El último Barthes

A propósito de La séptima función del lenguaje de Laurent Binet

por Yupi

Estudiada, venerada y beatificada, la obra de Roland Barthes siempre me dejó una sensación incómoda. Agridulce, si se me permite la sinestesia, algo entre el interés y la apatía. Sus textos me producen un placer (para usar una de sus palabras favoritas) incompleto. Es peor que si me parecieran malos, porque defraudan una expectativa superior.

77.semáforo bellini

Y la defraudan siempre. Como si una mujer inteligente y bella después de una larga noche dedicada a calentar la pava se negara a tomar el mate, y aun tratara de convencernos y convencerse de que lo más importante en cuanto a mates es calentar el agua. Sé de buenos lectores a quienes esto no les ocurre. Los admiro, no sé cómo se las arreglan para no percibir el tono de frustración que desprenden los ensayos del crítico francés. La melancolía de que Barthes quiso ser un artista, no un teórico, y no lo consiguió, domina toda su escritura de principio a fin.

Si los textos de Barthes me dejan un regusto amargo, no sucede lo mismo con la persona del autor, quizá porque fue el único interés genuino que tuvo durante toda su vida: él mismo. El ascenso, la apoteosis y la caída de Barthes es una obra interpretada por Barthes. Aquí debe decirse algo en su defensa. Para sostener ese narcisismo sin límites durante cuarenta años de publicaciones sin que lo maten a uno hay que tener algo de artista. Es cierto que todo vino de algún modo naturalizado por la locura endogámica de la escuela de París y que a Barthes lo mató una furgoneta, pero esa muerte anodina, casual, quedó inmediatamente incorporada al dispositivo barthesiano a través de sus discípulos, que transformaron un vulgar accidente en una especie de suicidio debido a la pena del crítico por la muerte de su madre. Todas las personas sufren un gran dolor cuando muere su madre. No Barthes, quien al parecer sufrió más que nadie, no pudo tolerarlo, enloqueció, y un día dejó que lo atropellara una furgoneta.

Lo anterior dibuja el perfil de un niño mitómano, un romántico, una suerte de Walter Scott destinado a escribir novelas a tiempo completo. Por extraño que parezca, no fue el caso. Fuera de tímidos aprontes que no engañaron a nadie, empezando por el propio autor, Barthes nunca escribió novelas, pero sirvió de inspiración para que las escribieran otros. La última que leí es de Laurent Binet y se titula La séptima función del lenguaje en alusión a las seis funciones del lenguaje de Jakobson. Esta séptima, que permitiría convencer a la gente de cualquier cosa, habría estado en poder del último Barthes, quien ipso facto fue robado y asesinado. La correspondiente investigación policial comienza con algunas citas del famoso librito Le Roland Barthes sans peine de Burnier y Rambaud, que satiriza sobre el RB, un idioma autónomo que se ha separado del francés con su propia gramática y su propio vocabulario:

1- RB: ¿Cómo te enuncias a ti mismo?

Traducción: ¿Cuál es tu nombre?

2- RB: Yo me enuncio L.

Traducción: Yo me llamo William.

3- RB: (Yo) expelo pequeñas porciones de código.

Traducción: Soy mecanógrafa.

Binet proporciona alguna buena ironía. Por ejemplo, ésta atribuida a Sollers: “¿Es posible imaginar a Baudelaire, Lautréamont, Rimbaud, Proust o Artaud en el trance de leer una tesis?”. Lamentablemente, escribir una novela no es soplar y hacer botellas. A las pocas páginas el argumento de La séptima función del lenguaje empieza a crujir como un postigo viejo y la novela se diluye en la confusión y la bravata inofensiva. De hecho es tan poco ofensiva que Barthes se habría reído de buena gana con el libro. No se le habría escapado que los ataques verdaderamente peligrosos siempre vienen desde adentro de un sistema, bajo la forma del sabotaje. Quizá por eso no le gustó nada que el de Brunier y Rambaud fuera un pastiche.

Que el asesinado sea un ensayista, sin embargo, parece justo. El ensayo es el más repelente de los formatos. Ante todo, predica la inteligencia de quien lo escribe, su rango privilegiado. Por una mente capaz de analizar con penetración un efecto estético hay cien –o hay mil– capaces de producirlo. Esta odiosa comprobación suele desembocar en una autoconciencia exacerbada y en una parálisis creadora. La pifia, el error, el liso y llano disparate, no entran nunca en su práctica sin una racionalización previa. Pero la inteligencia no conoce más que lo que ella produce según su propio modelo. Es por eso que el miedo más constante del ensayista es ser tomado por un aventurero o por un impostor, justamente el estado natural del escritor de ficciones, que no sabe a dónde lo llevarán sus fantasías, vale decir, sus mentiras.

Barthes no estaba tan loco como para creer que el amor es reducible a un proceso intelectual. Sabía que en ese campo el lenguaje cambia sus reglas de funcionamiento y que es necesario ser un poeta para traducirlo en arte. De ahí su adoración por Proust, ese eterno niño mimado y recalentado a cataplasmas. En efecto, en la Recherche está todo lo que a Barthes le habría gustado poner en una novela, la libertad, el riesgo, la cruza de géneros, todo llevado a un nivel difícilmente superable. Aun así podría haber escrito una, pero nunca lo hizo. Es una lástima que un observador tan lúcido de la realidad se haya equivocado en un punto clave. Porque incluso con el respaldo de un sistema, llega el día en que el ensayista también se pregunta si no habrá dicho cualquier disparate sobre cosas de las que no entendía más que el kiosquero. Nota que el tiempo se acelera. Pierde la vista, los dientes, la nariz y las orejas se le alargan una cuarta. De pronto, despierta a los sesenta años en casa de su mamá. Y después se muere.

 Foto: Gabriela Ventureira

4 comentarios to “El último Barthes”

  1. Hugo Abbati Says:

    El grado cero de la furgoneta asesina. La muerte del autor con cuerpo presente (sobre el asfalto, supongo).

  2. Yupi Says:

    No sea morboso. Demos la palabra final a una dama. C’est fini.
    http://www.youtube.com/watch?v=S7q5IQRb6RI

  3. Hugo Abbati Says:

    Gracias. Me emocionó… mucho.

  4. Omar Says:

    Creía conocer bastante Barthes y me encuentro con este gran laburo
    lo postié en mi tumblr para releerlo ad nauseam
    ratak-monodosico.tumblr.com/post/171629512945

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