Espectros creativos

Diario invernal (V)

por Yupi

Lunes

Noches pasadas un meteorito estuvo a punto de estrellarse contra Madrid y hacernos saltar por los aires. No es una metáfora. El asteroide entró en la atmósfera a la respetable velocidad de 126 mil km por hora, se convirtió en una bola de fuego, cruzó la ciudad como un espectro infernal y desapareció en la oscuridad. Todo en cuestión de unos segundos. La nieve, el virus, el barbijo, el toque de queda, ahora el meteorito. ¿No están pasando demasiadas cosas raras? Mejor no preguntar. La realidad siempre es indiferente. Si uno va en busca de la explicación encuentra que los fantasmas son una sábana blanca y los besos un proceso de combustión química no muy distinto a la quema de carbón en un horno. Ocurre que el mundo siempre está jugando al misterio, y esa inminencia de una revelación sólo un artista o un político pueden traducirla en explicaciones, que naturalmente nunca convencen a nadie. Res non verba. Propongo lanzar a Alberto Fernández con un casco sobre el mar de Bering, y ver qué pasa.

tunelenelrio

Martes

Algunos lectores señalan que Aira en sus novelas afirma una cosa y más adelante afirma la contraria, y se preguntan si no estará burlándose de ellos. Una sospecha absurda. La contradicción es simplemente la forma necesaria en que se mueve todo pensamiento. Es bien sabido que Hegel construyó una filosofía a partir de la contradicción, y fue por la fuerza de esta evidencia que el sistema hegeliano ejerció un dominio casi absoluto sobre todas las áreas culturales durante un siglo. En este sentido específico Aira es más un clásico que un vanguardista, y menos un novelista que un ensayista. Pero en él la principal influencia no es Hegel sino Leibniz, cuya teoría del continuo a su vez es inexplicable sin Nicolás de Cusa. El pensamiento de este clérigo heterodoxo fue realmente genial. En 1438 se le ocurrió el principio básico de su filosofía: la coincidentia oppositorum. Según ésta, todo es una intersección de dos opuestos. Una concordancia de opuestos es Dios, que representa el máximo absoluto, porque todo lo abarca, y el mínimo absoluto, porque está contenido en lo más pequeño. Otra es el ser humano, porque une mortalidad e inmortalidad, cuerpo y alma. Por fin una concordancia de opuestos es el propio Nicolás de Cusa, que reconcilia religión y ciencia natural, el guardián de lo viejo y el heraldo de lo nuevo, el último escolástico y el primer moderno. Ahora, cómo se resuelve esa concordancia de los opuestos es un secreto que no podemos penetrar por la razón, sino sólo captarlo a través de un proceso interno de dos contradicciones acopladas, la docta ignorantia y la comprehensio incomprehensibilis. No es una teoría sencilla, pero tampoco impenetrable. En el centro del sistema está el principio de la paradoja creativa que produce eternamente todas las cosas. Entre otras, las novelitas de Aira.

Miércoles

Siglos más avanzados seguramente encontrarán escandaloso que nuestro tiempo haya abusado de la sociabilidad hasta el desagradable proceso de comer juntos. En ocasiones veo arruinada mi admiración por una dama en el transcurso de una comida. La mujer es bella, elegante, simpática. Pero vista de tan cerca, ¿no tiene demasiados dientes? Un ojo empieza a parpadear de forma inesperada; una oreja se revela más grande que la otra. En el caso de un compañero de mesa masculino la incomodidad se multiplica por cien, o por mil. Promediada la comida sus rasgos ya muestran los signos de la devastación: delgados y demacrados, o bien esponjosos e hinchados, o ambos a la vez. Cada viaje al baño enciende una nueva alarma. Un estómago enorme descansa sobre piernas delgadas, rostros hundidos miran por encima de papadas gordas. El proceso de masticación y deglución compartida puede ser un trance penoso para el más distraído de los humanos. Por no mencionar los desastres que ocurren al calor de las libaciones. Una vez Aira fue a comer con un escritor y éste empezó a tomar vino mientras le contaba sus planes literarios. El hombre continuó bebiendo durante la entrada, se quitó el pulóver, siguió bebiendo, a la altura del primer plato se desabrochó la camisa, siguió bebiendo, en algún momento pasó de comentar cuentos y novelas a proclamar la inminente llegada de la revolución bolivariana, hasta que al final se puso tan completamente en pedo que acabó por tirarle encima a César un pollo entero con guarniciones. Si en una comida le pasan estas cosas a un candidato al premio Nobel, ¿qué no puede ocurrirle a cualquiera de nosotros?

Jueves

“No me gusta Baudelaire. No creo que tuviera buen corazón”, dijo uno de los invitados. “Probablemente no lo tuvo ni bueno ni malo”, respondió otro. “Hubo un tiempo en mi vida en que lo leía casi a diario, y a veces no me sentía cómodo con sus procedimientos. Incluso creí haber descubierto en él alguna falsedad. Pero ahora, en conjunto, no veo más que sinceridad y benevolencia. Baudelaire era un camaleón, y aunque proclamó en voz alta su independencia de todos los lazos y de todas las personas, en cuanto hablaba con alguien se dejaba impresionar por su individualidad. Con un gordo era gordo, con un erudito era un erudito, al hablar con un obrero era un hombre del pueblo. Quienes lo frecuentaban nunca sabían qué esperar. El propio Théophile Gautier, que escribió su nota biográfica, nunca lo entendió”.

Viernes

Vida y obra. Está bien que en las biografías de un escritor figure la vida en primer término. Incluso cabe preguntarse si la obra es realmente necesaria, si no será un accidente. La Odisea o la Divina Comedia son algo terminado, algo cerrado y por tanto, en cierta medida, algo muerto. Pero una vida humana sigue produciendo un efecto en el sentido de que cambia continuamente a los ojos de la posteridad. Kafka, el caso piloto, creó un poema que es más alto y tiene un efecto más largo y más profundo que La condena, La metamorfosis y todas sus otras obras. Se llama: “La vida de Franz Kafka, 1883-1924”. Por supuesto, la vida y la obra de Kafka están estrechamente relacionadas, pero de una manera especial. A saber: Kafka nunca podría haber escrito sus textos sin una vida como la suya, pero podría haber llevado una vida como la suya sin escribir una sola línea. Que él era la única persona que podía escribir El proceso es lo específicamente “kafkiano”; que escribiera El proceso fue sólo una coincidencia.

Esta es la teoría romántica de la literatura. En ella el mito personal del escritor, fórmula que acuñó el crítico Albert Béguin a propósito de Nerval, lo es todo. Del otro lado, la teoría clásica sólo toma en cuenta la obra y relega la vida a un accidente. Vaya a saber cuál tendrá razón. El intento de explicar el universo surge de la conformación de nuestros cerebros, que tienden a asociar ideas separadas. No hay una última explicación posible, y sin embargo tal vez exista.

Sábado

Tres cuentos espirituales de Pablo Katchadjian. Un escritor se revela en un párrafo, incluso en una frase. Leo en el prólogo del autor a sus cuentos: “Cada época reconfigura un poco la estupidez para que no se vea del todo”. Suficiente. Para mi gusto está todo dicho. Podría saltearme el resto de páginas y cerrar el libro. Como todavía sigo apegado a vetustos reflejos culturales, terminé de leer el prólogo, también el primer cuento, los dos excelentes, y recién ahí dejé la lectura. Supongo que lo mío fue un ejercicio de nostalgia o quizá de desconfianza, ya que bastaba la frase, sin ningún libro. Su efecto es parecido al de la música. Sentimos la música, pero no podemos entenderla. Nos moviliza, nos asombra, nos exalta, pero no nos dice nada. Esta es la única forma de reconocer la literatura genuina. Nunca antes hemos escuchado esos tonos, esa combinación de tonos, que permanecen sin traducir. Las ideas llevan una existencia desconcertante y los símbolos parecen salpicados en la realidad, oscilando todo el tiempo entre lo concreto y lo abstracto, de modo que el texto da la impresión de un mundo deforme de sueños extraños. Un cinematógrafo expresionista. Por supuesto, en literatura la originalidad es tan relativa como la teoría de la relatividad del tiempo. La razón por la que no notamos la relatividad del tiempo se debe a la lentitud de nuestra vida, que a su vez es la razón por la que notamos la relatividad del espacio. Si nuestra percepción fuera cercana a la velocidad de la luz, percibiríamos que el tiempo se mueve, mientras que nunca percibiríamos, o en el mejor de los casos sólo podríamos deducirlo de observaciones astronómicas, que una piedra está cayendo. El arte cambia constantemente, sólo la palabra permanece igual.

Domingo

Inicié la caminata en la glorieta de San Bernardo. A pesar de la niebla Madrid lucía sus habituales cuestas y repechos, por lo que calculé mentalmente las pendientes sin problema. Bajé por Bilbao, doblé en la calle Fuencarral y doblé de nuevo por la Calle del Desengaño hasta el número 4, donde Rivadavia en 1816 se hospedó en una pensión, solo y sin dinero, durante sus gestiones para que los europeos reconocieran la independencia argentina. Cada vez que paso por ahí digo en voz alta a modo de saludo: “Bernard” (así lo llamo en la intimidad). Los paseantes me miran sin entender nada, como a un loco de atar, pero no me importa. Y aun me quedo corto con el homenaje. Más allá de aprobar o no las decisiones políticas de Rivadavia, ¿alguien calibró la situación del individuo en ese momento? Él era la Argentina, literalmente. Tenía que convencer a la corona española de que en el fondo seguíamos siendo amigos, para que no ordenara un ataque marítimo, y además convencer a ingleses y franceses de que la Argentina era un nuevo país legal, para que no fueran a saquearlo. ¡Solo! Quizá no hubo nada más argentino que Rivadavia en esa pensión. No faltará quien diga que vistos los resultados mejor habría sido que le entregara el país a los franceses, a los ingleses o incluso se lo devolviera a los indios. Ese es nuestro eterno problema. El criollo es, ante todo, incrédulo.

Foto: Lisandro de la Fuente

2 comentarios to “Espectros creativos”

  1. la novia de troll Says:

    Saludos estimado, siempre un pacer leerlo!

  2. Estrella Says:

    Cómo me gustan los diarios.
    Me llevo mis subrayados (sobre procesos de masticación y deglución; sobre el Baudelaire que es gordo cuando está con un gordo).

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