Bitácora de la hija de Neptuno (175)

por Flavia de la Fuente

30 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 25 grados. Viento: NO 8 km. Olas: 0.3 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 26′

31 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Viento: ESE 19 km. Olas: 0.4 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 15′

Una vergüenza lo mío.
No tuve energía para escribir casi nunca.
Pero hoy, no quiero dejar de hacerlo.
Porque se acaba el verano en el mar.
La temperatura del agua empieza a bajar.
Y en una semana me voy a Buenos Aires.
Como siempre, para ir al Bafici.
¿Por qué no lo cambiarán de fecha?

 



Fue un verano triste.
Con desgracias familiares.
Mucho desgaste emocional,
poca fuerza para escribir,
para caminar con Solita, para filmar.
Hasta me resultó duro ir a nadar.

Ayer nadamos media hora con el Osi.
El mar estaba frío.
Aunque les parezca raro,
20 grados me parece frío.
¿Seguiré siendo la hija de Neptuno?

Como hacía calor en el aire,
me puse un traje de verano.
Y me congelé.
Por eso nadé muy rápido.
Y quedé exhausta y deprimida todo el día.
¿Dónde estará la incansable hija de Neptuno?
La mujer de hielo.
La que revive con las aguas heladas.
Que resucita ni bien sale del agua.
¿Por dónde andará?
La extraño.
La necesito.
Me hace falta su vitalidad y alegría.

En estos días,
salgo del agua y sigo tristona.
Hoy, incluso, pensé en no ir a nadar.
Solo fui para acompañar al Osi.
Si no, me hubiese quedado en casa.
Leyendo el catálogo del Bafici.
¿Esa soy yo?
¿Cuándo en mi vida dejé de nadar por leer un catálogo?
¿Qué me está pasando?
Ojala lo supiera.
Será la melancolía otoñal.
La idea de dejar a Janis y a Ella en San Clemente.
Y de llevar a Solita por primera vez a la ciudad.

Ambas cosas me tienen perturbada.
Muy angustiada.
Porque Ella y Janis son mis hijas.
Y se las voy a dejar a Graciela.
Una señora que es un amor y que las quiere mucho.
De hecho, las pasea hace años.
Pero ahora se van a ir a vivir con ella unos meses.
Van a estar en casa ajena.
Quizás extrañen su cama.
El jardín.
Sus enemigos de siempre.
Los mimos que les hacemos con Quintín antes de irse a dormir.
En fin, que tengo miedo de que sufran.

Y lo mismo me pasa con Soli.
Ahora le estoy entrenando a andar en auto.
No le gusta demasiado.
Pero se porta bastante bien.
Le compré un arnés que se ata al cinturón de seguridad.
Y así vamos las dos.
Yo le canto “Oh, What a beautiful morning”.
Y cuando bajamos le doy un premio.
Pero no parece muy convencida.
Y queda agotada.
Soli va a complir 10 años en junio.
Y nunca fue a ningún lado.
Jamás salió del pueblo.
Y va de la playa a casa.
Y de casa a la playa.
Tengo miedo de todo.
Estoy paralizada.
Tengo miedo de hacerle daño a mi perrita.
De que el aire de Buenos Aires le dañe sus pulmones sanos y rosados.
De que tenga miedo y aúlle.
Que tiemble.
Que no se anime a caminar por la calle.
En fin, estos días no pienso más que en todo esto.
Pero peor sería dejarla sola en casa por un par de meses o más.
El veterinario me dijo que no lo hiciera.
Confiemos en que tenga razón.
Aunque cuando la veo en el jardín,
sentada al sol, corriendo entre las flores,
mirando al picaflor que se posa en las durantas,
o haciendo pozos,
creo que el doctor Pablo se equivoca.

Pero basta de lamentos por hoy.
Ahora voy con una historia un poco inquietante.
Un relato de una natación solitaria.
En un mar bravío.

Como ya les dije, ando medio angustiada.
Ese día el mar me invitaba a la aventura.
Y nada me importaba demasiado.
El agua estaba muy crecida.
Movida.
Con olas grandes.
Verde y fría.
Era el día del equinoccio de otoño.
El día que el mar es empieza a enfriar.
Debía festejar.
Con una natación memorable.
Y debo decir que lo logré.
Nunca que olvidaré del equinoccio de otoño de 2018.

Me metí al Norte del muelle.
La corriente en la canaleta era muy fuerte hacia el Norte.
Y ahí no había peligro.
Era la estoa.
Así que nadé hacia el Norte un rato.
Y cuando pasaron unos 20 minutos,
decidí volver nadando al muelle.
Porque hacía frío afuera.
Nadé contra viento y marea.
Era hermoso.
Había que hacer mucho esfuerzo.
Pero no me importaba.
Me hacía bien.
Me deleitaba.
Me dejaba llevar por las olas.
Arriba y abajo.
Era bastante impresionante.
Pero mi alma estaba anestesiada.
No sentía ningún temor.
Solo el placer de estar sola en el medio del mar tormentoso.

Pero, como les dije, yo ando medio desconcentrada.
Ni el mar me logra despejar la mente.
Braceé y braceé feliz de la vida.
Sintiéndome una aventurera.
Era la única persona en el mar.
Tras nadar duro, logré pasar el muelle.
Y ahí me acordé del frío.
Que cuanto más me alejara hacia el sur,
más frío iba a sufrir al salir.
Así que a la altura del Riazor,
A unos 150 metros al Sur del muelle,
empecé a nadar en diagonal hacia la playa.
Nadaba casi en paralelo a la costa.
Para evitar las olas.
Para poder verlas.
Eran agresivas.
Y me podían lastimar.

Pero por las olas me olvidé de la corriente de la canaleta.
Que, como dije al principio, era muy violenta.
Y tiraba con mucha fuerza hacia el Norte.

Yo braceaba con todas mis fuerzas.
Controlando con dedicación las olas.
Estaba eufórica.
Lo único que temía era que me partiera en dos una ola.
Pero estaba contenta de mi aventura.

De pronto, levanto la cabeza y veo que estoy a metros del muelle.
Que hiciera lo que hiciera, me iba contra el espigón.
Me fijé si hacía pie.
No, el agua era profunda.
Así que me resigné.
Dejé de nadar,
me agarré al torpedo y me dejé llevar por la corriente.
Pasé entre los pilotes a una velocidad considerable.
Pero no había olas grandes.
Porque estaba cerca de la orilla.
Toqué un pilote con la mano y en un segundo estaba del otro lado.
Totalmente segura.
Nada malo me había ocurrido.

Una vez pasado el muelle,
me quedé flotando un rato en el agua.
Ahí me aflojé y me vino un poco de miedo retrospectivo.
De lo que podría haber pasado.
Me asusté de mi propio cerebro tan poco atento.
Pensé en Thich Nhat Hanh.
En mi maestro zen.
En que no había nadado de manera consciente.
Que yo sabía que no debía hacer lo que hice.
Pero simplemente no estuve atenta.
No estaba concentrada.
Me puse triste.
Pero traté de no ser severa conmigo misma.

Cuando me serené salí del agua.
Y le comenté a uno de los guardavidas lo que me había pasado.
“10 años de natación marina y nunca me pasó algo así”, le dije.

Volví a casa y le conté al Osi lo que había pasado.
Cómo había sido mi festejo del equinoccio.
Y se asombró de mi distracción.
Era obvio que tendría que haber salido al Norte del muelle.
Pero yo estaba en las nubes.
“Eso no le puede pasar a la hija de Neptuno”, me dijo enojado.
Y tenía razón.
Meterse en el mar es un asunto serio.
Cuando se nada.
Se nada.
Es peligroso desconcentrarse en el mar.

Pero no pasó nada.
Solo una pequeña montaña rusa acuática.
Un juego que no volveré a repetir.
Lo juro.
Por mi padre Neptuno.
¿No soy su hija acaso?
Sí, soy la hija de Neptuno.
Y nada me puede pasar mientras esté en la mar.

Hasta mañana.

——————–

12 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: NE 20 km. Olas: 1 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 17′

13 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Viento: SSO 19 km. Olas: 0.7 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 20′

14 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 25 grados. Viento: N 28 km. Olas: 0.5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 29′

16 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 21 grados. Viento: N 22 km. Olas: 0.5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 25′

17 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: N 28 km. Olas: 0.8 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 20′

19 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 24 grados. Viento: ONO 14 km. Olas: 0.5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 30′

20 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: SO 30 km. Olas: 0.7 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 20′

21 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 17 grados. Viento: SE 19 km. Olas: 0.8 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 50′

22 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 21 grados. Viento: N 24 km. Olas: 0.7 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 40′

23 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NE 22 km. Olas: 0.9 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 31′

24 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: SSO 17 km. Olas: 0.5 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 26′

26 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 17 grados. Viento: NNE 14 km. Olas: 0.4 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 23′

27 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: NNE 20 km. Olas: 0.5 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 11′

28 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: N 19 km. Olas: 0.6 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 17′

29 de marzo
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 24 grados. Viento: N 22 km. Olas: 0.5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 27′

Foto: Gabriela Ventureira

3 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (175)”

  1. GabrielaV Says:

    ¡Una alegría el regreso de la Hija de Neptuno! Lo del muelle me asustó en serio. Animo, amiga!!

  2. Noni Benegas Says:

    ay las distracciones, veo claro que no podría concentrarme todo el tiempo, suerte que tomaste la buena decisión al final!

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias! Y sí, lo del muelle da miedo. Pero ya aprendí la lección. De hecho, hoy se dio una situación idéntica pero estuve concentrada y no me pasó nada.

    Felices Pascuas!

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