Bitácora de la hija de Neptuno (206)

por Flavia de la Fuente

 

21 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 16 grados. Sol y nubes. Viento: SSE 7 km. Olas: 0,5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 17′

 

22 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Nubes y llovizna. Viento: NNO 10 km. Olas: 0,4 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 8′

  

23 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Nubes y sol. Viento: NNO 20 km. Olas: 0,5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 15′

 

Empecé el otoño astronómico nadando.

Aunque no escribí ese día.

Pero celebré el equinoccio a mi manera.

Solitaylasdurantas

 

Nadando en un día fresco, de 16 grados.

Desafiando la pereza.

Que dan los primeros fríos.

No me acuerdo cómo fue la natación.

Sí recuerdo que le pedí a Quintín que me acompañara.

Y que, aunque a regañadientes, esta vez lo hizo.

Yo estaba un poco aprensiva.

Necesitaba que alguien me mirara desde la orilla.

Ahora recuerdo qué pasó ese día.

Me metí al Norte del muelle.

Y como había mucha corriente llegué enseguida al Fontainebleau.

Aunque tenía el traje de invierno, sentía frío en los pies.

Era raro.

Porque nadaba rápido.

A un ritmo respetable.

Así que decidí salir.

Y lo hice a mi máxima velocidad.

Estaba bastante lejos de la orilla.

O la corriente me impidió volver en nada.

Pero, pese a todo, cuando me acercaba a la costa, pensé, en volver nadando al muelle.

Para extender un poco más el placer del agua.

La corriente, detrás de la primera rompiente, iba hacia el Norte.

Pero las olas eran fuertes.

Mi idea era cabalgarlas hasta salir justo en casa.

Y no tomar frío.

Pero una ola agresiva me tiró a la orilla.

Además de darme un revolcón.

Así que me resigné, salí y me encontré con el Osi.

Que estaba de mejor humor.

Porque al menos había salido de casa.

Y vio que había un mundo afuera.

Aire.

Mar.

Gente que se bañaba pese al frío.

En fin, que volvimos contentos a casa.

Pero yo quedé tan cansada que ni mi bitácora pude escribir.

————-

Intervención de Q en la bitácora:

Acabo de darme cuenta de que F incluyó el día de anteayer y el de hoy, pero no el de ayer, así que tomo la pluma.

Ayer fue un día espantoso, hacía frío, viento, estaba nublado y lloviznaba.

Pero yo insistí en ir a nadar igual, porque había faltado demasiado tiempo.

Me morí de frío, salimos en seguida. Tenía frío cuando llegamos a la playa, cuando nadamos, cuando salimos del mar y cuando llegamos a casa.

No fue nada memorable, pero merece estar en la bitácora porque demuestra que la peor natación no deja de ser buena.

Fin de la intervención de Q.

—————-

Hoy el día dura exactamente 12 horas.

Sale el sol a las 6.53 y se pone a las 6.53.

El miércoles nos volvemos a Buenos Aires a pasar el invierno.

Andamos nerviosos y agobiados.

Yo no me quiero volver.

Me gustaría quedarme nadando todo el año.

Y Quintín también está nervioso, porque tiene que dejar sus libros.

Y los dos estamos tristes, porque tenemos que dejar a Ella y a Janis con Graciela, que es una santa, pero sabemos que las vamos a extrañar mucho.

En fin, así que estamos pasando unos días difíciles.

Pero hoy es un día hermoso.

A la mañana brillaba el sol.

No había viento.

Y yo decidí celebrarlo desde temprano.

Tomé mi primer desayuno antes de que salga el sol.

Mirando las nubes moradas que veía desde la ventana que da al mar.

Me vestí y fui a soltar a Ella y a Janis.

Volví a casa.

Respiré un rato sentada para tratar de aquietar mi mente.

Me había despertado muy sobresaltada.

Aunque me da vergüenza decirlo, anoche me asusté con Jane Eyre.

Me juré que nunca más leo libros inquietantes antes de ir a dormir.

Pero ya pasó.

Respiré y respiré.

De pronto, sentí un cansancio tremendo y que me quedé dormida en el sofá hasta las 7.30.

Tomé entonces un segundo desayuno.

Y me fui a la playa con Solita

A tomar sol.

Nada de caminatas, porque la pobre sigue lesionada.

Volví a casa y el Osi dormía.

Qué suerte que descansa, pensé.

Había visto que había dejado en la mesa una taza con té sedante.

Rastros de una noche insomne.

Volví a salir, entonces.

Quería disfrutar del día de sol.

Hice una media hora de gimnasia en la plaza.

Volví a casa y el Osi seguía durmiendo.

Así que volví a mi gimnasio a seguir en lo mío.

Está bueno tener el gimnasio al aire libre y cruzando la calle.

Lo voy a extrañar casi tanto como al mar.

Media hora más tarde, volví a casa y Quintín me habló.

«Vive», pensé.

Ya me estaba preocupando.

Pero no le pasaba nada.

Solo que durmió mucho.

Y eso hace bien.

Creo que eran las 10.45.

Tomamos el tercer desayuno.

El verdadero.

El catalán, con pan tomate, dátiles y kiwi.

El dátil y el kiwi son un agregado no catalán reciente.

Q se fue a mirar un partido y yo decidí seguir con mi plan de respirar todo el aire puro del día de hoy.

Regué el jardín con la amable compañía de Ella y Janis.

Las perras retozaban en el césped al sol mientras me contemplaban.

«Qué hará esta yendo y viniendo con la regadera», se preguntaban mis dos bombones.

Estoy muy contenta con mi jardín.

Aunque ya empecé a despedirme.

Las durantas y la bignonia están cargadas de flores, y los farolitos chinos, el jazmín celeste, las gazañas y las alegrías del hogar se ven encantadoras.

Es realmente bello.

De día y de noche.

Es un placer sentarse a mirarlo o pasear por mi caminito de lajas.

Misión cumplida.

Cómo lo voy a extrañar.

Veré qué me encuentro cuando vuelva.

Una selva impenetrable o un desierto.

——————–

Terminó el partido y a las 13.30 fuimos a nadar.

Para colmo, hoy había un evento de Kitesurf en el Riazor, el balneario contiguo al nuestro.

Era muy agradable de ver.

Decenas de barriletes de colores en el cielo.

Una visión muy alegre.

Aunque confieso que más que alegrarme los quería matar.

Porque nos arruinaban nuestros planes acuáticos.

Por suerte, nos enteramos por los guardavidas que no pasaban más allá del muelle.

O sea que podíamos nadar al Norte del muelle.

Era una buena noticia.

Pero teníamos que caminar hasta algún lugar y volver nadando.

La corriente iba fuerte hacia el Sur.

Así que caminamos hasta cercal del Solmar (cerca de un km de casa).

Quintín quería ir más lejos.

Pero yo tenía miedo de los kitesurfers.

Una vez uno casi me choca.

Y por la perspectiva, parecía que andaban cerca.

Me metí con cierta aprensión.

El agua estaba hermosa.

Nada fría para mí.

Y eso que hoy no llevaba gorra.

Creo que es el último día tibio de esta temporada.

Q me pidió que nadara con él para que los malditos surfers vieran mi torpedo.

Así que fuimos juntos.

Yo nadaba lento y él también.

Y pese a eso, en 13 minutos llegamos al muelle.

Se había acabado la cancha.

Había que salir.

Prendí los motores para salir corriendo a máxima velocidad.

Y llegué en nada.

Porque estábamos muy cerca de la orilla.

Yo me quedé con las ganas.

Pero estuvo bueno.

Mañana se va a complicar.

Porque vuelve el viento Sur.

Pero no dejaré de ir.

Salvo por tormenta eléctrica, nadaré los tres días que me quedan.

Después me espera un seco paréntesis de siete meses.

Hasta la próxima.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: