Bitácora de la hija de Neptuno (152)

por Flavia de la Fuente

13 de abril

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 17 grados. Viento: NNO 10 km. Olas: 0,4 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 13′.

14 de abril

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 17 grados. Viento: NE 17 km. Olas: 0,4 m. Nublado. Marea subiendo. Tiempo de natación: 20′.

Ayer pelando papas me corté un poco una uña del pulgar izquierdo.

Quintín quiere que me arranque la uña partida.

Pero me da terror.

Es la primera vez que me pasa en mi vida.

Siempre fui muy cuidadosa.

Casi nunca me lastimo.

Pero ayer no sé qué paso.

Se ve que no estuve del todo atenta.

Y me lastimé.

Nada grave, solo una molestia.

Molestia porque el pulgar izquierdo sirve para muchas cosas.

Y ahora me duele.

Lo primero que hice fue pedir perdón a la sangha.

En este caso, al Osi, el único miembro presente en San Clemente.

Me dijo: “Eso les pasa a todos los que cocinan”.

“Pero yo tengo que pedir perdón por no haber sido cuidadosa”, le contesté.

Hoy mientras hacía las tareas de la casa recordé al monje Thich.

Siempre habla del milagro de que funcione todo el organismo.

Que hay que caminar pensando en que es un milagro.

En recordar a todos aquellos que no pueden hacerlo.

Y caminar por ellos.

Hoy apenas me molestaba el pulgar izquierdo.

Y eso tiñó mi mañana de un ligero malestar.

Fastidio.

Amigos, disfruten del placer de usar de todos los dedos.

Los que tiene la suerte de no estar lastimados.

Es un milagro que nunca apreciamos.

No saben lo que fue ducharme.

Una penuria.

Hoy mi práctica fue sufrir.

Sentir que tenía el dedo lastimado.

—————–

Aunque en el agua mientras nadaba el pulgar no me molestó.

Así que pude disfrutar de la última natación de abril.

Que hoy fue solitaria.

Porque si bien el agua sigue a 20 grados.

Y no había viento.

Estaba nublado.

Y el Osi tenía frío.

Con justa razón.

———–

Para celebrar el último baño a 20 grados me metí sin gorra de neoprene.

Quería sentir frío en la cabeza.

Que el agua fresca me despertara.

Que me diera alegría.

Y calma.

Me metí al Sur del muelle.

Era la estoa.

Quintín me acompañó.

Le sugerí que fuera en malla.

Con remera y campera.

Por si se tentaba y se quería dar un chapuzón.

———-

Mi plan era nadar hacia el Sur.

Y si podía, regresar de vuelta al muelle.

Así lo hice.

Braceé tranquilamente unos diez minutos.

De pronto, veo que mi entrenador me indica que pegue la vuelta.

Obedecí de inmediato.

Y volví nadando.

El mar era un lago.

Con unas pequeñas olitas del Noreste.

Lleno de tapioca.

Y se sentía un poco frío.

Lo sentí en las manos y los pies.

————–

Cuando salí, el Osi quiso meterse él también.

Se sacó la ropa y se tiró a nadar.

A mejor estilo Al Alvarez.

Nado derecho hacia adentro y salió.

Habrá nadado unos cinco minutos.

Como mucho.

Pero salió muerto de frío y contento.

Estuvo bueno.

Los dos nos despedimos del mar.

Porque mañana nos vamos a Buenos Aires.

————

Hoy voy a pasar toda la tarde haciendo preparativos.

Tranquila, de manera consciente.

Voy a juntar todo lo que necesito.

Porque mañana tengo que manejar.

Y ya no puedo hacer todo en el mismo día.

Me pone nerviosa.

Voy a disfrutar de hacer las valijas.

Quizás emprenda una aventura minimalista.

Y lleve treinta cosas, por ejemplo.

Ayer vi un documental en Netflix sobre eso.

Minimalism.

Como cine era un bodrio.

Como todos esos documentales.

Pero las ideas eran interesantes.

Desde Thoreau que se habla de lo mismo.

Walden es un libro, entre otras cosas, sobre el minimalismo.

———————–

Cuando Quintín lee policiales es como un bebé.

Un bebé con un chupete.

Si lo dejo con el chupete está feliz.

Si le hablo o lo interrumpo, llora.

Es encantador el silencio cuando el Osi lee.

Y cuando termina el libro está contento.

Sereno.

Hoy le llevé el súper desayuno a la cama.

Leía con los pies cubiertos con una frazada.

Le agregué otra, por las dudas.

Me encanta cuidar al Osi.

Me gustaría ser su Bodhisattva.

————————-

Este dedo lastimado me tiene harta.

No puedo apretar las teclas bien.

Para hacer copy y paste hacen falta dos dedos.

Y uno es el pulgar.

Pensar que nunca le había prestado atención.

A un dedo tan necesario.

————-

Me aburro de mí misma.

El tema del dedo inunda todo mi cerebro.

No es por aprensión.

Es por la molestia.

Ya pasará.

——————-

Quizás escriba un diario porteño.

Me haría bien.

Voy a extrañar mis bitácoras.

Mi espacio interior.

En silencio, solo tecleando.

Con absoluta libertad.

Pero no quiero escribir bitácoras sin agua.

Lo de Buenos Aires me interesa.

Otras aventuras..

La monje zen en la ciudad.

¿Podrá respirar?

¿Será compasiva y feliz?

¿Podrá levantarse a la mañana y salir a meditar?

¿Y a dónde irá?

Tiene que encontrar un lugar con árboles.

Para poder inhalar y exhalar.

Porque donde vive el aire es horripilante.

En fin, ya nos contará.

——-

Mientras tanto, la monje estudia y estudia.

Lee todos los libros del monje Thich.

Ayer leyó uno sobre la relación entre Buda y Jesús.

Ella que es una atea de pura cepa.

Y que no cree en ningún dios.

Pero sí en la práctica zen.

Además, Buda no es un dios.

Fue un hombre.

Un estudioso.

Un sabio.

Que buscó la manera de dejar de sufrir.

Y nos dejó una práctica.

Para convertir el sufrimiento en amor.

Un camino del que no hay que apartarse.

Para ser feliz.

Al menos de a ratos.

Porque uno deja de ser feliz varias veces por día.

Todos, hasta mi monje.

Pero puede volver a serlo.

Siempre que quiera.

Refugiándose en la isla interior.

Ahí no pasa nada.

Solo sentimos la respiración.

Y todo vuelve a estar en orden.

Hablar de felicidad me parece demasiado.

Con la serenidad me alcanza.

Creo que la serenidad es la felicidad.

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2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (152)”

  1. Fudoshin Says:

    Mujeres que nadan https://www.theguardian.com/books/2017/may/20/swell-turning-swimming-with-seals-review

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias! Voy a ver si los consigo. Y también voy a ver si mañana me animo a volver al mar. Saludos,

    F

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