Boceto en el Día de la Independencia

por Pablo Anadón

Pareciera mentira que este país funcione, incluso como funciona, o sea, mal. Aquí una rápida y necesariamente esquemática ojeada del sector público, privado y cultural en las últimas décadas, como quien esboza a mano alzada algunos trazos del rostro querido y ajado de la república.

En el sector público, un Estado que padece de gigantismo, desde hace largas décadas (en realidad, ya un siglo), síndrome cuya causa principal y evidente es el clientelismo político, del que ningún partido nacional mayoritario pareciera ajeno (pero hay que reconocer que el peronismo ha logrado proezas en este aspecto); una clase política, una clase judicial y una clase sindical de una venalidad y una corrupción que ya se diría constitutiva, inextirpable; una macrocefalia de larga data en la historia argentina, cuya injusticia con el resto del país es tan evidente como persistente (basta ver los beneficios tarifarios de que ha gozado y gozan la capital y la provincia de Buenos Aires para medir esa desproporción); un sistema educativo público arrasado por décadas de abandono, “garantismo” y demagogia, que ha logrado el prodigio de que los padres más “progresistas” y defensores de la educación pública, aun haciendo sacrificios, envíen a sus hijos a escuelas privadas, etc. Una faceta positiva puede reconocerse, sin embargo, en especial: el descrédito, que ojalá ya sea irreversible, de ese recurso tan frecuentado a lo largo del siglo XX, el de los golpes de Estado y las tentaciones revolucionarias, es decir, aunque la cultura democrática y el respeto de las instituciones republicanas sean todavía vacilantes en el país, la posibilidad de que ambas prácticas, por su ejercicio continuado, puedan fortalecerse con el tiempo.

En el sector privado: presión fiscal asfixiante, que impide el crecimiento de empresas e industrias nacionales y excluye el interés de las extranjeras para radicarse en el país; la inveterada práctica criolla de las coimas, costumbre nacional anexa a la corrupción política, judicial y sindical; mano de obra extremadamente politizada, lo cual no necesariamente es un mal, salvo cuando se hace dependiente de las directivas, los avatares y los intereses de un partido, y a menudo más consciente de sus derechos que de sus deberes, condición que la vuelve costosa y complicada para la negociación laboral con las empresas, las cuales, antes que invertir y reinvertir en expansión, y por lo tanto en trabajo, preferirán destinar sus fondos a la especulación financiera; carencia de transporte fluvial o ferroviario y consiguiente monopolio de un único gremio transportista, el de camioneros; intereses financieros que tientan, desaniman y desvían la inversión productiva; “viveza criolla” en todos los ámbitos del circuito empresarial y comercial, una ‘astucia’ que tiene como víctima a toda la sociedad, y que por lo tanto se revierte asimismo sobre quienes la ejercen, pero cuyo daño mayor es sobre la confiabilidad del sistema económico nacional, etc.

En el ámbito cultural, la situación no es menos desmoralizante, por no decir desesperante: franca, cruda, llanamente, nunca se ha conocido una decadencia tan amplia, tan honda y tan prolongada como la que se vive en la cultura del país, al menos en el ámbito que mejor conozco, el de la literatura, pero sospecho que no ha de ser muy diferente en otros. La Argentina, de ser el faro de la cultura hispanoamericana hasta mediados del siglo XX (recuerdo que un amigo italiano, Roberto Paoli, uno de los mayores hispanistas italianos, profesor en la Universidad de Florencia, me decía hace unos años que la vía principal de acceso a la literatura en lengua española en tiempos del franquismo pasaba por las ediciones argentinas, con las que él se había formado), hoy se diría un suburbano farol crepuscular. Más allá de la declinación en el plano estrictamente artístico (la comparación del presente con la primera mitad del siglo XX, al menos, no puede ser menos estimulante), preocupa (o me preocupa, para ser preciso, ya que no advierto tanta preocupación en la mayoría de mis colegas), en el plano político-cultural, la compacta hegemonía de un pensamiento de clara ascendencia populista, de discursos que atrasan en varias décadas (a los años 70, particularmente), como si la historia nada nos hubiera enseñado en aquel y en este tiempo.

Quien no haya conocido otras épocas de nuestro país y de nuestra cultura, al menos por el estudio histórico, creerá que es una consideración exagerada, hiperbólicamente pesimista. Lamentablemente, creo que no, es sólo una constatación realista. No puede pensarse que no haya talento en el país, claro, sino que lo que pueda haber permanece invisible, tal vez al margen, tal vez desalentado, y que, como en aquellos versos de Yeats, “The best lack all conviction, while the worst / Are full of passionate intensity” [“Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores / Rebosan de fervor apasionado”]. Queda la esperanza, la débil esperanza, de las generaciones futuras, como ha ocurrido en otras épocas, luego de un largo período de decadencia (pienso en el caso de la Generación del 98 en España, la del Modernismo en Hispanoamérica). Vale decir, con Kafka: “hay bastante esperanza, infinita esperanza, pero no para nosotros”.

3 comentarios to “Boceto en el Día de la Independencia”

  1. ericz Says:

    “Pareciera mentira que este país funcione, incluso como funciona, o sea, mal.” ¿Por qué no escribe parece?

  2. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Siempre existe un lugar para la esperanza.
    No hay que olvidar que según narra Maquiavelo: “Fue muy afortunada Roma, ya que sus reyes se corrompieron pronto y fueron expulsados antes de que su corrupción se contagiase a las vísceras de aquella ciudad. Y como ésta permanecía libre de corrupción, los numerosos tumultos que acaecieron en ella, encaminados a buen fin, no perjudicaron a la república, sino que la favorecieron. Y se puede llegar a esta conclusión: cuando la materia no está corrompida, las revueltas y otras alteraciones no perjudican; cuando lo está, las leyes bien ordenadas no benefician, a no ser que las promueva alguno que cuente con la fuerza suficiente para hacerlas observar hasta que se regenere la materia.” Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Losada. Buenos Aires. 2004.Páginas 105/107..
    Si bien en nuestra sociedad, tantos años de corrupción acostumbraron a muchos a seguir el mal camino, el grueso de la sociedad no ha sido contagiada, la que se presenta como mayoritariamente irrecuperable es nuestra clase dirigente, en el ámbito en que se la busque, política, empresarial, sindical… hasta el fútbol.
    Hay que seguir transitando por el camino que señala la República y no tenerle miedo, ni dejarse engañar por los que hablan de defender la “patria” o que la “patria” está en peligro, o que ésta no se rinde. Ellos no hablan de la Patria, sino de sus sectarios intereses, y son personajes totalmente identificados con el saqueo del Estado que temen perder su libertad y sus bienes mal habidos.

  3. juan Says:

    con todo respeto broder me parece que en literatura confunde la industria editorial argenta allo tempore, con la producción literaria. y no es lo mismo. claro, está fuera de discusión que la industria editorial se desarrolló acá mucho antes que en cualquier otro mercado (y digo bien y recalco: mer-ca-do) hispanoparlante, máxime que en España sufrían la rémora idiotizante del resto zombie del franquismo gagá post yalta. pero, ¿pensamos que realmente les llegaba un onetti, un arlt, un kordon, un wernicke? ¿o solo llegaba la porción más afrancesada de la haute kultur, o en el mejor de los casos un cortázar, que sí nos hacía soñar a los culomundísticos latinos que ésto era como una especie de París, más barato pero igual de chévere? es verdad, aquí se descubrió Macondo. ¿so? Percibo en la literatura actual una fuerza, una potencia que justamente nace de ver finalmente lo que somos y además expresa nuestras contradicciones, nuestras debilidades, lo bajo que hemos caído, y con eso haremos la mejor literatura. con eso alcanza. la literatura no es un who´s who, una tabla de posiciones. tenemos un gamerro, ¿quién tiene un gamerro?, y nos damos el lujo de ignorarlo. andá a ecuador o a cuba o a colombia y encontrá UNA SOLA librería de viejo. ¿sabe qué literatura corre en españa? perdón el exabrupto, pero prácticamente una bosta: recíén estás maravillados descubriendo la corrección política. en francia, houllelebecq los hace sacar callos aplaudiendo, con una literatura flojona que no le llega a los tobillos a un mavrakis, a un marcelo carnero. va almada a francia y les pasa el trapo, va shweblin a alemania y se caen de upite. en fin, el caos es el estado ideal para hacer buena literatura, salvo philiph roth con “la mancha humana”, ¿no pasa nada en toda Norteamérica que no pase en los campus? ¿a nadie le da el cacumen para imaginar la vida de un plomero? los chinos leen a sacheri, y no se diga más!!!

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