La izquierda inexistente

Publicada en Perfil el 28/1/18

por Quintín

En el prólogo de El caso Tuláyev de Víctor Serge, Susan Sontag sostiene que el destino de su autor es ser redescubierto una y otra vez para ser olvidado de nuevo. Acabo de leer Medianoche en el siglo, primera traducción (2016) de una novela de Serge. Como cada vez que leo algo suyo, me asombro de que no sea una referencia obligada en la discusión política contemporánea.

puertodenoche

Serge se llamaba Víctor Lvovich Kibalchich. Nació en 1890 en Bruselas y era hijo de exiliados rusos. Fue un revolucionario casi desde la infancia, como cuenta en un libro extraordinario: Memorias de mundos desaparecidos (1901-1941). Miembro de la llamada “oposición de izquierda”, una fracción del Partido Comunista cercana al trotskismo, estuvo en prisión entre 1933 y 1936, cuando fue deportado a Francia, de donde huyó a la llegada de los nazis. Murió en México en 1947, aislado y perseguido por la inteligencia soviética. Serge fue uno de los primeros en denunciar la represión estalinista con precisión y clarividencia. Sus escritos y sus actos no lograron evitar el gran terror de 1937 en la URSS, ni la simultánea liquidación de las fracciones disidentes en la guerra civil española. Novelas como Ciudad conquistada (1932) o Medianoche en el siglo (1939) son definitivas para demostrar que si el Gulag y el genocidio estalinista fueron ignorados durante años por la intelectualidad europea, no fue por falta de testimonios ni de elocuencia: Serge fue un gran escritor, tal vez el último de los grandes novelistas clásicos rusos, condición que comparte con Vasili Grossman, cuya Vida y destino se conoció recién en 1959.

Medianoche en el siglo es la historia de una pequeña célula opositora a Stalin confinada en un remoto pueblo de la tundra. Sus miembros siguen resistiendo y soñando con revertir el destino de la revolución. Por supuesto que no tienen la más remota posibilidad: la policía secreta conoce sus movimientos y Stalin los utiliza para maniobras políticas a mayor escala. Pero los protagonistas mantienen una confianza ciega en la victoria definitiva del proletariado, libre del yugo contrarrevolucionario impuesto por la burocracia estalinista. Los protagonistas de la novela, criaturas conmovedoras por su candor y su vocación de mártires, están muy cerca de las posiciones políticas de Serge. Hoy, casi un siglo más tarde, parecen una rémora de la fracasada utopía comunista.

Pero en todas partes hay nostálgicos de esa utopía y no pocos países dicen regirse por ella. Lo más interesante del pensamiento de Serge brilla frente a los trotskistas actuales, capaces de defender regímenes totalitarios y asesinos como el de Venezuela con la excusa de que no son peores que las democracias liberales. Contra esa simplificación se opuso Serge en su momento y, aun aceptando ser marxista y leninista, permitió que sus dudas se remontaran a un punto crucial, anterior al estalinismo. Comentando sus diferencias con Trotsky y su oposición a la creación de la Cheka, Serge escribe: “El único problema que la Rusia roja de 1919-1923 no supo plantear nunca fue el de la libertad, la única declaración indispensable que el gobierno soviético no hizo fue la de los Derechos del Hombre.” El pensamiento de Serge sería un gran punto de partida para la izquierda que nunca fue.

Foto: Flavia de la Fuente

5 comentarios to “La izquierda inexistente”

  1. Javier Says:

    Q,
    la Rusia Roja no se planteó el problema de la libertad en 1919-1923 porque ya anteriormente había probado la libertad y no le había gustado. En las últimas elecciones libres que hubo en Rusia luego de la Revolución de Octubre -las elecciones de Noviembre de 1917 para la Asamblea Constituyente Rusa- los Bolcheviques perdieron (frente a los Socialistas Revolucionarios, ‘eseristas’). Ahí mismo se acabó el experimento bolchevique con la libertad.
    Elecciones Rusas de Noviembre de 1917

  2. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    El genocidio de Stalin y el Gulag no solo fueron ignorados en el pasado, hoy en día lo siguen siendo, inclusive personas insospechadas cuando enumeran las grandes matanzas generalmente obvian toda referencia a esos crímenes.
    El tema con relación a los intelectuales franceses lo ha estudiado bien Tony Judt, subrayando una forma de argumentar frente a esos crímenes, que recuerda la forma como se responde en nuestra sociedad cuando se alude a los delitos cometidos durante la década de doce años kirchnerista:
    “En casi todas las ocasiones en que un escritor francés de izquierdas se sentía obligado a reconocer que había algo indefendible en una acción del régimen soviético, añadía a esa admisión, a modo de apéndice, un comentario en el que reseñaba los crímenes de los aliados occidentales.” Judt, Tony. Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses 1944-1956. Taurus. Madrid. 2007. Página 200.-

  3. Maria C.Reiriz Says:

    Quintin :Recomiendo la lectura del libro de Tony Judt que menciona Daio. ES muy bueno e impresiona como algunos artristas sensibles y notables, como Paul Eluard, Robert Desnos y otros, guardaron semejante silencio. En ese orden es muy importante ver la reaccion de Camus que se opuso a todos para denunciar lo que todos silenciaban.Muy lucido y valiente. En cuanto a Victor Serge me parece mas importante como testimonio que como literatura. Lo veo un poco pasado. Pero lo valoro. Pienso que el Stalinismo fue lo peor que les pudo pasar a los intelectuales del siglo XX. Saludos

  4. alexis Says:

    sí, curiosamente paul eluard escribió “liberté” y a la vez dedicó otro poema suyo a stalin… si mal no recuerdo pablo neruda también fue stalinista… y x otra parte hay teorías q esgrimen la posibilidad de q stalin mandó a inocularle cáncer a tarkovsky a través de la kgb…

  5. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    En un interesante texto (*) se puede observar cómo el pueblo ruso habla incesantemente de la libertad, se realizan festivales en su nombre, se cambian nombres de calles, sitios y ciudades, por el de “Amanecer de la libertad”, “El hombre libre”, “Libertad”, “Rusia libre”, en otros.
    Sin embargo, a partir del golpe de Estado bolchevique de octubre, la libertad solo va a existir para los seguidores de Lenin.
    Ya lo había advertido Rosa Luxemburgo:
    “La libertad sólo para los simpatizantes del gobierno, para los miembros de un partido único, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y de forma exclusiva para quienes piensen de otra manera. Sin elecciones generales, sin plena libertad de prensa y de reunión, sin un contraste libre de pareceres, la vida desaparece de todas las instituciones públicas, se convierte en una mera apariencia de vida, en la que el único elemento que permanece en activo es la burocracia. La vida pública se adormece paulatinamente…de vez en cuando se invita a una élite de trabajadores a reuniones en que las que la única misión de los invitados es aplaudir los discursos de los dirigentes y aprobar por unanimidad sus proposiciones. En el fondo se trata del dominio de una camarilla; de una dictadura, sin duda, pero no la dictadura del proletariado, sino simplemente la dictadura de un grupito de políticos.” (**)
    (*).Orlando Figes-Boris Kolonitskii. Interpretar la Revolución Rusa. El lenguaje y los símbolos. Biblioteca Nueva. Universidad de Valencia. Madrid. 2001.
    (**) Shub, David. Lenín (2) 1917/1924. Alianza. Madrid. 1977. Págs. 442/443.-

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