Bitácora de la hija de Neptuno (167)

por Flavia de la Fuente

10 de febrero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 24 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Viento: NNO 18 km. Olas: 0,5 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 35′

11 de febrero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 24 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: SSO 19 km. Olas: 0,7 m. Marea bajando. Tiempo de natación: 25′

Hoy hace frío en la costa.
No sé si la temperatura llegó a 20 grados.
A la mañana soplaba un agradable viento sudoeste.

Hoy.11defeb

Caminé con Solita unos tres kilómetros.
La playa estaba hermosa.
El mar verde.
Sereno.
Todo, salvo la temperatura, invitaba a la natación.

No había nadie en el agua.
Salvo algunos chicos.
Pero, ¿como no vamos a nadar en un día con 19 grados?
Y con el agua a 24 grados.

Volví a casa, dejé a la perra,
y le dije al Osi que teníamos que ir a nadar ya.
Que a la tarde se venían vientos fuertes del Sur.
Y más frío.

Y así lo hicimos.
Nos metimos al Norte del muelle.
Como la marea estaba bajando,
decidimos bracear hacia el sur y
dar una breve vuelta al muelle.
Y salir justo al otro lado.
Para no tomar frío.

Yo me puse mi traje de neoprene de verano.
El Osi fue en shorts.
Fue muy valiente.
Porque de a ratos se nublaba.
Y se sentía mucho frío al lado del mar.

Nos zambullimos rápido.
Y empezamos a nadar.
Yo braceaba contenta.
Cantando como siempre.
Respirando lo menos posible.
Me sentía muy bien.
Hoy íbamos a la par.
Y como el agua era transparente,
veía mis brazos y los de Q bajo el agua.

Lo que no me imaginaba era que mi marido estaba sufriendo.
Nos costó unos quince minutos cruzar el muelle.
Se ve que el viento Sur estaba haciendo de las suyas.

Decidimos salir en el Riazor,
el balneario siguiente al nuestro.
Y ahí sí que nadé con todas mis fuerzas hasta la costa.
Cuando llegamos,
le propuse a Q ir nadando suavemente por la orilla hasta el muelle.
El aire estaba helado.
Y el mar una bañadera tibia.

Ni bien nos pusimos de pie,
me di cuenta de que mi marido estaba de pésimo humor.
Me dijo que había corrido como una loca.
Que por mis abusos le dolía todo.
En síntesis, que me quería matar.
No fue una mañana muy zen.
Me puso triste que se enojara en el agua.
Porque yo no quise correr.
Ni hice nada raro.
Quizás estaba más tonificada que él.
Porque había estado caminando con Soli.
En vez de estar tirada en la cama mirando el fútbol.
Vaya uno a saber.
Misterios del cuerpo humano.

Pero, juro por Neptuno, que no me apresuré.
Que me deleitaba con cada brazada apacible,
mirando el agua verde.
Y disfrutando de la extraña tibieza del mar.

El malhumor continuaba.
A la monje zen no le gusta tener un marido gruñón.
Ella respira y respira.
Y no se enoja.
Pero todo tiene un límite.
Así que tras muchas respiraciones,
le dije que si no suavizaba sus modos,
se quedaría sin súper breakfast.
No lo dije enojada.
Pero el súper breakfast es para celebrar.
Y no se puede celebrar de malhumor.
Y así fue como reapareció el buen Osi de siempre.
Mi Osi querido que sale del mar cansado pero feliz.

Así que respirando y con una sonrisa le preparé su menú de siempre.
Yo tomé el oolong con mi mamá.
Y Q lo hizo mirando la liga inglesa, creo.

Ayer tuve una doble jornada.
Primero, nadé 35 minutos con Quintín.
Y después llevé a mi mamá al agua.

Era un día hermoso.
También de mar verde y tibio.
Era la bajamar.
Y había un charco de una profundidad razonable.
Una pileta maravillosa para que mi vieja se bañara.
Así que ahí nos metimos con mi mamá.

El primer día (anteayer),
mi mamá tenía terror del agua.
No se animaba ni a hacer la plancha.
¿Cómo es posible algo semejante?
Ella, la madre de la hija de Neptuno.
Que aprendió a nadar a los 10 años en Ferro.
Estaba asustada como un niño.
“¡No me sueltes!”, me imploraba.
Y yo la sostuve mucho tiempo para que hiciera la plancha tranquila.
Pensé en que quizás ella me había sostenido así a mí para enseñarme a nadar.
Sabía que si la soltaba nada pasaría.
Porque mi vieja es un pez.
Pero jamás haría algo así.

Ayer, fue mucho menos temerosa, y,
para mi sorpresa, se puso sola a hacer la plancha.
Fue una gran satisfacción.
Para las dos.
Ella estaba contenta.
Y yo también.

Pero yo soy una entrenadora muy exigente.
Como ya hacía la plancha sola.
Consideré que ahora debía nadar.
Basta de pavadas.
Yo no entiendo su miedo.
Porque su problema es que no puede caminar por falta de sensibilidad en los pies.
¿Pero cuál es el problema con nadar?
Hay nadadores sin piernas.
Cuando uno entrena,
muchas veces los nadadores se atan las piernas,
para reforzar la brazada.

Así que de una le dije:
“Mami, ahora tenés que nadar pecho.”
La pobre intentó darse vuelta y se asustó.
No sé de qué.
Pero se empacó.
Así que siguió haciendo la plancha feliz de la vida en la orilla.
Pero yo la conozco.
Cuando vuelva el calor lo va a intentar.
No creo que se vuelva a Buenos Aires sin haber vuelto a nadar.
Le haría muy bien.
Se sentiría fuerte,
al menos en el agua.
Y algo es algo.
No es poco.
Lo dice la hija de Neptuno,
que solo se siente bien en el mar.

Así que en eso andamos.
Con tanta playa,
dejé abandonado el Purgatorio.
Pero lo voy a retomar.
Si es que no me deprimo demasiado.
Lo que no abandoné fue a Esopo.
Y siguen las fábulas de zorras.
¿Serán todas de zorras?
Iremos viendo.
También sigo leyendo a Al Alvarez.
Y por supuesto a Thich Nhat Hanh.

Creo que a esta altura no puedo vivir sin leer un rato al monje zen.
Me limpia la cabeza.
Me ordena.
Me aligera la vida.
Respiro y lo leo.
Y me siento bien.
Así me quedo dormida todas las noches.
Primero leo y cuando no doy más,
cierro mi Kindle y me pongo a respirar.

3 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (167)”

  1. GabrielaV Says:

    ¡Bravo, Flavia! Y vas a lograr que Norma nade pecho. Besos a todos, Gabi.

  2. Noni Says:

    No se tradujo todavía el libro de al Álvarez sobre pond life? A instancias de Uds me compré la noche y the writers voice. Precioso tu diario

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, chicas! Hoy mi mamá no se animó a nadar porque hacía frío. Veremos mañana.

    Noni, todavía no se terminó de traducir Pond Life, pero este año sale seguro.

    Cariños a las dos!

    F

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