Un debate de dos siglos

por Pablo Anadón

A veces, muchas veces, nos olvidamos, pero no viene mal recordar cada tanto que nuestra república es bastante reciente. Me lo recordó esta tarde la noticia de la fórmula presidencial Mauricio Macri – Miguel Ángel Pichetto. Como a casi toda la Argentina, el anuncio me dejó estupefacto, y francamente no me hizo ninguna gracia. Inmediatamente vino a mi memoria una entrevista a Pichetto, hace algunos años, en la que el veterano jefe del bloque de senadores peronistas había hecho el elogio de Carlos Menem y de Néstor Kirchner, no sin dejar de reconocer que en sus gobiernos había existido corrupción, pero minimizando el hecho como algo propio de todas las democracias del planeta, así como todas las ocasiones en que había secundado la política peronista-kirchnerista, como volvió a mi memoria cuando se votó la ley 125, el pacto con Irán, las medidas económicas de Kicillof, cuando se opuso a la ley de extinción de dominio, el desafuero de Menem, la ley del arrepentido, etc. Es comprensible que los amigos kirchneristas estén que arden.

Luego escuché la conferencia de prensa, y a pesar de su “acectación”, lo que dijo sonó muy sensato y moderado, adjetivos que sin duda vienen a la mente cada vez que habla. No es casual que haya reconocido que las emociones no forman parte de su temperamento político, reconocimiento que, en nuestro país, es raro, y es a mi juicio una virtud, dado que hemos conocido a muchos zorros y zorras viejas que se presentan en público como personas muy sensibles, muy emotivas, mientras que sus acciones y sus decisiones luego demuestran que son terriblemente pragmáticas y cínicas, y su emotividad no es más que una máscara dramática griega.

Tal moderación conciliadora me trajo el recuerdo del “Facundo”, cuando Sarmiento se refiere a la persecución por parte de Rosas no sólo de los unitarios, para entonces ya asesinados, exiliados o subyugados, sino también de los “lomos negros”, aquellos federales que, a diferencia del Restaurador de las Leyes, eran republicanos moderados y propiciaban la organización del país y el dictado de una constitución nacional, cosas ambas que al dictador de Palermo le caían tan simpáticas como a Cristina Fernández de Kirchner debe haberle caído la elección de Pichetto para la fórmula presidencial de Cambiemos.

Bien, evidentemente, en términos estratégicos, ajedrecísticos, tal elección ha sido una jugada maestra, una especie de “gambito de alfil” (Pichetto me evoca justamente la figura del alfil): no se lo sacrifica, claro, sino que se le da un giro inesperado a la partida de las próximas elecciones, convirtiendo a una pieza clave de la oposición en un aliado, cosa que tal vez explique asimismo la aparentemente inexplicable política gubernativa en las elecciones de Córdoba, la cual puede verse, sí, en toda la línea, como un gambito, es decir, el sacrificio de los candidatos radicales para que vuelva a triunfar el peronismo moderado de Schiaretti y así contar con el apoyo de la franja de gobernadores provinciales de Alternativa Federal.

Otra maniobra magistral, siempre en términos estratégicos, ha sido contar con la adhesión del radicalismo para la postulación de Pichetto (la expresaron muy claramente Sanz y Cobos), apoyo que ya debía estar en mente cuando en el reciente Congreso Nacional del Partido Radical se favoreció la búsqueda de consensos con otros partidos y de una mayor amplitud en los acuerdos políticos del gobierno. De esta manera, pues, se transformó una flaqueza en fortaleza: en efecto, una decisión así se origina, me parece, en la debilidad de la coalición de Cambiemos ante las elecciones presidenciales, y el riesgo de que, en la definición de la partida, los votantes de Alternativa Federal pudieran inclinarse hacia la fórmula Fernández-Fernández.

Volviendo a la juventud de la república y al carácter cíclico que a veces adquiere la historia: si la estrategia de Cambiemos resulta triunfante en octubre, tendremos que al partido liderado por la confesa admiradora de Rosas le tocaría un destino semejante al de su político admirado del siglo XIX. En efecto, así como el Restaurador que tuvo en sus manos “la suma del poder público” fue vencido por sus antiguos aliados, encabezados por Urquiza, y por la intervención decisiva de las provincias, la líder de un movimiento que iba por todo ―el modelo de Rosas, el primer populista argentino, no quedaba en la creación de un instituto histórico para honrar su memoria― podría ser derrotada, quizás definitivamente, por la participación de miembros de su partido de origen y la mediación, una vez más, de las provincias, al menos de aquellas cuyos gobiernos integran Alternativa Federal. No me parece casual que Macri, al anunciar la fórmula en Twitter, haya planteado la disyuntiva entre populismo y república. Dos siglos después, como vemos, seguimos en la misma o parecida encrucijada.

Una respuesta to “Un debate de dos siglos”

  1. Burzaco Says:

    Sobre Futbol.
    Déjà vu . messi-di Maria-Kun aguero.
    30 años sin tener un arquero bueno.
    30 años sin un entrenador competitivo.
    Kun- 2 goles en 3 mundiales.
    La AFA cooptada por los gordos gremialistas k.
    Ojo a la gilada dormida frente a la tv que Macri devalúa un 10 por ciento……

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