Rock and Roll Bizzio

por Yupi

Sobre Diez días en Re

Dice un viejo axioma que en literatura no hay nada más imperdonable y más torpe que terminar una historia de amor con una boda. Me reservo la opinión. Del amor no me gusta hablar porque en ese terreno el lenguaje cambia sus reglas de funcionamiento, enloquece, recae en metáforas, entra en un régimen de equivalencias que se degradan entre sí. Pero supongamos que el dictum literario es verdadero: está prohibido terminar una historia de amor con una boda. En términos narrativos parece lógico, razonable, incluso inevitable. Bien. Exactamente eso ha hecho Sergio Bizzio en Diez días en Re, su última novela.

97.barquitos

En efecto, apenas llegado a una isla paradisíaca, en viaje de luna de miel, el protagonista se da cuenta de que no ama a su esposa. Es una convicción fulminante; mejor dicho, una fulminación en toda regla. Nada lo había preparado para esa voltereta del destino, ningún detalle, ninguna sospecha, ni el más leve indicio. Sin embargo, la evidencia sigue ahí, intacta: no la ama. ¡Recién casados! No puede ser. Pero es. Más vale no imaginar las incontinencias que provocaría esta situación en muchos novelistas. No así en Bizzio, que queda tan perplejo como su personaje, paralizado con un brazo en alto ante la revelación. ¿Y ahora?

Por ejemplo, nadar. Saltar precipicios. Perderse en la selva. Encadenar un hecho con otro en busca de una salida. Después de todo, bien sabemos que en una isla nunca faltan prodigios ni ocupaciones. A esta altura del relato ocurre una magia segunda y es como si todo empezara de nuevo. La tradición de la novela de aventuras impuso la convención del hombre solo que lucha contra la adversidad, pero aquí el hombre está con su esposa, que a su vez se ha vuelto una perfecta desconocida. En ese juego de máscaras el peligro no tiene más que esperar entre los árboles. Vale destacar la energía de la escritura en la construcción de escenas vívidas. Una fuerza elemental, rockera, impulsa la acción sin perder nitidez. Las transiciones del mar a la selva y de la selva al hotel parecen como coreografiadas, sin costuras. Para que el lector las vea con el ojo de la mente hace falta un trabajo de alta precisión. La llegada de un muchachito valiente, inexperto y conmovedor, el amor en persona, aporta el necesario contrapeso de luz.

Kafkiano honorario, Bizzio en materia psicológica desconfía mortalmente de las palabras. No quiere analizar, ni interpretar, ni convencer. Atiende solamente a lo sensorial: enseguida pone a sus criaturas en movimiento. Hacia dónde, nadie lo sabe de antemano. Esta primacía del espacio infinito sobre un tiempo limitado (la vida humana: diez días) es lo novelesco puro, aquello que hace novela a la novela y le confiere a sus peripecias una cinética tridimensional, colorida y desde luego imprevisible, calcada de la fantasía misma. Los personajes no tienen tiempo de preguntarse por qué les pasa lo que les pasa. Sólo atinan a seguir la huella en el camino, como los baqueanos, los prófugos y los supervivientes.

Escritura limpia y rápida, observaciones inteligentes, imágenes con el volumen suficiente para entrar en ellas. ¿Qué más pedirle a un novelista? Quizá una moraleja. Una respuesta al enigma. El autor, con buen tino, guarda silencio. Se me ocurre ahora que la moraleja estaría implícita en los hechos, puesto que novelas de aventuras es lo que les damos a los niños para que aprendan a ser independientes, pero no lo sé. El enigma es más grande que las respuestas. El misterio de la novela es el misterio que somos. Lo piensa el protagonista, sentado en el muelle junto a su esposa mientras espera que venga a buscarlos un solitario barquito.

Foto: Gabriela Ventureira

 

5 comentarios to “Rock and Roll Bizzio”

  1. Fernando Says:

    Bien vendida! Dan ganas de leerla. Gracias.

  2. Yupi Says:

    Venerables editores de Mondadori,

    Los derechos mundiales de este artículo pertenecen al firmante y a La lectora provisoria en partes iguales. Queda autorizada su reproducción total o parcial siempre y cuando citen la fuente completa. Último aviso. Luego, rebelión de internautas.

    Como prueba de buena voluntad les adjunto un tema de la playlist que debería acompañar a esta novela y no la acompaña, aferrados como están al pasado. Si no me creen copio la respuesta de mi hija (11 años) cuando le dije que siempre me había visto con un libro en la mano y que debía leer libros en papel. Contestó, sin levantar la vista de la Tablet: “Cállese, buen hombre”.

    Cordialmente,
    Y.
    http://www.youtube.com/watch?v=Dz1fl6u8ut0

  3. FedericoR Says:

    Leí en algún lado (¿una biografía de Henry James, quizás?) que las novelas inglesas terminan con una boda, y ahí es cuando empiezan las francesas. Todo, por supuesto, entre Balzac y James. Después se pudre.

  4. Yupi Says:

    Según Fontanarrosa, los franceses no duran casados porque viajan mucho al Perú. Me quedo con el consejo de Chandler a una joven pareja camino del altar: “Nunca olviden que el matrimonio es en cierto modo muy parecido a un periódico: hay que hacer uno nuevo cada maldito día de cada maldito año”. Saludos.

  5. FedericoR Says:

    Gran consejo de Chandler. Y qué cosa los blogs: los gana el olvido. Uno se olvida de entrar. Cuando entra, se acuerda de qué lindos, calmos y elegantes eran. Y se vuelve a olvidar.

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