Una amenaza fuliginosa

Diario mediterráneo (II)

por Yupi

Lunes

¿Ya estaremos en el infierno? No hablo de la economía criolla sino del calor africano que invade el continente europeo. El fuego que nunca se apaga arde por los cuatro costados de la península. Asomarse a la playa es un emprendimiento para osados; largarse hasta el almacén una aventura homérica. El agua del Mediterráneo está caliente, sin hipérbole. Temperatura de los últimos días: 43 grados, 41 grados y 42 grados. Las mínimas no bajan de los 23 y amenazan con subir. El hijo rebelde de Filomena no sólo cortó toda relación con la madre: pasó al ataque. ¿Se quejaban de que caía nieve? Ahí tienen fuego. Perdida toda dignidad, la gente sale a la calle prácticamente como vino al mundo y se traba en lucha por una botellita de agua helada. El calor es tan opresivo que recién me arrastré como pude hasta la farmacia del pueblo. A las farmacéuticas les anuncié que me tomaría la presión por primera vez en mi vida, un dato que pareció alarmarlas, sobre todo cuando vieron mi estado deplorable. La verdad es que temí el papelón. Por ejemplo, que anunciaran una cifra exorbitante, o desmayarme en el regazo de las muchachas. Hubo unos segundos de suspenso mientras me inflaban un brazo. Finalmente la chica cantó: “11 y 7. La presión de un deportista”. Me puse de pie como un resorte. Salí de ahí tan destruido como antes, pero ufano como si me hubieran nombrado Mr. Universo.

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Martes

Mientras tomo cerveza en el parador me llega el texto de un autor para que le dé una opinión. ¿Qué hacer frente a los pedidos de lectura urgente? Pope en la Epistle to Dr. Arbuthnot (1735) se queja de los malos poetas que bloquean los caminos a Twickenham y lo asedian con manuscritos. A su criado: “¡Di que estoy enfermo! ¡Di que estoy muerto!”. El remedio obvio, elogiar y ayudar a los diversos poetas, sería peor que la enfermedad, ya que implicaría decir mentiras. Pope ni siquiera podría escuchar en respetuoso silencio: se reiría, porque los poemas son pésimos. Obligado a decir algo, les ofrece el consejo de Horacio, que recomendaba a los aspirantes a escritores esperar nueve años antes de hacer circular sus manuscritos:

Me siento con triste cortesía, leo

Con angustia creciente y cabeza dolorida;

Y suelto al fin, en oídos poco dispuestos,

Este consejo salvador: «Guarda tu pieza nueve años».

Miércoles

El escritor me dijo: “Estuve releyendo mis escritos para su publicación y los encontré tan malos que me desalenté enseguida”. La frase sonó excesiva, ya que este escritor no es nada malo. ¿Por qué hay tanta insatisfacción entre los artistas y muy en particular entre los buenos escritores? Las mentes verdaderamente creativas ponen toda su pasión en la obra, pero es precisamente esta pasión la que se convierte para ellos en fuente de nuevas amarguras. Cuanto más avanza el proceso artístico, más lo creado se muestra enemigo del creador. La obra terminada, tan pronto como se puso el punto final, siempre es un desencanto. Nunca llega a la intuición original de la que provino. La objetividad limitada en la que se encuentra contradice la riqueza de posibilidades que esta intuición contenía en origen. El artista no sólo no puede realizarse en su obra, sino que al final amenaza con juzgarla un desastre. La realidad es indiferente y autónoma. No necesita novelas ni cuadros ni esculturas. En rigor no quiere otra cosa que su propio movimiento y su propia plenitud. Se convierte en una barrera para la obra. Como decía Burke, las personas acuden en masa para ver una obra dramática, pero si hubiera una ejecución pública en la calle, el teatro muy pronto quedaría vacío. De ahí las quejas de tantos escritores por no poder “alcanzar la realidad”. Y sin embargo… en ese punto interviene el lector y el movimiento se reanuda, como si todo empezara de nuevo. La obra de Shakespeare o Kafka, insatisfactoria y limitada para sus autores, para nosotros es inagotable.

Jueves

L., 27 años, argentino, poeta. Esta noche pasó entre los parroquianos del bar ofreciendo sus poemas. No bien esbozó un remedo de acento español decidí esquivarlo. Un argentino que habla de tú me parece disfrazado para el carnaval, pero si es escritor lo siento como un ataque directo a la literatura. Con tal de no oírlo prefiero hacerme pasar por inglés, francés, italiano. Pero esta vez ocurrió algo insólito. El muchacho me dijo que hablaba de tú porque si lo hiciera en su propia lengua nadie le entendería una palabra, tampoco yo, debido a que en su barrio de Buenos Aires habitualmente habla en tumbero. Me pareció que había entendido mal. ¿En tumbero? Sí. A continuación lo ejemplificó con dos oraciones que me sonaron como a Edmundo Rivero en ácido lisérgico. Pienso si con los años yo no hablaré en un argentino arcaico. Los idiomas cambian todo el tiempo y es natural que los agentes del cambio sean los poetas. ¿Quiénes si no? No hace mucho le dije a una chica que caminaba “chino-chano”, una expresión coloquial que puede traducirse como “sin apuro”, o “despreocupadamente”. Me miró sin entender nada, como si le hablara en una lengua muerta. Y la española era ella.

Viernes

El lenguaje sólo existe porque se transmite de una generación a la siguiente. Pero esta transmisión nunca puede producirse de forma que se elimine la independencia del receptor. El destinatario no acepta el regalo como si fuera una moneda acuñada. Sólo puede asimilarlo usándolo, y en este uso le imprime una nueva impronta. Así es como hablan el maestro y el alumno, así es como padres e hijos nunca hablan estrictamente el mismo idioma. Esta creación del lenguaje, que se manifiesta en la desviación del modelo dado, está todavía muy lejos de la creatividad real. La renovación desde adentro sólo alcanza toda su fuerza cuando el lenguaje no sólo sirve para comunicar una información cultural, sino que se convierte en la expresión de una nueva visión individual de la realidad. A medida que esta nueva visión fluye hacia el lenguaje, despierta todas las energías dormidas que yacen latentes en su interior. Lo que fue mera desviación en el círculo de la expresión diaria, aquí se convierte en un rediseño, que puede llegar tan lejos que parece rediseñar casi todo el cuerpo del lenguaje, el vocabulario, la gramática, la estilística. Es la distancia que va del reformista lenguaje inclusivo al revolucionario lenguaje poético. Todas las grandes épocas de la poesía han influido en la formación del lenguaje. Ya Aristóteles afirmaba que la poesía es más filosófica y más seriamente estudiada que la historia, es decir, que el hecho científico de cualquier tipo. O para decirlo con palabras de Shelley, que los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo. No faltan hechos que lo prueben. La Divina Comedia de Dante no sólo le dio a la literatura una nueva obra inmortal; también marcó el nacimiento de la lingua volgare, el italiano moderno.

Sábado

Jules Lemaître registra (en 1898) el auge de los snobs. Los define como personas que sólo siguen la moda, se trate de los naturalistas, los simbolistas o los paracaidistas, tan enfática como ignorante de lo que admiran. Sin embargo, las absuelve con un razonamiento ingenioso: “Sus errores nunca tienen una larga consecuencia, y el ruido que hacen puede ser benéfico cuando aciertan de casualidad. Tienen, por tanto, su utilidad social”. Irrefutable.

Domingo

Lectura de poemas de Swinburne. De Swinburne se ha dicho, con razón, que no escribía como un ser humano sino como un instrumento musical. Su divisa: “Nada que nos deprima es una verdadera obra de arte”. Antes lo había dicho Stevenson. Lo cierto es que hay pocos poetas cuyo trabajo sea menos expresivo de pasiones personales. Fue muy entregado a los éxtasis, pero la mayoría fueron ecos de éxtasis de otras personas. Borges se cansó de recomendarlo sin mayor fortuna. Algo parecido ocurrió en el mundo, y en buena medida dentro de la lengua inglesa, destino que parece inexplicable. Swinburne es un maestro del ritmo y la rima, el tiempo y el acento, la pausa, el equilibrio, el flujo de la vocal y el choque de las consonantes, una combinación que produce la música para la cual el verso fue escrito. No importa si nos atrae por la melodía o por la rima, o aun por la cadencia en lugar de la melodía: nos da las tres, y a la perfección. Por ejemplo, este cuarteto del ‘Hymn to Proserpine’, en el que un romano devoto de los antiguos dioses paganos lamenta el triunfo de esa nueva religión, el cristianismo.

All ye as a wind shall go by, as a fire shall ye pass and be past;

Ye are gods, and behold, ye shall die, and the waves be upon you at last.

In the darkness of time, in the deeps of the years, in the changes of things,

Ye shall sleep as a slain man sleeps, and the world shall forget you for kings.

Hasta traducido literalmente sin rima suena bien:

Todos ustedes como viento pasarán, como fuego pasarán y pasarán;

Ustedes son dioses, y he aquí, morirán, y las olas caerán sobre ustedes al fin.

En la oscuridad del tiempo, en las profundidades de los años, en los cambios de las cosas,

Dormirán como un hombre asesinado duerme, y el mundo los olvidará por reyes.

Foto: Lisandro de la Fuente

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