La vuelta del final

Alrededor de El tercer policía de Flann O’Brien

por Yupi

La historia es la siguiente. Un joven erudito en el folklore de su pequeño país, que ya ha publicado una primera novela con éxito de crítica, termina la segunda y la entrega al editor, quien la rechaza. Perplejo, intenta colocar el libro en otras editoriales con idéntico resultado: no publicable. Llegado a este punto ocurre una transformación interna. Lejos de indignarse o insistir, el autor se avergüenza de su manuscrito, lo esconde, niega que exista, piensa que los increíbles palurdos que le tocó por compatriotas después de todo quizá tengan alguna razón y cae en un escepticismo de periodista satírico que dura hasta su muerte. Al pie del peristilo los lectores no tienen ningún inconveniente en reconocerle una gran habilidad para las ocurrencias. ¡Qué gracioso era! ¡Cómo nos hacía reír! Días después un pariente encuentra el manuscrito de la segunda novela, que inmediatamente es saludada como una obra maestra.

 

81.sombrillas rojas

 

No está mal.

Este régimen de oposiciones (el erudito que desconfía de la erudición, el superdotado que acata la opinión de chambones, el exitoso sin éxito, el muerto en vida) gobierna toda la estructura de El tercer policía del irlandés Flann O’Brien, el protagonista de nuestra historia.

¿Era necesaria la palabra “estructura”? En fin.

No diré mucho de la novela porque espero que el lector la compre o incluso la robe si es necesario. Le doy mi palabra de que no se arrepentirá, tan ajustado es su desarrollo y deslumbrante la solución retrospectiva. De O’Brien en cambio quiero señalar algunas cosas.

Ya empezamos.

La primera es que no se llamaba O’Brien; la segunda, que casi nunca firmaba como O’Brien.

Irrefutable. Sistemático, también.

Empleaba distintos heterónimos para firmar sus columnas periodísticas, algunas del todo incomprensibles salvo que uno conozca bien el gaélico, y luego se dirigía al pub del barrio, donde agotaba la provisión de pintas de cerveza en amena charla con los parroquianos. No era un pasatiempo del todo inocente. De esas conversaciones sacaba el repertorio de fulminaciones que escribió durante años en contra de los irlandeses, especialmente si estos eran parte del gobierno. De ahí también salió el plan para su primera novela, At Swim-Two-Birds, una puesta en abismo del sistema de inclusiones que rige la literatura y amenaza su disolución. Basta decir que la novela tiene tres comienzos alternativos y que sus páginas agotan todas las variantes del pastiche erudito con menos fanfarria y sin duda con más encanto que el celebrado Finnegans Wake de James Joyce, que apareció ese mismo año.

¡Duro con él!

“Hay algo esencial en ese libro”, mascullaba Borges cada vez que alguien le preguntaba por At Swim-Two-Birds, y enseguida cambiaba de tema.

¿Eh? ¿Qué tiene que ver Borges? ¿Es que nadie puede abrir la maldita boca sin nombrar aunque sea una vez al gaucho tartamudo?

La eterna letanía borgeana de que si la realidad es permeable a los sueños nosotros podemos ser irreales no tuvo en la novela un artífice más logrado que O’Brien, salvo Kafka. Con una diferencia importante. A Kafka no le resultaba nada fácil transcribir su mundo interior y a O’Brien sí, infinitamente. La facilidad narrativa no puede dejar de comunicar su propia felicidad, aun en los pasajes oscuros. El personaje más inolvidable de El tercer policía es el más complejo y asimismo el más festivo: el alma del narrador, nada menos, que responde al nombre de Joe y sin aviso previo interviene en el relato. Este compañero inseparable es la quintaescencia del sentido común; digamos, la Irlanda profunda. Tranquilo, escéptico, invulnerable al disparate, ayuda al narrador (y de paso al lector) a no perder la cabeza ante los extrañísimos hechos y personajes que se suceden aparentemente sin mayor lógica, como si vinieran de otra dimensión. Es notable la destreza de O’Brien para manejar una figura tan difícil como la prosopopeya en medio de una atmósfera a medio camino entre el sueño, la vigilia y lo indecible. Durante muchas páginas el lector se siente perdido en un orbe que sospecha aterrador, pero ahí está Joe para tomarlo de la mano y reponer la calma.

Linda metáfora. Con frases como estas el lector más bien va directo al matete. Sólo falta que aparezca algún mierdoso sabelotodo francés y diga que Joe representa la letra del Padre.

Escrita en 1940, publicada de forma póstuma en 1967, El tercer policía es una novela feliz.

¿Sí? Por la trama nadie lo diría.

Siempre nos parece increíble que una obra de arte pase desapercibida, pero cuando el propio autor duda de la calidad de esa obra la cuestión se vuelve más inquietante y al mismo tiempo más duradera. Al fin y al cabo, el prestigio es lo más fungible del mundo. ¿Quién nos asegura que el Finnegans Wake es la cima de la novela y no el más lamentable desatino de un ebrio? Sólo podemos tener fe, creer en el porvenir, y todos conocemos el valor de las creencias.

Todo esto es interesante y saludable en extremo, cada sílaba es en sí misma un sermón. Muy, pero que muy prudente.

¿Qué hacer, entonces?

Nada.

Nada. Que cada lector se las arregle con O’Brien como pueda. Él mismo consideraba que todas las calamidades del mundo provienen del hecho de que la gente no puede quedarse en su casa con la boca cerrada. Creía que leer y escribir en el propio cuarto es de las pocas cosas civilizadas que le están permitidas a una persona decente. Para mayor precaución, no salió nunca de Irlanda. Legó a los lectores dos joyas de la literatura, una al principio de su vida y otra después de muerto. No sabemos qué habrá dicho su alma de este delicado anacronismo.

 Foto: Gabriela Ventureira

4 comentarios to “La vuelta del final”

  1. ericz Says:

    Por ahora es más de Carroll que kafkiana. Me enloquece el policía MacCruiskeen.

  2. Yupi Says:

    Sí, Carroll también, en otro sentido. No puedo extenderme porque cuento el libro. Un saludo, Ericz. Gran sorpresa que haya pasado. Creí que había abierto una bicicletería en Australia.

  3. FedericoR Says:

    ¿Cómo no vi que había serie de ensayos por acá? Qué distracción es vivir.
    Y muy buena la nota con acotaciones del alma. Gracias por la recomendación.

  4. lalectoraprovisoria Says:

    El libro se editó en España. Me dicen que en abril sale en la Argentina.

    Q

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