Ay, qué lindo

Diario mediterráneo (IV)

Lunes

Antes de bajar a la playa escucho hablar en la tv a un científico alemán sobre el coronavirus. Dice que tal vez tengan lista una vacuna para este otoño (europeo), pero que no puede considerarse una solución, ya que primero deben comprobar la eficacia en los pacientes, ni menos una erradicación del virus, porque éste puede mutar, y en tal caso quizá no sirva de mucho. Mientras tanto debemos aprender a convivir con la pandemia. Eso es todo. Guten Tag. Merkel no habla. No dice nada porque es doctorada en física y química y de vacunas no entiende nada. Cambio a un canal argentino. Escucho hablar de la vacuna a Alberto Fernández en persona. El presidencialismo americano, como la Coca Cola y la vida, es así. Exige un líder, un papá sustituto, sistema que infantiliza a una sociedad ya infantilizada por toda clase de sentimentalismos y carencias básicas. Todo en el discurso de Fernández oscila entre el mitin electoral y el más puro terror. Su gobierno lidera la química mundial. En seis meses obtendrá la vacuna para todos. Sin mayor pesimismo recuerdo la bomba atómica que le vendieron a Perón, allá en lontananza. Pienso si no estaremos incapacitados para la realidad, aun para las previsiones del sentido común, dictadas por la lengua. Un escolar enseguida comprende que ante una emergencia la esperanza es lo último que se pierde, no lo primero que se encuentra.

Carritoymédano.bis

Martes

Journal (1939-1945) de Pierre Drieu La Rochelle. Durante años escribir sobre Drieu significó un intento de justificar lo injustificable. Borges, Victoria Ocampo, los mismos franceses trataron de presentarlo como una persona querible y sincera, una especie de dandy apasionado, menos un verdugo que una víctima de su tiempo. El diario refleja algo de todo eso. Drieu había vivido realmente la Primera Guerra. Sin tener idea de la violencia (nunca se había peleado ni en el colegio) entró en el ejército francés. Fue herido en Charleroi, salió vivo de Gallipoli y llegó a tiempo para revistar en Verdún, donde un obús lo mandó al hospital. Esa experiencia le dejó la convicción de que el futuro de Francia, un país materialmente débil y de pocos habitantes, dependía de liderar una federación europea. Por entonces la unión continental tenía sólo dos salidas rápidas: comunismo o fascismo. Decepcionado del primero, Drieu adoptó el segundo, que lentamente fue absorbido por el nazismo. En este punto se dividen las aguas. ¿Por qué apoyó la locura nazi en vez de escapar, como Paul Morand y otros astutos? Según Borges, que no conoció este diario, Drieu se fue quedando en París “por pereza”. La primera mitad del diario confirma en parte esa hipótesis. “Mi pereza”, “Mi divina pereza”, escribe el autor a cada rato. Como explicación no convence a nadie, salvo que pensemos en un caso psiquiátrico. Me voy a dormir con la esperanza de que la segunda mitad del libro proporcione alguna otra pista.

Miércoles

Termino el Diario de Drieu sin saber qué pensar de esta ensalada de nacionalismo, vitalismo y filosofía hindú. La lucidez se superpone todo el tiempo con la confusión: “El problema ya no es Francia-Alemania ni democracia-fascismo. Las patrias no sobrevivirán a esta guerra, se ahogarán en una federación europea dominada abiertamente por Inglaterra o Alemania, y de una forma u otra en esa federación se ejercerá un excesivo socialismo burocrático y un autoritarismo policial”. El propio Hitler pasa de ser un genio en las primeras páginas a ser una vergüenza en las últimas: “Enero de 1945. Los alemanes traicionan a Hitler, abandonan a Hitler, nunca han estado con Hitler, que nunca ha estado consigo mismo. Este pobre proletario austríaco no podía coincidir con su personaje, excepto por un esfuerzo sobrehumano, milagroso, casi divino, que trató en vano de alcanzar”. Casi lo mismo podría concluirse de Drieu. El personaje que armó supuestamente detestaba a las mujeres, pero se apoyó siempre en sus relaciones femeninas; decía odiar a los judíos, pero hacia el final se refugió en la casa de su primera esposa, que era judía; combatía a los aliadófilos, pero su mejor amigo era nada menos que Malraux. Un hedonista politizado, un viajero atado al barrio y un gran escritor de obra mediocre. Supongo que esa mezcolanza infernal no podía resolverse si no con el suicidio. Quizá el epitafio más exacto lo escribió un amigo después de acompañar el cortejo que fue a darle el último adiós, integrado por mujeres, judíos y héroes de guerra: “Pauvre garçon”.

Jueves

Un joven (23 años) me manda su libro de cuentos, que publicará una editorial independiente, para que le dé una última opinión. Me pone en el peor brete. Nada más difícil de juzgar que el texto de un joven, pero cuando se trata de cuentos ya roza lo imposible. Un cuento es perfecto o es nada. La posibilidad de apenarlo me deprime, y la de mentirle me enfurece, como si me plantearan la cuadratura del círculo. Por suerte, dos de los cuentos no están mal. Hay un atajo al que apelan los escritores noveles de cuentos, que es el efecto de vaciado. Consiste en dejar una parte de la historia sin explicar, como en Casa Tomada. Me parece tramposo. En tres de los seis cuentos el autor recurre a este gambito. Veremos cómo me las arreglo para decírselo.

Viernes

Todo crítico avisado conoce muy bien una vieja máxima literaria: “No importa a quién elogien, pero tengan mucho cuidado de a quién defenestran”. Tal vez nunca en la historia de la literatura se haya aplicado de un modo más conservador como en la actualidad. Los juicios son alocadamente favorables o no son. ¿No se parece a la indiferencia? ¿Debemos suponer que los críticos literarios están exentos de encontrar fallas? Su sensibilidad, por el contrario, es mucho más irritable que la del común de la gente. No hablemos de un Nerón, que mandó liquidar a dos poetas en fila, Lucano y Petronio. Incluso un modesto Léon Bloy es impensable en los tiempos que corren. Toda valoración queda aplanada y reducida a expresiones del tipo de “Ay, qué lindo”, o “Genial”, aunque el autor haya estampado la mayor inepcia. Muy lejos estamos de Nabokov, siempre codiciado para el espaldarazo, que puesto a escribirle un solapa al editor de Catch 22 de Joseph Heller, resumió con sencillez: “Este libro es un torrente de basura y diarrea dialógica, el resultado automático de una máquina de escribir prolija”. Frente a esa tirada nuestro “pésimo” suena casi cordial. En cualquier caso el pensamiento acrítico parece menos recomendable para juzgar libros que para pasar unos días en el manicomio. Fue Wilde creo quien dijo que la amabilidad conviene más a un rematador que a una persona de letras.

Sábado

En el camino al restaurante noté menos circulación de gente, como si el pueblo se hubiera vaciado de golpe. Pensé en algunos amigos argentinos que tienen decidido venirse a vivir a Europa cuanto antes, porque en Buenos Aires la situación “no da para más”. Al llegar al paseo me atajó el heladero histórico del lugar. “Esto es una ruina”, me dijo. “Los ingleses huyeron por miedo a que los encierren en su país, los franceses se atrincheraron, los alemanes veranean con gabán y los italianos prefieren la piscina de su casa”. Concluyó: “Vosotros allí en Argentina, lejos de todo, estáis bien”. Un juicio difícil de refutar. La felicidad siempre está en otra parte.

Domingo

Me encontré en la playa con el escritor de guiones. Trabajamos juntos hace tiempo, los dos jóvenes, incluso muy jóvenes comparados con nuestros compañeros, así que sin ser amigos nos tenemos la simpatía de quienes compartieron los años dorados que no volverán. En España los años que median entre fines de los 80 y principios de los 90 fueron realmente dorados, en todo sentido, económico, individual y social, pero esa es otra historia. El caso es que nos alegramos sinceramente de vernos. Hablamos de esto y aquello y en algún momento le dije que estoy leyendo a Pope, nombre que él no sólo tradujo por Poe, Edgar Allan Poe, una confusión inevitable, sino que aprovechó para contarme que ya tiene listos unos guiones de televisión “que están muy bien pagados”. Mientras se explayaba yo miraba el mar, la arena, las señoritas que pasaban en paños menores. No hay justicia para nadie. Me despedí sin decirle que él cobrará los guiones justamente porque Alexander Pope fue el primer escritor en pedir grandes anticipos por derechos de autor. Ganó 5 mil guineas con la Ilíada y 4 mil con la Odisea, una pequeña fortuna de la época, tanto que le permitió contratar ayudantes de técnica perfecta, como Broome y Fenton, que podían reproducir su estilo con precisión matemática. Por esos días Pope compuso aquel famoso hexámetro que para adaptarlo a nuestra lengua puede dividirse en tres hemistiquios: “Desde entonces / gracias a Homero / vivo y prospero”.

Foto: Flavia de la Fuente

9 comentarios to “Ay, qué lindo”

  1. e Says:

    A Yupi un escritor joven le manda su libro de cuentos. ¿Quién es Yupi?

  2. Yupi Says:

    Ojalá lo supiera. Pero cuánto hacía que no leía “lontananza”, eh. Qué melodía hermosa. Aprendan a tocar, sordos.
    http://www.youtube.com/watch?v=SeLf3fPOt-E

  3. Grzech Says:

    Sería muy bueno saber quién es Yupi para leerlo si es que tiene libros. Perdón si es desubicación, pero lo leí todos estos años en LLP y siempre me gustó. Desde los viejos “comments” de la epoca de Garcés, maiakovski, Estrella, los diarios de Flavia, etc…

  4. joandemena Says:

    “¿Quién es Yupi?” La´unica pregunta que vale la pena en las letras actuales.

  5. FedericoR Says:

    En el ’43 Jünger Anita en su diario: “Luego llegaron los simpáticos Abel Bonnard y Drieu La Rochelle, con el que intercambié disparos en 1915”. Esa mirada de caballeros sobre la guerra… Vivían en un mundo que ya no existía. Creonrecordar que Junger anota algo sobre el suicidio de Drieu…

  6. lalectoraprovisoria Says:

    Yo lo conozco al Yupi, lo vi un par de veces en Madrid. Hay que decir que es un hombre valiente, porque nos vino a visitar una vez a lo de mi hermando Liso cuando Q y yo estábamos con una gripe tremenda que habíamos contraído en las Canarias. 40 grados de fiebre una semana y tos horripilante y todo. Y el hombre vino a vernos. Se ve que nos quiere después de tantos años de contacto virtual.

    Pero, lamento decirles, que no recuerdo su nombre. Solo les puedo decir que es un amigo muy amable.

    Saludos,

    Flavia

  7. estrella Says:

    Ey, qué emoción, Grzech. Y qué bueno leerlos.

  8. Yupi Says:

    Flavia, ustedes también agarrarse una gripe en Canarias… Los salvó el Aquarius.
    Grzech. Sin desmedro de los notables esgrimistas provisorios, Maiakovski fue uno de los más grandes comentaristas que pasaron por la web. Un Lamborghini 2.0. El primer comment que hubo en LLP fue de él. En cuanto al libro físico, al texto “en forma de libro”, espero que no me fusilen, creo que ya no importa tanto y que importará aún menos en el futuro. Yo me entiendo.
    Federico. Los diarios de guerra de Junger son una joya, un documento fundamental. La parte metafísica en cambio te la regalo y si es necesario te pago el flete.
    Hola Estrella.
    http://www.youtube.com/watch?v=yxJkpcBmrf8

  9. FedericoR Says:

    La.metafisica siempre es fastidioso, mi estimado Yupi. Los Diarios de guerra de Jünger son la mejor lectura que hice en mucho tiempo. Y hace unos días terminé Eumeswil, y me encantó. Un libro con notable olor a tadey, además. (También perfumes a Soria). Muy recomendable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: