Bitácora de la hija de Neptuno (162)

por Flavia de la Fuente

12 de enero
Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 24 grados. Viento: NNE 15 km. Olas: 0,6 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 23′

Día de tormenta.
A la mañana fui con Solita a la playa.
Estaba nublado pero hacía calor.
Aunque una brisa agradable refrescaba.
Lo raro era que no había nadie en el agua.
Nadie de verdad.
Los veraneantes se bañan siempre.
A eso vienen.
Miro hacia el puesto de guardavidas y veo la bandera negra.
Negra con un rayo.
Mortal.
“Qué mal”, pensé.
No había más que una tormenta muy lejos.
No había rayos ni truenos ni nada.
Soli se bañó contenta mucho tiempo.
Y yo me remojé las patas también.
La gente seguía obediente y seca en la arena.
Es que esa bandera asusta.
Impone respeto.
Después de las tragedias de años anteriores en las playas.
Pero hoy no pasaba nada.
Se corre el riesgo del pastorcito mentiroso.
Ya hay abuso de banderas rojas y negras.
De mar peligroso.
Es raro que pongan la amarilla y negra.
La de mar dudoso.
Y creo que nunca vi la celeste.
La de mar calmo.
Aunque el mar está calmo muchísimas veces.
Cuando era chica la veía.
Solía flamear cuando el mar no tenía olas.
Cuando estaba planchado.
Muchas veces está así.
Pero acá reina la bandera del peligro.

f rojo y amarillo

Así que hoy nos fuimos a nadar con la bandera negra.
A mí me daba miedo que no nos dejaran nadar.
O que Q no fuera suave con los guardavidas que intentaran impedir que nadáramos.
Pero no pasó nada.
Los guardavidas creo que sentían vergüenza de su bandera.

Yo me puse el traje de verano porque estaba nublado.
Y nos metimos al sur del muelle.
El mar era un lavarropas.
Un mar tormentoso.
De esos que me divierten.
Nadé y nadé montando sobre las olas.
Quintín venía cerca.
Solo se quejó de que el agua estaba fría.
Puede ser.
Yo no me di cuenta,
pero tenía mi tapado de piel.

Llegamos al Edén en 20 minutos y salimos.
Yo hubiese seguido.
Era muy vivificante la aventura en el mar bravío.
Pero el frío del Osi era una razón para salir.

Salí pateando pecho y agarrada a mi torpedo.
Me daban miedo las olas.
En nada llegué barrenando a la orilla.
La sorpresa fue cuando me paré.
Me sentía pesada como una ballena.
Como si pesara una tonelada.
Y estaba un poco mareada.
Le pregunté al Osi y él también estaba así.
“Es por el mar lavarropas”, me dijo.
Se hace mucho esfuerzo.
“Será así”, pensé con mi mente ataráxica.

Caminamos cansados el kilómetro de vuelta a casa.
Hacía mucho calor.
Me saqué el traje y volví caminando en bikini.
Con mi bikini amarilla de frente y rayada atrás.
Q no la conocía.
Porque es la que uso debajo del traje.

Hoy cumplimos una noble misión.
Hablamos con cada guardavidas para que sacaran la bandera negra.
Y lo hicieron.
A nuestro paso, se fueron sacando las prohibiciones.
Fue grato.
Aunque hay que decir que la gente ya se había metido en el mar.
Brillaba el sol.
No pasaba nada.

Ni bien se despierta, Q lee la Divina Comedia.
A mí me gusta hacer fiaca mientras él la lee en el Kindle.
Cuando termina su canto del día,
sale de la cama y prepara el desayuno.

Yo no puedo amanecer en el infierno.
Con lo que me cuesta la mañana,
no puedo imaginar peor comienzo que el que elige el Osi.
La verdad es que me cuesta mucho esta lectura.
Eso de estar durante tantos días en el purgatorio,
rodeada de almas sufrientes me está cansando.
Pero sigo.
No voy a abandonar.
Aunque cada vez me aburre más.
Y también me inquieta.
Al principio leía cada canto dos o tres veces.
Los primeros me parecieron maravillosos.
Pero estos últimos se me hicieron duros de leer.
Q dice que el de hoy está muy bueno.
A la tarde veré.
Yo lo leo después de comer.
Antes de dormir mi siesta de 15 minutos.

Todavía siento el cuerpo cansado.
Muy pesado.
Me levanté del escritorio para ir al baño y casi no llego.
Pero estoy bien.
Lista para tolerar el canto 12.
Ya no me importa nada de nada.

Ahora a mirar lo que filmé ayer,
a ordenar los archivos.
Y al atardecer de nuevo a filmar.
A recorrer las playas de noche con Gabi.
Yo filmo y ella saca fotos.
Quizás quede algo lindo.
Las fotos de la bitácora de ayer y hoy las sacó anoche en la playa.
Hasta la próxima.

Foto: Gabriela Ventureira

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