Bitácora de la hija de Neptuno (196)

por Flavia de la Fuente

 

5 de febrero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 25 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Sol. Viento:NE 14 km. Olas: 0,3 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 30′

 

Otro día paradisíaco.

Mar azul, caliente, casi sin olas.

Hoylaplaya.5defebrero

Como en casa no hace calor, yo fui con mi traje de verano.

Era medio un papelón.

Unos amigos en el muelle hablaban de la dulzura del agua.

De sus delicias.

Como algo me molestaba del traje, en un impulso, me lo saqué.

Lo dejé en el boliche del muelle y me fui a nadar en bikini.

Menos mal.

El agua estaba hirviendo.

Me habría sentido una tonta con el traje.

Nos metimos al Norte del muelle y nadamos hacia el Sur.

La marea estaba bajando.

La tabla de mareas anunciaba fuertes corrientes.

Pero no me pareció que fuera para tanto.

Al menos en ese momento preciso de la marea.

Nadé con fuerza, sin correr, pero con brío.

Sabía que no iríamos más allá del Edén y quería hacer ejercicio.

Así que nadé a buen ritmo.

De a ratos lo buscaba al Osi, que andaba atrás.

Hoy se dedicó al nado tranquilo, apacible y placentero.

Ayer, un clásico de la playa, el señor Conti, me dijo: “Nunca vi a nadie más seguro en el agua que a tu marido”.

Y Conti es un viejo lobo de mar.

Sabe del asunto.

Es un ex guardavidas, que anda todo el día con su pipa en la playa, desde las 7 de la mañana hasta que se pone el sol.

Me asombró su comentario, pero es cierto.

Quintín no le tiene nada de miedo al mar.

O al menos da esa impresión.

Pero volvamos al día de hoy.

Braceamos 25 minutos y llegamos al Edén.

Y decidimos salir.

Ahí sí que nadé a todo lo que pude.

No quería salir del agua.

Me daba pena salir de ese mar tan tibio.

Entonces, nadé en diagonal hacia el sur.

Quería posponer lo máximo posible la salida.

Cuando estaba cerca de la orilla miré por dónde estaba Q y lo fui a buscar.

Nos encontramos en la orilla.

Y los dos concordamos en que fue una natación memorable.

Volvimos caminando.

Quintín por la orilla, yo por la arena seca.

Sentía un poco de frío por el vientito de frente.

Pero nada, contentos como dos chicos.

En el camino, me encontré con una guardavidas buena onda.

Que está hace años por estas playas.

Y me dijo que hoy tenía que volver a nadar a la tarde.

Que no había muchos días así.

Que había que disfrutarlo.

Tiene razón.

El mar caliente, el viento suave.

Si todo sigue así, en una horita vuelvo al mar.

Ojalá me anime.

Porque ando medio quedada.

Va a ser la bajamar.

Como es la estoa, voy a poder nadar en ambos sentidos.

Eso me encanta.

Fue lo que hice ayer.

Me hizo muy bien nadar 46 minutos.

Estuve relajada todo el día.

Y me desperté bien a la mañana.

Se ve que tengo que nadar y nadar.

Por algo soy la hija de Neptuno.

¿A dónde voy a estar mejor que en el mar?

Hasta la próxima.

 

 

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