Chile (2) – Ecuador (1)

Copa América (11)

por Quintín

Es una costumbre en las transmisiones de los partidos que se indique el porcentaje de posesión de la pelota de cada uno de los equipos. La suma de las posesiones de cada uno da un 100%. En este partido, dicen los números, Ecuador tuvo la pelota el 54% del tiempo y Chlle el 46%. Pero es mentira. Estoy convencido de que la pelota no la tuvo nadie. Estuvo básicamente en el aire o, si estuvo en el suelo, fue cuando el juego estaba detenido. Esta apreciación es consistente con otras estadísticas: 44 faltas (22 de cada lado), 9 tarjetas amarillas y una roja. Chile y Ecuador jugaron a cortar el juego y a que no se jugara. Y no se jugó.

11.Tilos

La diferencia fue que Chile tiene algo parecido a un funcionamiento (no muy distinto del de la última Copa América) que incluye derribar a los contrarios cuando vienen atacando y Ecuador solo tiene la última parte: el mandato de interrumpir el partido. Por eso, Chile es un poco más, está más convencido de su libreto y tiene más confianza en sus posibilidades. Y por eso ganó. Ecuador dependió de que el arquero chileno se equivocara en el penal, en el que pareció que se anticipaba a Enner Valencia y, en cambio, lo tiró al demonio. Y, después, en otro error de Arias, que salió fuera del área, y en lugar de rechazar la pelota chocó con Ibarra.

Esta jugada provocó cuatro minutos de deliberaciones del VAR. En un principio, Lousteau dijo que era lateral, pero recibió el fatídico llamado y en la decimocuarta toma en cámara lenta pareció que había un leve roce de la pierna del arquero contra la del delantero, que cayó como muerto como muertos cayeron los jugadores de cada equipo ante cada choque. Finalmente, Lousteau dio tiro libre y amonestó al arquero. ¿Por qué no fue roja? ¿Por qué no fue amarilla la del penal? Misterios de un reglamento que nadie sabe exactamente cómo se aplica. Sospecho que tampoco los encargados de hacerlo. Igual, Lousteau dirigió bien y, a pesar de todas las tarjetas y del tremendo mal humor de los ecuatorianos, mantuvo un tono amable y risueño en un partido en el que no hubo nada para reírse. Más bien hay que decir que esta Copa es para llorar.

Foto: Flavia de la Fuente

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