Alemania (2) – Suecia (1)

por Quintín

Este es un partido que solo puede comentarse mediante lugares comunes. Déjenme decir uno y después prometo tratar de no usarlos. Es que no me puedo resistir a repetir el viejo axioma que dice que el fútbol es un juego en el que juegan once contra once y al final gana Alemania. Pero esta vez eran once contra diez. (Me acaban de avisar que soy la persona número 123.332.990, en hacer el chiste).

Supongamos ahora que Toni Kross no hubiera metido ese tiro colosal en el ángulo cuando se cumplían 4 minutos y 42 segundos del descuento (el árbitro había dado cinco), si no lo hubiera metido cuando a Alemania ya se le había agotado la suerte porque, también en el descuento, Julian Brandt había reventado el palo con el arquero vencido, si no lo hubiera metido de acuerdo a lo que estaba pasando en la cancha, que era que los suecos pasaron un par de sofocones pero tenían un hombre más y la situación controlada. Entonces, habría muchas cosas que decir, y pocas buenas del equipo alemán y de su técnico Joachim Löw.

Por ejemplo, uno se podría preguntar qué llevó a Löw a dejar fuera de la nómina a Leroy Sané, la joven estrella del Manchester City, uno de los pocos signos de renovación del plantel alemán después de ganar el Mundial 2014 (las otras serían el indiscutible y ya asentado Kimmich, el todavía verde Timo Wener y el aparentemente talentoso Brandt). Por qué, en cambio, Löw insistía en mantener como titular a Thomas Mueller (que cada vez hace menos goles) o a Jérôme Boateng (que te deja con diez en cualquier momento) y de suplente a Mario Gómez o a Mats Hummels que ya parecen haber pasado su mejor momento. Y, hablando del partido de hoy, ¿por qué incluyó un recuperador de pelotas como Rudy en lugar del más dúctil Khedira o al irregular Marco Reus en vez del mucho más creativo Mesut Ozil. Todo eso nos habríamos preguntado y hubiéramos concluido que, después de los malos amistosos previos, la derrota contra México, el empate con Suecia y la inminente eliminación del torneo en primera ronda, el ciclo de Löw estaba cumplido y que había demostrado no ser capaz de actualizarse, exactamente como le ocurrió a los campeones anteriores, Italia y España, que se fueron en la zona de grupos en el torneo siguiente. La prueba máxima de la negativa de Löw a estar de acuerdo con los tiempos sería que el arco lo siguiera ocupando Neuer a pesar de su lesión, en lugar del sensacional (así dicen todos) ter Stegen.

Todo eso nos hubiéramos preguntado y afirmado, además de que no entendíamos por qué Löw había armado su equipo para el segundo tiempo como una brigada de centrodelanteros, excluyendo a todos los posibles armadores de juego salvo Kroos (que había jugado un partido malo, equivocándose en el gol de Suecia y en otros pases y tiros al arco, aunque las siguiera pidiendo todas) y el muy bajo Gundogan, que no termina de jugar un partido satisfactorio ni siquiera en su club. Lo único que le hubiésemos reconocido, si sobrara espacio, es que en esa segunda parte mandó a sus jugadores a tirar centros por abajo, después de que quedara demostrado que los suecos eran sólidos por arriba (Reus logró de ese modo el gol del empate.)

Así es la crónica deportiva, un género que se escribe cuando termina el partido y consiste en encontrar la retórica para justificar el resultado. No quiero hacerlo en este caso, por dos razones. La primera es que en mucho años de fútbol vi muchas definiciones sobre la hora (en este Mundial también las hubo), pero no recuerdo haber visto un partido cuyo resultado final fuera tan parecido a un hecho sobrenatural. La segunda razón es que me parece que alguna vez se debería inventar algo distinto, una manera de contar un partido que excediera ese tipo de narrativa, o la narrativa en general. No lo he logrado hasta ahora.

Habrá algún lector que me pregunte por los suecos. Solo diré que más les valdría haber perdido tranquilos con los alemanes y salir a jugarse la vida con los mexicanos el miércoles sin hacer demasiado desgaste. Ahora tienen que jugar partiendo de la idea de que el cielo está en contra de ellos.

Una respuesta to “Alemania (2) – Suecia (1)”

  1. Yupi Says:

    Qué golazo. Pero qué golazo. Estuve como diez minutos diciendo esas palabras. En efecto, con tintes sobrenaturales. No me sorprendió el gol in extremis de Alemania, porque estamos acostumbrados, sino que no haya sido de cabeza, de arremetida, con la rodilla, con la pera, con la espalda, cualquier cosa menos ese tremendo chanfle al segundo palo. ¡Y con un jugador menos! Pésimo el planteo del técnico sueco. Aguantar encerrados en el área contra Alemania siempre resultó un mal negocio. Me dirán que estuvo a punto de salirle bien, pero le salió mal. Deutschland uber alles.

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