Cómo atacar a César Aira

Diario mediterráneo (V)

por Yupi

Lunes

A la espera de que pasen a buscarme mis amigas para ir a la playa doy vueltas por el cuarto de hotel. Me asomo al espejo de cuerpo entero. Si tomo la suficiente distancia, por ejemplo, a unos diez metros del espejo, me veo más o menos como siempre. A cinco metros empiezan a surgir diferencias. A un metro ya soy un señor mayor, mi padre, o mi madre, o quizá mi tío Eliseo, que mucho antes de la pandemia bajaba a la playa de traje y corbata. Aquí es donde el barbijo se revela una ayuda inesperada. Hablo del barbijo oficial de la CE, no el de tela celeste que vemos en todas las fotos, sino el blanco, armado, firme como un cartón, que oculta la mayor parte del rostro. ¿Cuántos años tendrá su portador? No se sabe bien, y si la persona no tiene patas de gallo la incertidumbre crece aún más. Sin barriga y con la cara cubierta, la situación me parece bastante encaminada. Pero (siempre hay un pero) todavía queda por resolver un punto crucial: el pelo. El pelo de los cincuenta años no es el de los veinte o treinta, ni en cantidad ni menos en calidad. En el mejor de los casos luce opaco, quebradizo, yo diría mustio y francamente apelmazado, el proceso que transforma a todo hombre de león joven en perro viejo. No hay ninguna forma de disimular esta evidencia. Si hasta el propio Calamaro, posiblemente la mejor pelambrera de nuestra época, tuvo que recurrir a estrambóticos cortes, ¿qué nos queda a los demás? ¿Raparnos a cero? No, de ningún modo. La melena es sagrada. Una gorra, una gorra es la única opción, y de paso unos lentes de sol. Así que ya estoy listo para salir. Gorra, barbijo, lentes negros, remera, un pantalón largo por las dudas. Llaman de recepción. Allá voy. Mis amigas me saludan vestidas con dos tiritas y partimos a la playa.

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Martes

En los últimos dos siglos los hombres han abandonado gradualmente, y diría que para siempre, el arte de alegrar o al menos entretener por el vestido. Todos se han comprometido de por vida con un disfraz de utilitarismo despiadado, completamente ajeno a la variedad de la belleza y su justa exhibición. Que artistas como Wilde o Mallarmé escribieran sobre moda los deja en la indiferencia. Reina el comunismo textil. Los varones lucen con un extraño orgullo pervertido su triste vestimenta y se deleitan en usar un vaquero idéntico al del vecino. Tan absoluta es esta uniformidad que el difunto Mujica Lainez gozó toda la vida de una reputación de excéntrico con el simple expediente de usar chalecos de fantasía. Me dirán que Mujica Lainez sería más recordado si hubiera puesto la fantasía en sus libros, no en sus chalecos. El argumento no me convence. Además, lo esgrimen ahora, que Manucho está muerto y no puede defenderse. ¿Pero qué pasaba cuando estaba vivo? No puede compararse su vida hecha de entradas triunfales, siempre rodeado de un ramillete de lindos muchachitos, con la puritana y aburrida vida de Borges, perpetuamente embutido en un traje oscuro. En cuanto a ropa el escritor argentino es, más que sobrio, chirle, soso, una suerte de sastre metafísico. El saco sport de Piglia, el pulovercito de Saer, la campera Nike de Aira… Esto para no hablar de lienzos lamentables como el jogging de Martín Kohan, verdadero atentado a la felicidad. Lo cierto es que la adopción de un utilitarismo riguroso y monótono ha tenido resultados calamitosos. Con la pérdida de invención en la vestimenta masculina llegó la pérdida de ilusión de las mujeres, y finalmente su total abdicación por la fuerza de la costumbre. El saco y el vaquero, esas prendas calculadas para destruir las ilusiones más robustas de un alma soñadora, finalmente fueron aceptados y aun adoptados por el género femenino. Fue el golpe final. Ya nadie espera nada, porque no hay nada que esperar. Los hombres abandonaron para siempre la idea de conservar en el ropero una sola prenda no digamos fantasiosa, sino mínimamente entretenida. Sólo tenemos que mirar los retratos de Van Dyck para comprobar cuánto se perdió en el camino.

Miércoles

Lectura de las cartas de Jane Welsh, la mujer de Carlyle, cuyo talento quedó eclipsado por el genio de su esposo. En la vida no le fue mejor. Los amigos de la pareja aseguraban que amar a Carlyle era una tarea de mucho heroísmo, que merecía una pensión del gobierno. De entrada el matrimonio se retiró a una granja en Craigenputtoch, un sitio lúgubre y solitario, lejos de conocidos y hasta de vecinos. Allí Carlyle escribió sus mejores ensayos y Sartor Resartus, su obra más original. ¿Qué podía hacer ella más que convertirse en una gran escritora de cartas? En 1859 recibió la primera novela de un tal George Eliot, seudónimo masculino tras el que escribía Mary Anne Evans, una completa desconocida. Welsh contestó a vuelta de correo: “Sr. Eliot. Su novela me gustó mucho. Supongo que me la ha mandado para que le haga de puente con mi marido, que como sabe no lee novedades. Confíe en que esta vez hará la excepción. Felicite de mi parte a su esposa, en quien adivino una gran escritora. Afectuosamente, JW”.

Jueves

Leo en Quintiliano que la oscuridad de un autor es generalmente proporcional a su debilidad. Como apenas hay un rasgo que no encuentre partidarios, el mismo Quintiliano nos informa de un retórico tan admirador de la oscuridad que el mayor elogio que podían hacerle de sus escritos era: “No entendí nada”. Schopenhauer, siempre atento en atacar a Hegel, detestaba la oscuridad. Afirmaba que los escritores oscuros desean aparentar saber lo que no saben, pensar lo que no piensan y decir lo que no dicen. En todo caso no puede negarse el poder artístico de la oscuridad. Creo que hay razones naturales para que la idea oscura, cuando se transmite adecuadamente, sea más persuasiva que la clara. Las ideas de eternidad y de infinito están entre las primeras que conocemos; sin embargo no hay nada que comprendamos menos que el infinito y la eternidad. El poeta Lycophron, que dominaba el arte de la oscuridad en grado eminente, aseguró que se ahorcaría si encontraba alguien que entendiera su poema Alexandra. Tuvo tanto éxito que vivió hasta los 97 años, y podría haber vivido dos mil más, porque el poema sigue inexplicable hasta nuestros días. La verdad es que rechazar un texto literario por su oscuridad tiene tanto sentido como rechazarlo por su tipo de letra. Sólo es concebible en un mundo en que la conversación durante la cena discurriera así: “Este repollito de Bruselas sería bueno sólo si se hubiera preparado de acuerdo con el derecho internacional”.

Viernes

El amor, bajo el hechizo de la ciencia, es traducido por la mayoría de los novelistas actuales al sexo. En consecuencia ven en el tratamiento del amor de los novelistas antiguos nada más que una convención, una mentira, y lo rechazan por artificial. “¿No ves que tratarse de usted entre novios es artificial?”, explican. Están convencidos de que lo que ellos escriben no son artificios sino la misma realidad. La literatura es pura luz de luna. Es un hermoso mundo vacío, donde no se agita la vida real, un mundo que brilla con una luz plateada no propia, sino tomada de un sol que no vemos y que ilumina una antigüedad prestada. Como una estrella fugaz, arde por un momento y enciende con su gloria todo el mundo allá abajo. Pero no puede durar. Es una luz demasiado pura para brillar por mucho tiempo sobre el tendido eléctrico de la ciudad.

Sábado

Consejos para atacar a César Aira. Me parece que los autores jóvenes intuyen que su deber de jóvenes es atacar la obra de Aira, pero no saben cómo hacerlo, y aun no tienen ni idea de por dónde empezar. ¿Qué aconsejarles? Como primera medida recomiendo leer la obra de Aira. Para un ataque eficaz hay que conocer no sólo las fallas de un escritor sino muy especialmente sus aciertos, algo que no interesa a los malos polemistas. El mal atacante no puede contentarse con nada salvo persuadirse de que su adversario es completamente malvado o totalmente estúpido; en suma, como decía Chesterton, que es lo que no es y lo que nadie es. Con ese método lo único que conseguirán es hacer de Aira un escritor tan grande como Dante. No. Hay que leer sus libros con atención a la vez precisa y “flotante”. El cirujano (todo buen crítico se le parece) es el hombre de los lugares exactos, pero en arte ese lugar no tiene centro definido, hay que detectarlo. Rembrandt lo entendió mucho antes que Foucault. Una vez localizado el punto exacto, deben marcarse con nitidez sus contornos. Tomemos Las curas milagrosas del Doctor Aira. Esta novelita contiene una de las ideas más geniales de toda su obra, la cura milagrosa, que comprende una poética lucreciana in nuce, pero está poco lograda como novela por su falta casi completa de fábula; resulta demasiado alegórica, es decir, barroca, aunque no en el sentido católico sino luterano de la palabra. O tomemos La confesión. En esa novela, como en alguna otra, Aira apela al efecto de vaciado, que consiste en dejar una parte de la historia sin explicar, un recurso indigno de un gran artista. También se puede apuntar a la debilidad de los finales. O a las contradicciones internas. En fin, esto es nada más que un esbozo. Pero si la crítica todavía les resulta difícil pueden llamar por teléfono a César y preguntarle directamente cuáles son sus fallas. Nuestro mago criollo lleva tantos años esperando un verdadero ataque que hasta es posible que les escriba el artículo él mismo.

Domingo

Era un aire suave, de pausados giros… No sé cuántas veces en la vida recordé este verso. Por ejemplo, hace un rato. Hay versos de Darío que llegan tan lejos como el idioma castellano puede convertirse en música pura, como muchos versos de Góngora y quizá de ningún otro a ese nivel. Es parte de su sencillez, de su infantilismo divino, que se abandona a la canción con la misma confianza con que un niño se abandona a los milagros. La inteligencia no interviene casi nunca. Darío, como su admirado Verlaine, depende completamente de la intuición, está a merced de la emoción o la impresión del instante, por no decir de la casualidad. De ahí que pudiera caer en errores tan espantosos como cantarle a un rascacielos o a la esposa del presidente francés. Sus ensayos son peores que malos, pésimos, sin una conciencia clara de lo que dice ni por qué lo dice. No importa en absoluto. Una persona que ha logrado un solo verso realmente bueno no tiene nada más que pedirle a la literatura. En algún momento volverá.

Foto: Flavia de la Fuente

14 comentarios to “Cómo atacar a César Aira”

  1. e Says:

    El Doctor Aira sabe realizar curas milagrosas, aunque nunca ha hecho una todavía.
    Tiene una fama modesta y un archienemigo que trata de desacreditarlo. Está pensando como explicar sus conocimientos al mundo.
    La posibilidad de milagrear no la tiene desde que nació, sino que pensando en la estructura del universo razonó que hay una manera de reorganizar la realidad.
    ¿Se entiende la situación? Nunca hizo un milagro pero nadie duda que puede hacerlo. Es maravilloso.

  2. Yupi Says:

    Su archienemigo… ¡el maquiavélico Actyn! Es cierto, tratándose del Dr Aira no debe descartarse el milagro. Saludos provisorios.
    http://www.youtube.com/watch?v=zfAEkjNtPho

  3. Gabriel Says:

    Sr. Yupi: quisiera recibir la misma falta de piedad que esos jóvenes escritores que les acercan sus manuscritos. Es una bonita pagina musical con fondo escenográfico cuarenteno porteño.
    gracias!

  4. Yupi Says:

    Gabriel. Esta noche escucharé el disco, pero es difícil juzgar letras de canciones como literatura. Supongamos que Flaca de Calamaro no existiera y tuviéramos que juzgar sólo su letra. Veamos:
    Aunque casi me equivoco
    (que-ca-qui-co: terrible cacofonía)
    Si te digo poco a poco…
    (Y dale: co-co. ¿Alguien habla “poco a poco”?)
    Aunque casi te confieso
    (¡Otra vez aunque! Y para rematarla: que-ca-co)
    Que también he sido un perro compañero
    (Dejemos pasar a ese perro que quiere dar lástima)
    Un perro ideal
    (Un perro platónico, digamos)
    Que aprendió a ladrar
    (Ahora el perro se vuelve bruscamente aristotélico)
    Y a volver al hogar
    (A esta altura el lector ya imagina al autor en cuatro patas)
    Para poder comer
    (En fin, tú mismo)
    Sin embargo, con la música cambia todo. Es una linda canción y un hit instantáneo. Dentro de la melodía los ripios pasan de largo, se deslizan. Ya me explayaré en otra ocasión. Saludos.

  5. Burzaco Says:

    Calamaro escribío las letras mas estupidas del Rock nacional. Perdon, lo tenia que decir.

  6. Yupi Says:

    Sin embargo, Media Verónica, Diez años después o Plástico fino están bien. Es difícil juzgar letras de canciones y en el caso de Calamaro más, porque sobre todo sabe hacer lindas canciones. Burzaco, no pierda los estribos. Esta zambita no está mal.
    http://www.youtube.com/watch?v=VFAhTeRloqg

  7. Burzaco Says:

    Gracias Yupi, te dejo esta Baguala para disfrutar.

  8. Gabriel Says:

    Sr. Yupi: Completamente de acuerdo, y eso que Calamaro primero escribe las letras! (a diferencia que casi todos sus colegas). Casi que no hay letras disculpables en papel, pero quizas este bien que asi sea, sino para que le ponen musica?
    e incluso cuando le ponen musica a poemas admirables (Calamaro alguna vez lo hizo de manera lograda, El toro) siempre pierden musicalidad, curiosamente. Leonard Cohen podria ser una excepcion en sus mejores temas? Tampoco estoy muy seguro. Ahora me viene al oido mental Do not go gentle in that quiet night de D Thomas por John Cale, (especialmente la versión en vivo)
    Quizas la música transmite algo más poético que las palabras, y por eso podemos cantar emocionados cualquier pavada (lo sabían las religiones)

  9. Yupi Says:

    Gabriel. Yo agregaría: ¡y Calamaro tenía que pagar el alquiler! Hasta Alta Suciedad fue todo correr la coneja (y divertirse, y aprender) más que pensar en el arte sublime. Las letras de canciones vienen acompañadas de tantas cosas que se vuelve imposible juzgarlas por separado. Por ejemplo, Cohen tiene letras excelentes, pero no tiene el encanto de Dylan ni en la voz ni el escenario. Las letras de Bowie son muy buenas, también las de Lou Reed. En fin, por el momento Perrocandil tiene que enfocarse en pagar la factura de la luz.
    http://www.youtube.com/watch?v=cDQBtWuk8Bk

  10. burzaco Says:

    Gabriel, que tal, si escribe las letras antes eso lo complica aún más… Vamos muchachos, este es un blog de gente leida !
    Veamos…..

    Déjame atravesar el viento sin documentos
    Que lo haré por el tiempo que tuvimos
    Porque no queda salida, porque pareces dormida
    Porque buscando tu sonrisa estaría toda mi vida
    Quiero ser el único que te muerda en la boca
    Quiero saber que la vida contigo no va a terminar
    Porque sí, porque sí, porque sí!
    Porque en esta vida
    No quiero pasar más de un día entero sin tí
    Porque sí, porque sí, porque sí!
    Porque mientras espero
    Por tí me muero y no quiero seguir así
    Quiero ser el único que te muerda en la boca
    Quiero saber que la vida contigo no va a terminar
    Porque sí (porque sí)
    Porque en esta vida
    No quiero pasar más de un día entero sin tí
    Porque sí (porque sí)
    Porque mientras espero
    Por tí me muero y no quiero seguir así
    Está claro que lo salvó la musicalidad, y la simpatía.

  11. Yupi Says:

    Esto me recuerda un viejo sketch de tv de Guinzburg y Castelo en el que ponían un disco recomendado, empezaban a escucharlo con atención y en algún momento uno le decía al otro: “¿Pero qué es esta porquería?”, se paraban y lo destruían a martillazos. Para vos, Burzaco.
    http://www.youtube.com/watch?v=dRJDWe9SxZQ

  12. Gabriel Says:

    Burzaco: acuerdo. Pero la capacidad de mezclar frases hechas, a veces levemente re- hechas, seductor como cantante, hacen de Calamaro el iniciador de una escuela sobresaturada en la FM la mega. Pero fue el primero en su genero, que no parece que dejará demasiado para debatir.
    Pero puestas en papel las letras de canciones (especialmente las nacionales) pasan de la verguenza al horror, o el desconcierto (lei las letras de Prive de Spinetta antes de escucharlo, por suerte las olvidé y lo escuche con felicidad después) . Me quedo con esta definición insinuada por Yupi: el pop es la capacidad de pagar las cuentas con una poca de gracia.

  13. Yupi Says:

    ¿Por qué horror?
    -No voy en tren, voy en avión
    -No me digas nada, tengo taquicardia
    -¡A brillar, mi amor, vamos a brillar, mi amor!
    Son versos superiores a: Ella te ama (yeah, yeah, yeah). Sobre este último verso el padre de McCartney opinaba, con buen tino, que el coro debía decir: “Yes, she does”.

  14. Burzaco Says:

    No me parece un tema menor el de las letras de las canciones, Hablo del Rock Nacional, otros géneros musicales trabajaron más estos temas , Sosa por ejemplo, tiene letras preciosas., ni hablar del bolero, o el folklore. Tampoco todo no exageremos.
    Ultimamente descubro que VIRUS tiene letras muy buenas, por ejemplo -Encuentro en el Rio-, y siempre se lo consideró un grupo medio frívolo y nada que ver. Quizás habla de la formación y de los gustos de los músicos, que leerían , aunque algunos pedían letras, claro.
    Spinetta cuando manoteaba algún verso de San Juan estaba bien.
    A los beatles les pasa algo de eso también, letras flojitas y una música total.
    Los Lieder de Schubert o Schumann se apoyan en poemas muy malos pero la música es soberbia. y son fabulosos.
    UN MISTERIO,
    Pero es buen ejercicio leer las letras- a pelo- y ver que se mueve.

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