Gente como uno

Publicada en Perfil el 25/6/17

por Quintín

En mi última visita a Buenos Aires conocí la nueva Librería del Fondo en Palermo. Es un espacio moderno, muy desangelado, que tiene un pequeño bar. La sorpresa agradable es que el bar es una sucursal de Lattente, donde se sirve el mejor café de Buenos Aires. Cuando me senté a tomar el espresso, vi que en el mostrador tenían unos pocos libros para entretener a los clientes. Dos me llamaron la atención. Uno, la Fisiología del gusto de Brillat-Savarin, clásico de la gastronomía publicado en 1825. Quise llevarlo, pero en la librería me dijeron que el único ejemplar era el que había comprado el concesionario. Savarin decía verdades como esta: ” El descubrimiento de un nuevo plato hace más por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella. Estrellas ya hay bastantes”.

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El otro libro es un pequeño volumen publicado originalmente en 1952. El título es Los diplomáticos desaparecidos y el autor Cyril Connolly, un prestigioso crítico británico con el que discuto mentalmente cada vez que lo leo (Connolly prefiere a Hemingway sobre Faulkner, considera irrelevante a Anthony Powell, etc.). Pero no conocía el librito, cuyo tema es el famoso caso Burgess-MacLean. Guy Burgess y Donald MacLean fueron parte del Círculo de Cambridge, un grupo de agentes soviéticos reclutados allí durante los años treinta y que, con el tiempo, se transformaron en topos instalados en los altos rangos de la inteligencia británica. Otros dos miembros de la red fueron Kim Philby, un maestro en lo suyo, y Anthony Blunt, curador de las obras de arte de la Reina.

Se ha escrito mucho sobre los topos. John Le Carré les debe su carrera literaria, Graham Greene y John Banville también se ocuparon de ellos. El misterio empezó una noche de mayo de 1951. Burgess alquiló un auto en Londres, recogió a MacLean en su casa de Surrey y manejó hasta Southampton. Allí tomaron un ferry a Saint-Malo y estacionaron el auto como si se fueran por el fin de semana. En Saint-Malo dejaron el equipaje a bordo, tomaron un taxi a Rennes y de allí un tren a París. Entonces se esfumaron. Reaparecieron en 1956 en Moscú y recién allí se supo oficialmente que eran traidores y habían desertado.

Hay un video en Youtube en el que se ve a Philby (quien huyó recién en 1963 y murió en Moscú como un héroe de la Unión Soviética) dando una conferencia a los agentes de la STASI, donde dice que pudo ser tan efectivo como espía porque pertenecía a la clase alta: eso le abrió todas las puertas y lo eximió de todas las sospechas. Ese ambiente se palpa en el libro de Connolly que, a un año de la desaparición, traza un cariñoso retrato de los espías y propone cuatro teorías para explicar su ausencia. Una es la obviamente correcta: que habían desertado después de pasarles secretos a los rusos durante años. Para Connolly, los espías eran ante todo sus amigos, viejos compañeros del mundillo intelectual. Uno rebelde, el otro un poco depresivo, alcohólicos ambos, que nunca ocultaron demasiado sus simpatías comunistas. Aunque sembraron pistas sobre su culpabilidad a diestra y siniestra, sus pares nunca creyeron que la línea que separaba al militante comunista del agente soviético era tan delgada. Connolly deja completamente claro que, fueran lo que fueran, Burguess y MacLean eran ante todo gente bien.

Foto: Flavia de la Fuente

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13 comentarios to “Gente como uno”

  1. Noni Says:

    adoro tu Tumba sin sosiego, maravillosamente traducida y editada por Sur, un ejemplar que me gustaría volver a tener. Por él conocí una cierta forma de vivir cuando apenas tenía 12 años. No la olvido, aunque creo que no he logrado ponerla en práctica.

  2. Maria C.Reiriz Says:

    Borges amaba “la tumba sin sosiego” y en algún momento cometió la exageración de considerarla uno de los tres mejores libros del siglo. Conolly es muy especial como crítico. En cuanto a su juicio sobre Anthony Powell…. confieso que Powell nunca me sedujo. No le encuentro sutileza a su prosa y no entiendo como pueden compararlo con Proust. Lo he leído casi todo en busca de algo y no lo he hallado. Tal vez deba volver a insistir. Lo leí hara 20 años. Borges lo defenestró cuando dijo “Me recuerda la prosa de Mallea”
    Buen domingo.

  3. Noni Says:

    me gustaría saber donde dijo eso Borges de Connolly, estimada María. Creo que la forma en que está armado el libro anunciaba un tipo de libro futuro, que entonces no se vislumbraba siquiera…

  4. guillermo Says:

    Respecto a tu frase final sobre Burgess, McLean, ‘fueran lo que fueran, eran ante todo gente bien’ (que aplica al resto de los reclutados en Cambridge), hasta la 2da guerra en todos lados, y Argentina incluida, la gente que iba a la universidad era invariablemente ‘gente bien’, clase media alta o clase alta. Habrá habido excepciones, pero eran eso, excepciones.

  5. guillermo Says:

    Y me quedo corto en el cálculo de fechas. En mi tiempo en la facultad, 1964/1971, la gran proporcion de estudiantes eran clase media cómoda para arriba.

  6. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Guillermo:
    Además de “gente bien” eran amigos y se protegían entre sí.
    Como entendía E.M. Forster; “Si tuviera que elegir entre traicionar a mí país o a mis amigos, esperaría tener las agallas para traicionar a mí país. Tal elección podrá escandalizar al lector moderno, que de inmediato estiraría su patriótica mano para coger el teléfono y avisar a la policía. Dante, en cambio, no se habría escandalizado, puesto que colocó a Bruto y Casio en el último círculo del Infierno porque prefirieron traicionar a su amigo Julio César en lugar de traicionar a Roma, su país”. Citado por Ben Macintyre, en el entretenido libro Un espía entre amigos. La gran traición de Kim Philby. Crítica. Barcelona. 2015. Página 10.

  7. guillermo Says:

    Daio, el tema de clase, la gente que uno acepta como sus pares y amigos en base a codigos compartidos, sigue tan vigente hoy como entonces. La diferencia son los criterios en base a los que se selecciona.

  8. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Guillermo: Por acá eso no se da mucho que digamos. El caso de Taiana traicionando a su gente del Movimiento Evita para irse con Cristina lo demostraría. Claro que en esta materia, los muchachos más que preocuparse por compartir códigos, están tratando de no compartir cárceles.

  9. María del Carmen Reiriz Says:

    Nuni: Borges lo dijo en unas conversaciones de año 1968 con Emilio Estevanovich. Se publicaron en Prinera Plana. Un saludo

  10. Javier Says:

    Parece ser que a Kim Philby la realidad que encontró en la URSS lo deprimió profundamente, y lo hundió en un alcoholismo suicida:
    His habit was fuelled by his sorrow over what he saw around him, she added. “Kim believed in a just society and devoted his whole life to communism. And here he was struck by disappointment, brought to tears. He said, ‘Why do old people live so badly here? After all, they won the war.'”
    Uno se pregunta cómo estos muchachos hiper-cultos del ‘Cambridge Five’ pudieron haberse engañado tanto sobre el comunismo de Stalin….
    https://www.theguardian.com/world/2011/mar/31/spy-kim-philby-disillusioned-communism

  11. guillermo Says:

    Daio, Taiana no es un apellido común. Yo tenía una tía que, en los 1950s, vivía en edificio paquete en Recoleta. Uno de sus vecinos era un Sr Taiana. Si mi teoría es cierta, y el Taiana de Cristina es hijo de ese Taiana, sus lealtades de clase, como las de Philby o Burgess, no pasan por sus asociaciones políticas. Para reforzar la similitud, el hijo de Taiana está estudiando en Oxford. Estudiar en Oxford como extranjero cuesta £30000 al anio, tampoco suena muy Movimiento Evita.

  12. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Javier: Sin embargo Macintyre escribe que “Los últimos años de Philby fueron una “época plácida, provechosa y hogareña. Rufina (su 4ta esposa) trató de que dejara la bebida, cosa que solo logró en parte. Realizó trabajos esporádicos para el Estado soviético, desempeñándose como formador de reclutas del KGB (…) también se le concedió la orden de Lenin, algo que para él equivalía a obtener el título de sir (…) A cambio nunca criticó el sistema que había defendido durante toda su vida adulta, nunca reconoció el verdadero carácter de la organización a la cual había servido y nunca pronunció alguna palabra de arrepentimiento. En la línea de la oficialidad soviética, siempre mantuvo que los errores del comunismo práctico no se debían a las ideas, sino a las personas que las habían llevado a la práctica.”
    Un auténtico convencido.

  13. carlademiguel Says:

    Hola Quintín, con el cariño de siempre, te cuento que me apenó el adjetivo “desangelado” que usaste al describir la nueva Librería del Fondo de Cultura. Es un lugar moderno, sí, muy cementoso también, muy Clorindo Testa; pero amplio, cómodo para pasearse entre mesas y estanterías curioseando libros, esos objetos tan únicos, y sobre todo un espacio muy luminoso, con su patio en planta baja y su terraza en el segundo piso, ese del salón para cursos y proyecciones. Y por último, una escalera que, no me preguntes por qué, siempre me divierte subir para acceder a las ediciones ilustradas del primer piso.
    Hemos hecho distintas experiencias en ese lugar. Saludos afectuosos.

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