Cannes a lo Ganzo (9)

por Fernando Ganzo

Después de contarnos una película de los hermanos Safdie y la teoría del “cine golosina”, el cronista llega en las posdatas a lo que verdaderamente le interesa: David Lynch y Hong Sang-soo.

Hay que ser precavido en Cannes ante el efecto “golosina”. Así podríamos definir a esas películas que por la fotografía, música, adecuación a un género reconocible, actores guapos, etcétera, terminan resultando “guays” y embarcándonos, haciendo que nos agarremos a ellas como a un flotador en plena marea de ese mal rollo Positif siempre presente en el festival. El problema es que tragarse una golosina a veces da dolor de barriga (a muchos les paso con Drive): en realidad necesitan saborearse un poco para saber si son realmente buenas. Por eso intentaré hacer como Larry David y moderar mi entusiasmo con Good Time, de los hermanos Safdie, que desde su arranque con la música de Oneohtrix Point Never y la foto de Sean Price Williams se dedica a despertar, acariciar y estimular nuestras papilas gustativas sin disimulo. Son películas que van directas al gaznate.

good-time-robert-pattinson

¿Cómo hacer un thriller amable? ¿Cómo guardar la desesperación del género, su claustrofobia y sentimiento agónico, y, al mismo tiempo, abrirlo a otros sentimientos? La respuesta de los hermanos Safdie es el relato: Connie “rescata” a su hermano (discapacitado mental) Nick (Joshua Safdie) de una sesión con un psicopedagogo y, sin que sepamos por qué, van a atracar un banco. En la huida, Nick cae y es detenido: sus huesos acaban en prisión. A partir de ese momento comenzará una larga noche sin fin en la que Connie (Robert Pattinson) intentará hacer lo necesario para sacar a su hermano de la cárcel (básicamente, conseguir el dinero para pagar la fianza). Es el primer cambio de pie de Good Time (como en el tenis, cuando se cambia de pie imaginando la reacción del adversario antes de golpear la bola): mientras que Nick se nos ofrece en principio como protagonista, desaparece pronto del relato y Connie y su desesperada odisea se convierten entonces en el centro de la película. Segundo cambio de pie: para salvar a su hermano, Nick necesitará invariablemente la ayuda de alguien en cada secuencia. De otra forma es imposible. Pattinson resulta así un héroe débil, frágil, no puede estar solo contra todos. Nos damos cuenta entonces que el hermano que necesitaba ayuda, en todos los sentidos, no era el que creíamos (el discapacitado), sino el más inesperado, el líder. Se establecen así una larga serie de intercambios en los que sorprenden los gestos delicados entre Connie y la gente que se convierte sin quererlo en sus “víctimas” y aliados. El tercer cambio de pie es el que define totalmente la película: Nick se encuentra por error acompañado de un hombre con el rostro machacado al que confunde con su hermano y al que salva del hospital. Nuevo personaje y nueva caja narrativa que se abre: este personaje cuenta cómo acabó llegando a verse en esta situación (es decir, cómo diantre acabó en la película) y por un momento los Sadfie aceptan tomar ese relevo. En la noche de Connie (como Coney Island) cabe también esta otra noche precedente, dando la sensación de que la trampa oscura de una Nueva York toda hecha de neones y callejones vacíos hay sitio para todo el mundo. El balón circula, se abre el juego, la ficción se ramifica, y las peripecias de Connie se encadenan teniendo cada una su tiempo único. En una de esas noches interminables de Nueva York que nos ofrece el cine (aunque la ultima gran noche eterna neoyorquina que habíamos visto fue en la televisión: The Night Of), cada nueva etapa (la novia de Connie, una abuela de raza negra y su nieta que les acogen en su casa, un parque de atracciones cerrado, la casa del guarda del parque) es una puerta que se abre y dilata el tiempo casi de forma eterna, como si para salir de un agujero negro solo quedase la alternativa de adentrarse en otro aún más oscuro. De relevo en relevo, Connie avanza sabiendo que, como Hércules, nunca alcanzara a la tortuga. La única forma posible de salvar a su hermano es pasarle el testigo de la libertad: sólo entonces la película podrá devolverle el testigo.

PD1 : Entrábamos en la sala para un no-evento, pues todo el mundo hablaba ya desde hace días gracias a Internet. El ínclito Álvaro Arroba me hablaba de Joyce y de Nietzsche para darme cuenta de la altura de fenómeno. Yo rechazaba leer, dejando desfilar los mensajes para perderse en un magma del que apenas podrán salir más adelante. Las luces se apagaban, le música de Badalamenti comenzaba a inundar la sala como antes había inundado los alrededores del palacio. Aplausos en la oscuridad ante un simple rótulo: Twin Peaks. Después, la sorpresa, la desestabilización. Para evitar los riesgos de retomar tramas caducadas desde hace veinticinco años, Lynch conoce la respuesta: crear nuevas. Los personajes de las antiguas entregas casi solo llegan como testigos: están ahí para acompañarnos en las nuevas venas abiertas de la ficción, aunque sabemos que algún día les llegará el turno de entrar en ese flujo y ser algo más que meros testigos. La trama es nueva, generosa. Sabemos que sólo hemos visto dos episodios y que más vale esperar porque lo hermoso de Twin Peaks es ver esa escritura que se crea ante nuestros ojos, como si viéramos una escritura en directo en la que cada palabra nos sorprende más que la anterior. Si hacer festivales de cine fuera fácil, esto habría competido y nos habría salvado. Poco puedo decir de la trama, apenas decir que espero que Dale Cooper pueda escaparse de ese mundo de cortinas rojas y suelos geométricos, que pueda al fin hacer regresar la bondad a un universo que ahora nos parece corroído por la maldad. 25 años en los que quedó atrapado han dado para sí un universo desolador. Un amigo comiendo me comenta su teoría: Lynch se acabó enamorando de su personaje de mujer, de mujer muerta. Su universo se oscureció, y el mundo con él. Pero Laura Palmer ha vuelto a hablarnos del revés.

PD2: Leo en Le Monde la siguiente respuesta de la actriz y pareja de Hong Sang-soo:

Periodista: ¿Cuáles son sus próximos proyectos? (La pregunta es tan banal que puede que por eso mismo me choque una respuesta tan reveladora).

Kim Min-hee: ¡Una película con Hong Sang-soo! Todo lo que me importa ahora mismo es trabajar con la persona a la que amo. Compartimos emociones fuertísimas, hay una verdadera simbiosis entre nosotros. Nunca encontraré algo así, sin duda alguna, con otro director ni en otro momento de mi vida. Tengo ganas de aprovecharlo al máximo. Y escriban lo que escriban sobre nuestra pareja, me da lo mismo.

En fin, que las mejores películas se hacen enamorado, aunque sea de una muerta.

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