Diario mediterráneo (I)

por Yupi

Lunes

Un amigo recién llegado me comenta la bobera progresista que reina desde hace unos años en una parte de la sociedad argentina con el lenguaje inclusivo a la cabeza. Algo había notado sin prestarle atención, o sin generalizarlo. Días atrás una amiga de chicos me dijo que deseaba vivir en España, pero no en Madrid sino en Bilbao, porque esta última “es menos franquista, más liberal”. Una pausa para relacionar. ¿Bilbao más liberal que Madrid? Le pregunté si estaba leyendo mucho el Página 12. Para dar una idea, es como si dijéramos que Mendoza es más liberal que Buenos Aires, o Ayacucho más liberal que La Plata. Ni siquiera hace falta discutir posturas ideológicas. Basta el sentido común. No hay muchas probabilidades de que una ciudad chica sea más liberal que una grande; sin embargo, ella hablaba convencida. En fin. No escribo estas líneas en contra de Bilbao ni menos de los vascos, que forman parte de mi vida desde siempre. Yo con los vascos me entiendo. Pero mi afecto no puede convertir a Barakaldo en Nueva York. Como dijo Freud, a veces un habano es un habano y no un símbolo fálico.

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Martes

N. me manda una foto desde Ibiza, donde está pasando unos días con dos amigas llegadas de la Argentina, bajo el epígrafe: “Lomas presente”. En la imagen se las ve posando entre risas a orillas del mar. Las tres responden al arquetipo de la morocha argentina. Pelo largo, mirada despierta, bronceado completo. Aunque hace rato que dejaron atrás la primera juventud conservan un atractivo más que considerable, realzado por la felicidad de encontrarse libres del trabajo, la familia y demás obligaciones de la vida corriente. Se diría que están felices de haber soltado al animal que llevamos dentro. Esta escena me recordó otra, bastante lejana en el tiempo. Una amiga de toda la vida, muy lectora, había decidido aprender esquí acuático y por ese motivo le presenté a un experto en la materia que la llevó a practicar con su lancha. Pasó lo que siempre pasa las primeras veces. Apenas se paró en los esquíes la chica salió despedida como un cohete. Desde la costa podían oírse sus carcajadas cada vez que aterrizaba en el agua. Nunca la había visto tan asilvestrada y expansiva. Cuando salió del mar, mi amiga me dijo: “La literatura existe para mantener a todo el mundo confinado dentro de su cráneo”.

Miércoles

El tiempo de la improvisación de Alberto Giordano. Me llevé una sorpresa al ver este libro en la mesa de una librería madrileña. Y no cualquier librería, una exclusiva, selecta y aristocrática, donde sólo se exhibe a los grandes pensadores de la humanidad. Quién sabe por qué tengo simpatía por Giordano. Seguramente por la novela de Aira, que lo muestra chambón y hasta absurdo, y por eso querible. En cierto sentido puede decirse que Giordano resultó aún más sarcástico que Aira porque supo reconocer la importancia de Internet, que tiende a eliminar a los intermediarios; es decir: al propio Giordano. Ni el último Barthes llegó a tales cúspides de autorreferencia. El caso es que ahí estaba su libro, entre uno de Fichte y uno de Hegel, la temible armada alemana. Espero que lo traten bien. A la chica que me atendió le expliqué que Rufino es un pueblo famoso por ser la cuna de la ensayista Nora Avaro, autora del manifiesto feminista: “Otra perspectiva que no sea de género, ¿no tienen?”. En este punto la vendedora se permitió dudar de mi palabra y aun esbozó una sonrisa. No dije nada más. Pagué y me fui.

Jueves

Filosofía, ensayos, teoría literaria. El sonido del sentido. Mauthner dice en alguna parte que no podemos evitar la sospecha de que tanto Leibniz como nosotros quedamos impresionados por el sonido lleno y misterioso de la palabra mónada, la sola palabra sugiere algo muy especial detrás de ella. Pensemos en la cantidad de tesis que estarán escribiéndose ahora mismo en el mundo con total seriedad… ¿Por qué no admitirlo de una vez? Las palabras no producen conocimiento, sino literatura. Leibniz difícilmente se habría atrevido a cargar sus mónadas con tantos poderes y cualidades si simplemente hubiera elegido la palabra “unidad” en su lugar. Aira entendió esta lección borgeana a la perfección. Le devolvió al continuo de Leibniz su naturaleza original. En un veloz pase de manos, cambió el fantasma filosófico por el literario.

Viernes

Memorias de España 1937 de Elena Garro. Un libro curioso, menor, casi extravagante. El texto demuestra al mismo tiempo el genio literario de la autora y que estaba loca. ¿Qué pensar de alguien que iba a tomar sol a la playa durante los bombardeos de la guerra civil española? Hacer literatura con la propia vida es lo más difícil del mundo, y ella lo hizo a menudo, por no decir siempre. En ese proceso Octavio Paz es presentado invariablemente como uno de los villanos más siniestros de todos los tiempos. Lo pinta con tales rasgos de monstruosidad que uno se pregunta si alguna vez habrá existido un ser humano tan pérfido. Va mucho más allá del rencor. Para ilustrarlo copio una declaración de Garro sobre el susodicho: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí a los indios contra él, hice política contra él, en fin, todo, todo lo que soy fue contra él”. Lo que se dice un alma apasionada. En favor del apaleado Octavio cabe asegurar que nunca calculó ni remotamente con quién se había casado. El libro fue publicado por la editorial Salto de Página, unos chicos que conocí en un bar tiempo atrás y me negué a creer que fueran editores, tan jóvenes me parecían. Hacían juego con el libro, porque Garro lo escribió a los 19 años.

Viernes

Argentina 3 – Italia 0. Bastó este resultado para que la prensa criolla lanzara las campanas al vuelo. ¡Magistral! ¡Sublime! ¡Pasamos la prueba europea! Bueno, un poco de calma. En las últimas décadas me he amargado tantas veces con la selección que la cercanía de un Mundial me sume en el pánico. Envejezco. Me salen canas, várices, eczemas. Ganarle a los troncos italianos del otro día no significa pasar una prueba de nada. Es todo lo que diré a título personal. Como los argentinos hablamos exclusivamente entre argentinos, y nos declaramos unos a otros hermosos y extraordinarios, le pedí la opinión a un periodista amigo extranjero, un veterano de mil canchas, que justamente por serlo no se demora en cumplidos. Copio del mail literalmente: “Para mí que el Mundial es un Brasil-Argentina. Alemania está en días menores. A España no le alcanza. Inglaterra, bueno… es Inglaterra. Much ado about nothing. Francia quizás, pero me parece que ya pasaron su mejor momento y al final son todos negros millonarios sin hambre de ganar. Andan más pendientes del Instagram que de la pelota. ¿Quién queda? Los gauchos y gaúchos de siempre”. Ese fue su comentario. Ojalá acierte.

Sábado

“¿Cómo te fue en Ibiza?”, le pregunté a mi amiga. “No me hablés”, contestó. “Qué lugar divino. Qué placer caminar sin sujetador por la playa o por la calle sin que se te acerquen esos moscardones estúpidos con alguna guarangada. En Buenos Aires no podés caminar sin sujetador sin que un desubicado te grite: “¡Eh, nena, qué timbres!”. Lo peor es que terminás extrañándolo. En Ibiza nadie te dice nada, ni siquiera te miran. Sos la mujer invisible. Claro, con tantas mujeres espectaculares dando vueltas los pobres tipos no deben saber a cuál mirar. Además los tipos son todos potros. Hasta los policías están refuertes, parecen modelos. En un pub me vino a hablar un yanqui. “Puedo ser tu madre”, le avisé. “Tengo 26 años”, me dijo muy serio. “Igual puedo ser tu madre”, contesté con resignación, porque estaba bueno. ¿No veranea gente fea acá? De sólo pensar que mañana tengo que volver al frío me deprimo. Yo a mi marido ya le dije. Los chicos ya son grandes. Si algún día nos divorciamos me vengo a vivir a Ibiza en el acto. Ni loca me quedo en Lomas. La vida es muy corta y hay que aprovecharla. De este viaje me encantó todo, menos los jeans. Los vaqueros españoles te hacen el culo plano”.

Domingo

Semana del orgullo gay. Tengo que ir a los festejos, me dijeron. ¿Por qué? A mí me gustan las mujeres. Si fuera a la celebración me la pasaría admirando mujeres y todos se darían cuenta. No importa. Debo ir igual para ayudar a los colectivos marginados. ¿Ah sí? ¿Y a mí quién me ayuda? Medio mundo cuenta con la protección de sindicatos, empresas, asociaciones. Yo siempre estoy solo y no veo a nadie desesperarse por mi situación. Además, los gays estarán marginados en China, porque en mi barrio pasan de la mano por enfrente de casa. No importa. Mi presencia es fundamental. En fin, para no seguir con la discusión me encaminé a los festejos bajo un sol de justicia. No bien entré en la Plaza España me fui para la barra en busca de una cerveza helada. ¿Cinco euros por un vaso de cerveza común no será un robo? No importa. Ese dinero es para ayudar al colectivo de marginados. Bueno, pagué los cinco euros, y cinco, y otros cinco. A mi alrededor campeaba el más absoluto jolgorio. El clima africano colaboraba para que todos fueran desnudos, o poco menos. Tan criminal era el calor que la escasa ropa se pegaba al cuerpo. Las mujeres se acomodaban los calzones al caminar, como Rafa Nadal antes del saque. Para no hacerla muy larga. El corolario de ese baño turco fue que volqué dos cervezas, me tiraron encima un vaso de vino tinto y perdí la audición de un oído por los alaridos que pegaban los cantantes. No sé qué tendrá que ver una bacanal multitudinaria con los derechos de los gays, pero no me arrepiento de haber ido. Después de todo, la democracia es menos el derecho de las mayorías que la garantía de las minorías, y yo vendría a ser la minoría de la minoría, un colectivo marginado formado por una sola persona.

Foto: Lisandro de la Fuente

3 respuestas to “Diario mediterráneo (I)”

  1. lalectoraprovisoria Says:

    Bienvenido, Yupi! Me encantó el diario de hoy. Besos, F

  2. Yupi Says:

    Gracias, Flavia. Nada se pierde, todo se tranforma. Por lo menos eso dicen. Un saludo a los provisorios antes de que el calor africano nos achicharre del todo.
    http://www.youtube.com/watch?v=H5v3kku4y6Q

  3. FedericoR Says:

    No sé si habrá sido por la aparición estelar de Elena Garro, pero las amigas de Yupi me hicieron pensar de inmediato en las amigas de Bioy. Así que mis más sinceras felicitaciones.

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