El ángel de lo nuevo

Sobre La ninfa constante de Margaret Kennedy

por Yupi

Confieso, bajo riesgo de que me fusilen, que no soy un buen lector de novelas escritas por mujeres. El hecho es bastante misterioso, ya que en general prefiero la conversación de una mujer a la de un hombre. El caso es que por escrito las novelistas me aburren. A las pocas páginas me distraigo, me canso, quiero irme al bar o mirar el cielorraso, cualquier cosa menos seguir con la lectura. Sé que hay diversas explicaciones históricas para esta indiferencia, pero no me convencen. En ese punto respondo como César Aira, quien hace años, invitado a presentar el libro de una autora, tras escuchar de sus compañeras de mesa una larga lista de exclusiones sufridas por las mujeres en la historia de la literatura, sólo atinó a empezar su intervención con estas palabras: “¿Y yo qué tengo que ver?”. Yo tampoco tengo que ver. Como prueba voy a recomendar La ninfa constante de Margaret Kennedy, uno de los primeros best seller femeninos del que ya nadie se acuerda, ni las militantes feministas.

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A Miss Kennedy (Londres, 1896) le pasó lo mejor y lo peor que puede pasarle a una persona que está en el principio de la literatura: escribir una novela de éxito colosal, inaudito, como nunca se había visto antes tratándose de una mujer y pocas veces se vería después. A los 28 años era una celebridad y las ediciones de La ninfa constante se multiplicaban a ambos lados del océano. Entre las personalidades que le escribían para felicitarla estaban Arnold Bennett, Cyril Connolly, John Galsworthy, Barrie, Gramsci, Hartley, Housman, Walter de la Mare, George Moore… Curiosamente, todos hombres. Esto obedeció menos al tradicional baboseo masculino frente a una joven que al hecho de que no había novelistas muy destacadas en la literatura inglesa. Para dar con alguna había que remontarse a Jane Austen, o a las hermanas Brontë. Aún regía el famoso dictamen del Doctor Johnson, según el cual ver a una mujer filosofar producía el mismo asombro que ver a un perrito parado en sus patas traseras.

En ese contexto el mundillo literario no vaciló en saludar a Kennedy, que de pronto se encontró en medio de una trampa. Es curioso que el argumento de la novela refleje esa misma encrucijada. Ante el panorama conservador y asfixiante de su país, un músico de vanguardia decide fugarse al extranjero con sus hijos de distintos matrimonios, entre ellos una lolita muy anterior a la lolita de Nabocov, a los que educa en una especie de deriva salvaje. No voy a adelantar nada más del libro. La libertad, la crianza, el arte, la familia, el amor, son algunos de los hilos argumentales que maneja la autora con bastante soltura. La novela tiene algo entre la ligereza de los Roaring Twenties y el tono sombrío de Where Angels Fear To Tread de Forster. Incidentalmente, quizá algún lector se haya preguntado por qué las galerías de “La biblioteca de Babel” de Borges son hexagonales y no rectangulares, o de otra forma. La respuesta está al principio del relato “The Machine Stops” de Forster, quien aportó asimismo el ambiente enrarecido y hasta la mala iluminación. También Kennedy echó mano del pobre Forster en la huida del racionalismo inglés hacia un estado lindero con la anarquía total.

Sea como sea, Margaret Kennedy fue precursora en cobrar grandes regalías por una novela. De hecho esto resultó más novedoso que el número de ejemplares despachados. La noción de best seller, de producto para consumo masivo, se remonta a los comienzos de la literatura. En la antigua Roma se acostumbraba regalar libros para los aniversarios y las celebraciones sociales. Los libros eran en verdad rollos de papiro copiados por un esclavo de buena caligrafía, un servus literatus, como el Perinola del Parménides de Aira, que se vendían sin que el autor participara en las ganancias. Los negros de las editoriales tienen su mártir en este discreto individuo. Quién sabe si cuando leemos un clásico latino estaremos admirando al clásico o a su esclavo. Entre los escritores más difundidos figuraban Homero, Virgilio, ambos como textos escolares, Cicerón, Menandro, Ovidio con su Metamorfosis, Propercio, Catulo y la Farsalia del moderno Lucano, de quien Marcial dice que fue rechazado por los pensadores y alabado por los libreros, porque sus obras eran las favoritas del público. Un auténtico best seller.

La ninfa constante no es una novela genial ni una obra maestra, pero un siglo después de su publicación se deja leer con facilidad y a veces con encanto. No es poco. Los personajes femeninos están más logrados que los masculinos, algo laterales y ridículos, nunca sabremos si por una decisión creativa o porque la autora era una mujer y conocía mejor la psicología de sus compañeras de género. En cualquier caso la novela recupera para el lector la situación de una época de cambios y hasta de la propia Kennedy ante la repercusión universal de su libro. Nadie esperaba un suceso parecido, tanto que ni los mejores escritores supieron qué pensar al respecto. De ahí a tratar de repetir el fenómeno de La ninfa constante sólo había un paso, justamente el único que no puede darse porque la Historia ya quedó de espaldas, como el angelus novus de Walter Benjamin, y avanza al revés contemplando las ruinas del pasado.

Foto: Gabriela Ventureira

3 comentarios to “El ángel de lo nuevo”

  1. Hugo Abbati Says:

    Don Yupi, quizá le agradaría leer Las novelas tontas de ciertas damas, de George Eliot (esa señorita de nombre artístico masculino) editado por Impedimenta. Es posible que el entusiasmo de Mee Too hubiera despellejado a la autora, que tuvo el tino de escribirlo a mediados del siglo XIX para salvarse, quizá, de las hordas reivindicativas. He ahí una mujer entre mujercitas.

  2. Yupi Says:

    Por mi parte recomiendo “Dos damas muy serias” de Jane Bowles. Entre las criollas contemporáneas, las novelas de Dalia Rosetti tienen el mérito de estar escritas como quien dice: “¡Qué me importa!”. En el formato ensayo, que es bastante complicado, verdadera bestia negra de las mujeres, me inclino por “La enumeración” de Nora Avaro. Dicho lo cual me voy a dormir. Saludos.

  3. Hugo Abbati. Says:

    Gracias por las recomendaciones. A la Bowles la leí hace muchos años, fue el primer libro editado en los “amarillos” de Anagrama. Primero me ganó el personaje -la propia Jane, y después la novela. De las otras ni idea. Si el tiempo ayuda, lo intentaré. Y buenas noches, aunque me temo que llegan tarde.

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