El placer de la condensación

Publicada en Perfil el 18/7/21

por Quintín

La historia empieza en 1960 cuando una mujer llamada Alma Malone ayuda a su amante a robar un banco en Cleveland. Le dan veinte años de cárcel, pero le agradece al juez por la sentencia. Otra mujer se obsesiona con el caso y decide hacer una película. Es actriz, tuvo también una infancia difícil, se llama Barbara Loden. Tarda diez años en lograrlo. Mientras tanto, se casa con Elia Kazan y tiene éxito en el teatro haciendo de Marilyn Monroe en la obra de Arthur Miller Después de la caída. La película se llama Wanda, cuesta apenas cien mil dólares, Loden termina dirigiéndola e interpretando el papel principal. Apenas se ve en los cines, pero gana un premio en Venecia. Loden adquiere cierta fama pero nunca vuelve a filmar y muere de cáncer a los cuarenta y ocho años.

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Hacia 2010, una mujer llamada Nathalie Léger se obsesiona con Barbara Loden, en quien ve un reflejo de su propia vida. Léger es francesa, tiene cincuenta años y publica en 2012 Sobre Barbara Loden, que Chai Editora traduce al castellano en 2021. En 2021 muere Monte Hellman, cuya Two Lane Blacktop (1971) es comparable con Wanda por la libertad, la atención al entorno físico, la distancia respecto de las ficciones habituales. En el camino, Wanda se ha convertido en un film de culto y en una bandera del feminismo, aunque las feministas de la época la repudiaron por la pasividad del personaje. Marguerite Duras, en cambio, descubre en la extraña mezcla de indiferencia, sumisión y agresión de Wanda “una sacralización de lo que quería mostrar, una forma de decadencia en la que yo veo una gloria muy intensa, muy violenta, muy profunda”. Léger recorre las cuencas carboníferas donde se filmó la película, busca las huellas de Alma Malone, lee los horribles y condescendientes pasajes que Kazan le dedica a Loden, relata su encuentro con un posible amante de Loden, Mickey Mantle, famoso beisbolista, compañero de Joe Di Maggio (otro marido de Marilyn). En el pequeño libro el mundo se condensa de un modo prodigioso. Caben en él toda la literatura francesa, todo el cine americano, la dureza de la vida proletaria y el cinismo de la fama. Léger, como Malone, como Wanda, como Loden, tiene mal carácter. Dice odiar, por ejemplo, a los hombres jóvenes.

Como locación para la escena del robo, Loden había elegido Scranton, Pensilvania. Allí nació Joe Biden, quien en 2021 asume la presidencia de los Estados Unidos. En 2021 el festival de Jeonju publica I am Independent, 7 Women Film Directors, una edición bilingüe que es una joya tipográfica. Song Moon (programadora del festival, conocida en el Río de la Plata como Luna), escribe un extenso artículo sobre Barbara Loden. Moon, que también tiene su carácter, le agrega una dimensión al enigma de Wanda, a la que ve como la mujer de la multitud, una especie de Bartleby intermitente, paradojal, que encarna el lugar del anonimato desde la ambición de su intérprete por salir de él. En 2021 muere Bertrand Tavernier. En su libro 50 años de cine americano, la entrada correspondiente a Loden termina diciendo: “La actriz-realizadora rehúsa todas las coartadas hollywoodenses, todas las excusas ideológicas. Se limita a filmar y a mirar a su personaje de frente, como quien busca hacer lo mismo con el sol o con la muerte”. Así de potente y misteriosa es la película.

Foto: Flavia de la Fuente

Una respuesta to “El placer de la condensación”

  1. Juan GS Says:

    Qué buen texto.

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