Cata a ciegas de Francisco Regueiro (Parte 2)

por Quintín

Descubro ahora que entre los mails que me mandó Arroba estos días, hay una entrevista a Luis Buñuel en la que declara que le gustó El buen amor. También dice que le gustó el corto de graduación de Regueiro, Sor Angelina, virgen. Es muy lógico, porque hay un aire de familia entre los dos realizadores, cierto humor, cierta mirada sobre los personajes a los que nunca juzga, aun en su egoísmo o su locura. Después de haber visto ocho largos y un par de cortos, sigo pensando en el enigma de Regueiro (cuyo lugar en la historia del cine español puede llegar a ser más importante), en las claves de su concepción del cine, tanto por su punto de vista sobre la sociedad como por esa dramaturgia de raíz buñueliana, aunque a Regueiro nunca parece estar en sintonía con las modas, como le gustaba al aragonés que supo cómo hacer cine en tres países. El de Regueiro es un cine atrabiliario, archiespañol, cuyo humor y espíritu de ligereza atenúan lo que eso implica.

Regueiro llevó al paroxismo una idea de Buñuel, la de trabajar sobre personajes excéntricos, atrapados en su circunstancia pero aferrados a sus manías, sus extravagancias y sus locuras en una singular interpretación del libre albedrío cristiano. La segunda película que vi, siguiendo la programación de Arroba, fue Las bodas de Blanca (1975) filmada doce años y seis largos después de El buen amor. Entonces Regueiro ya era un cineasta formado y se encamina hacia un estilo que será definitivo. De los caminos que se abrían a partir de su opera prima eligió el que incluye la concentración dramática, el tremendismo y las grandes parábolas. El de Las bodas de Blanca es un cine muy hablado, aunque nada teatral y de gran elegancia visual (casi todo lo que filmó Regueiro tiene esa característica). El marco de la película es Burgos, ciudad conservadora y religiosa con su enorme iglesia, sus parques, sus pomposos hoteles y su copiosa comida castellana. La película gira en torno a un banquete de bodas que se celebra, curiosamente, antes que la boda misma o en lugar de ella.

La galería de personajes es extraordinaria, esperpéntica, de un colorido y una excentricidad que pocas veces se ve en el cine, aunque Regueiro los protege (y nos protege como espectadores) en un marco de fantasía que los vuelve inofensivos: no encontré un verdadero malvado en sus películas. En Las bodas de Blanca, Regueiro parece un Marco Ferreri herbívoro. Blanca es una mujer madura que se quiere casar para dejar de ser virgen. Su matrimonio anterior fue anulado por la Iglesia con motivo de la impotencia del marido, aunque este es su gran amor y ni siquiera es impotente, sino que solo puede tener relaciones en circunstancias particulares que remiten a su infancia. El novio es un joyero palurdo, prepotente y donjuanesco que es sordo aunque habla (en otras películas habrá mudos que no son sordos y hasta sordomudos que no son sordos ni mudos) y llega a la ciudad con su insoportable hermana y su cuñado. Pero el mudo es también dibujante y en él Regueiro recuerda el dibujante que fue en su juventud, cuando se ganaba la vida haciendo caricaturas en el diario, y al artista plástico que siempre fue. Del lado de la novia hay un padre que vive encerrado, una monja negra (literalmente), una tía que también es monja (las monjas y los curas son constantes) que manipula a todo el mundo, habla como un loro y come como una orden religiosa entera. La actriz que la interpreta es Isabel Garcés y parece la versión original de los personajes que hizo Chus Lampreave con Almodóvar. Entre estos personajes transcurre un vodevil potente y dislocado en el que la intensidad no baja nunca y las locaciones son gloriosas.

¿Hay una ruptura entre el cineasta de El buen amor y el de Las bodas de Blanca? Tal vez haya un aire común entre ambos films, pero son muy distintos y hemos pasado de una trama realista (con matices surrealistas) a otra delirante. A esta altura, la experiencia de ver las películas de Regueiro se parecía a armar un rompecabezas compuesto por piezas que no encajaban del todo, aunque suponía que las partes faltantes completarían el dibujo. Cada nueva película apuntaba a ratificar el sistema insinuado por las anteriores, pero también a contradecirlo, a escapar de lo que podía preverse. De todos modos, hay que señalar que Las bodas de Blanca fue la primera película que Regueiro hizo con el crítico Angel Fernández Santos como coguionista. Esa relación producirá cuatro largometrajes y llegará hasta Madregilda, su último film hasta el presente.

El siguiente fue justamente Padre nuestro (1985) y aquí sí la continuidad con el estilo de Las bodas de Blanca es notorio. Es una película más grande, una farsa de gran porte con actores famosos como Fernando Rey y Victoria Abril. En la escena inicial, el obispo que hace Rey, alto funcionario del Vaticano, está reunido con el papa Juan Pablo II. Le cuenta que le quedan pocos meses de vida y que, antes de morir, va a volver a su casa para arreglar los asuntos pendientes. Estos son una hija natural convertida en prostituta de lujo, una nieta, una madre implacable que no soporta que a su hijo no lo hayan elegido papa, un hermano médico y eyaculador precoz al que deberá casar con su sobrina para que la herencia quede en manos de la familia y una viña que produce vino para el Vaticano.

La película es muy divertida, pero lo más interesante es otra vez el continente: el ambiente rural con sus paisajes, las viñas, la casa señorial, el prostíbulo del pueblo, el inamovible feudalismo y un clericalismo rancio e hipócrita pero juguetón y hedonista. Regueiro parece menos un progresista que un católico que cree en la Iglesia como albergue (imaginario o no, poco importa) de todos los pecadores. Lo que en otras manos sería un breviario de críticas al orden establecido, a la España que seca el corazón, aquí tiene un tono zumbón que termina con el papa dándole la extrema unción por teléfono al protagonista. El obispo pecador es una especie de santo laico, que le arregla la vida a sus seres queridos, como si Regueiro hiciera un cine blasfemo y devoto al mismo tiempo, un corrimiento hacia la fe del ateísmo de Buñuel.

5 comentarios to “Cata a ciegas de Francisco Regueiro (Parte 2)”

  1. coroneldiazyberuti Says:

    Creo recordar que acá estaba de moda este director en los ¨80 , con proyecciones en Función Privada.

  2. coroneldiazyberuti Says:

    coroneldiazyberuti so y yo , Sebastián Andrés Sánchez

  3. lalectoraprovisoria Says:

    No sé si estaba de moda, pero Morelli & Berrutti tenían derechos de muchas películas españolas. Igual, yo no las vi en esa época.

  4. burzaco Says:

    ¨Si volvemos a vernos¨ del 67 , es otra pequeña joyita de este gran director.

  5. saint jacob Says:

    …Si se internetea un poco, aparecen muchas de estas películas (aunque algunas en calidad ‘TVrip’)… valen la pena…

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