la cama y dormite”. Al rato: “Mami, Olivia sigue llorando”. La escena se repitió otro par de veces, siempre en argentino: el niño que irrumpía en la cocina, la madre que lo mandaba a dormir sin más contemplaciones. Hasta que después de un rato largo oímos que alguien llamaba muy suavemente a la puerta de la cocina. Acto seguido el chico, un pinino que apenas llegaba al picaporte, asomó la cabecita y dijo con extraordinaria delicadeza y claridad: “Je suis désolé de vous déranger. Olivia pleure”.

Viernes

Anoche en el baile patronal del pueblo tuve la oportunidad de comprobar el comportamiento extraordinariamente libre de las muchachas locales. Pero sentí con razón que me faltaba entusiasmo para esas diversiones. En cambio el placer de observar la comedia de la vida lo conservo intacto. En ese renglón soy el mismo del bachillerato. Puedo estar horas observando el espectáculo, por decirlo de algún modo. Esta inmovilidad absoluta suele funcionar como un imán. Una chica no tan chica me confundió con otra persona y por ese motivo entablamos conversación. Hablamos sobre nuestras preferencias, nuestras aversiones y nuestros propios errores, y cualquier otra cosa que nos vino a la cabeza durante un buen rato. Estos diálogos ocasionales me sirven para investigar qué pasa entre los jóvenes de verdad. En general domina una visión liberal del sexo apoyada en un rechazo de toda convención, pero cuando le dije mi edad apenas pudo disimular el estupor y hasta me obligó a enseñarle el documento. La cifra, no sé por qué, le daba risa, así que yo también me reí y le propuse un brindis a la salud de Matusalén. ¿Qué podía hacer? Nos reímos bastante, algo siempre de agradecer en este mundo amargo. No hay como una persona desconocida inteligente para hablar con completa libertad. La gente hace literatura todo el tiempo, dice buenas frases al pasar, sin la menor conciencia. La de esta chica fue: “El sentimentalismo es la claudicación del sentimiento”. No está mal.

Sábado

The Monk de Matthew Lewis. La novela presenta a un monje español, Ambrosio, que de un estado profundamente virtuoso pasa a ser tentado por el diablo bajo la apariencia de una linda doncella. Condenado a morir en manos de la Inquisición, consigue escapar de la hoguera a costa de venderle su alma al Maligno. No es un secreto que Lamborghini tomó varias escenas y diálogos de este clásico para su Tadeys, una traducción o inversión corrosiva del universo femenino. Llega a Gran Tadey el que rehúsa todo contacto con las hembras. Si alguien flaquea, lo sacrifican en el acto. El nombre Ambrosio en la novela de Lewis no es casual. Un tema favorito de San Ambrosio fue el de la virginidad, en el que tiene varias obras, entre otras su Tratado sobre las vírgenes escrito en el siglo IV. Tal vez deseaba revivir el colegio de las vestales de la antigua Roma, que luego produjo la institución de las monjas. El colegio de vestales fue disuelto en el año 394. En la novela de Lamborghini, publicada en 1994, regresa transformado en un barco de amujerar delincuentes juveniles hasta convertirlos en tiernas señoritas. Otro producto de la singularidad absoluta a la que toda literatura tiende. Pasear con una mujer tiene su encanto, pero pasear con una vestal será como entrar en la inmortalidad.

Domingo

Mi amigo dijo: “En la película no hay mujeres”. Personalmente concibo ese mundo como una pesadilla. ¿Pero no pecaré de sentimental? Hay una vieja película de Clint Eastwood que siempre me pareció el mayor alegato gay jamás filmado, organizada sobre la idea opuesta: son todas mujeres alrededor de Eastwood, que a su vez funciona como “la mujer” de la película. Las chicas lo atienden, lo miman, lo alimentan, hasta que finalmente acaban por matarlo.

Foto: Lisandro de la Fuente

2 respuestas to “Colegio de vestales”

  1. Estrella Says:

    Yupi querido, te leo, te subrayo y te copio en mi cuaderno de citas.

  2. Yupi Says:

    La vida es como un restaurante. Podés pedir lo que quieras, pero después llega la cuenta, y te hacen pagar hasta el último centavo. (Cicerón)
    http://www.youtube.com/watch?v=K2snTkaD64U

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