Bitácora de la hija de Neptuno (172)

por Flavia de la Fuente

28 de febrero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Viento: E 17 km. Olas: 0,5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 40′

Ultimo día de febrero.
Y del verano meteorológico.
La luz ya es otoñal.
En mi patio hay sombra casi todo el día.
Hoy se van la mayoría de los guardavidas.
Y comienzan a desarmar los mangrullos de las playas.
Casi no hay turistas.
Hasta levantaron el circo de enfrente.

mañana en SC

Pero no todo se va.
Algunas cosas llegan.
Por ejemplo, las moscas.
Las molestas moscas de marzo.
Y en casa, empieza el tiempo de la cacería.
Un plomo.

Para despedir el verano,
hoy nadamos desde una playa al Norte del muelle,
hasta el Santos Vega.
El mar estaba turbulento.
Con olitas pequeñas y molestas.
El modelo lavarropas.
Pero Quintín nadaba feliz.
Sin esfuerzo.
A mí, en cambio, me costaba un montón.
Trataba de disfrutar del paisaje.
O de la respiración.
Pero no lograba concentrarme.

Cuando llegamos al Edén,
nuestra parada habitual,
le dije aliviada: “¡Llegamos!”
Y para mi sorpresa me contestó:
“Sigamos hasta el Santos Vega. Nadamos apenas 25 minutos”.

Como siempre, estas propuestas me dan alegría.
No me puedo resistir.
Nunca me viene mal nadar un poco más.
Así que accedí feliz de la vida.

Hoy había peces que saltaban.
Después nos enteramos de que eran las famosas lisas.
Así que braceamos duro,
hasta llegar al destino:
un edificio amarillo enorme que está en el Tala.

La salida fue una fiesta.
El viento Norte y las olitas bajas,
me permitieron nadar tranquila a toda velocidad.
Cómo me gusta ese pique fina hacia la orilla.
Me llena de energía, de endorfinas.
Era la nafta que necesitaba.

Volvimos a casa a paso de soldado.
Sin la menor fatiga.
Hasta habría podido correr.
Si no fuera por cuidar mis rodillas.
Me sentía la persona más oxigenada del mundo entero.

Caminamos felices sobre la arena firme.
Yo tenía frío, como siempre.
Quintín no.
“Qué privilegio”, decía el Osi, ya en chiste.
Porque lo dice todos los días en la misma situación.

Ahora siento que inspiro y
el aire me llega hasta los pies.
Los efectos de la natación son siempre maravillosos.

Ahora se me empacó mi mamá.
Dice que de tanto entrenamiento le duele todo.
Está tirada en la cama.
Vamos a ver si logro llevarla hasta la playa.
Y que se dé un remojón.

Ya sabemos que puede nadar pecho.
Pero después le duele todo.
Son años sin mover esos músculos.
Pobre.
Quizás la esté aniquilando,
en mi afán de ayudarla.
Mejor que hoy descanse.
Pero no demasiado.
Porque se puede deprimir.

Este año Quintín nadó como nunca.
Solo faltó un par de días con justificativo.
Tormenta tremenda, por ejemplo.
Es que acá no llueve nunca.
Hay una sequía tremenda.
Pero al Osi le vino bien.
Está muy entrenado.
Y saludable.
Se convirtió en un nadador ejemplar.
Es el marido perfecto de la hija de Neptuno.

———————
25 de febrero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: E 15 km. Olas: 0,5 m. Marea subiendo. Tiempo de natación: 32′

26 de febrero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: ENE 11 km. Olas: 0,4 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 26′

27 de febrero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 24 grados. Viento: NNE 13 km. Olas: 0,5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 38′

Foto: Gabriela Ventureira

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