Divagaciones proustianas

Publicada en Perfil el 2/4/17

por Quintín

Hace tiempo que me acuesto temprano y leo a Proust en el kindle. Voy a paso de tortuga, porque me suelo quedar dormido al cabo de unos minutos. La ventaja del kindle es que no tengo que marcar la página: el libro se cierra solo y al otro día sé dónde retomarlo. Acabo de terminar el tercer tomo, El mundo de Guermantes, que me llevó más de un año. Es una ocasión para celebrar, un hito en mi vida de lector. Mis intentos anteriores en la aventura de la Recherche habían abortado en el segundo volumen, pero creo que esta vez voy camino de terminarla. Lento pero seguro. La felicidad que proporciona un libro no tiene nada que ver con la rapidez con la que se lo lee. He devorado muchas novelas miserables y tengo inconclusas varias obras maestras (El Quijote, sin ir más lejos, La cartuja de Parma, Tristram Shandy, La dádiva).

sanclebynight

En mi casa nadie había leído a Proust. De hecho, hasta bien avanzada mi vida no conocí a nadie que lo hubiera hecho (aunque mi madre lo leyó de grande). No se estilaba entonces en el ambiente progresista. Una excepción era un compañero de facultad, que contaba entusiasmado su pasión por el libro, pero la familia era de derecha. Más tarde, se fue a vivir a Brasil y salió del closet. Esto ratificó mi prejuicio de que Proust era cosa de putos. Yo era un tipo primitivo, como lo sigue siendo Cormac McCarthy, celebrado escritor americano que habla de Proust casi en esos términos. Un día Rafael Gumucio me dijo que, desde la infancia, su abuela leía todo el tiempo a Proust. Gumucio escribió un libro sobre esa abuela que era nieta de presidentes (en realidad no estoy seguro de que fuera esa abuela), pero yo no tengo en la familia gente sobre la que se escriban libros.

Lo mejor de Proust, algo que ningún escritor que conozca ha logrado, es que establece una relación particular con cada lector. En eso, es absolutamente superior a Joyce, que a esta altura es un monumento compartido, casi uniformemente apreciado por el ambiente literario (un estudio más, una traducción menos). Proust depende menos de la traducción, es más amable y no requiere de intermediarios. Leí los dos libros sobre su obra que cayeron en mis manos. Un ensayo de Beckett, que no entendí ni me gustó y otro de Deleuze, que se entiende más y me gusta menos. Aunque se deben haber escrito cosas valiosas durante un siglo, no deben ser imprescindibles para el lector ingenuo.

Proust es muy famoso pero no tiene una gran prensa. Todo lo que un escritor haga con su memoria se califica automáticamente como proustiano. A veces con razón, como Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell. Otras sin ella, como Mi lucha de Karl Ove Knausgård. Pero nadie escribió algo como El mundo de Guermantes, seiscientas páginas de un retrato hagiográfico que demuele a los retratados en la medida en que los elogia. Proust no se traiciona: jamás se rebaja a admirar verdaderamente a quienes dice admirar pero no niega nunca su sueño de ser aceptado socialmente. La literatura de la verdad no se construye con datos ni con infidencias, sino con la exposición de los mecanismos del pensamiento, única materia noble de la que dispone la literatura. Su empresa, de la que ningún escritor estuvo cerca, sigue acompañando a los lectores humildes. Y ahora, si me permiten, me retiro para empezar el cuarto tomo.

Foto: Flavia de la Fuente

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10 comentarios to “Divagaciones proustianas”

  1. Fernando Says:

    Cuando puedas, no hace falta que termines el libro -o tal vez sí- mirá El tiempo recobrado de Raúl Ruiz, y si la viste mirála de nuevo. Abrazo.

  2. Maria C.Reiriz Says:

    Me alegra Quintin que estes con Proust. Es único y te va a a aliviar de tanta mediocridad política, de la pequeñez de los K que tanto te dañan y nos dañan. Dijo una vez Maurois algo que comparto: Proust y Victor Hugo son las escritores que más placer producen página por página. Y es para leerlo una y otra vez. LLegá al final. “El tiempo recobrado” es la culminación de una joya y permite toda una relectura del sentido poetico de la obra. Te confieso que siempre lo estoy leyendo y que en mi vida (larga) lo he leído completo ya dos veces, en varios años. Hay que leerlo de a poco para disfrutarlo.No lo digo de soberbia: hay libros que no pude terminar: El Tristan Shandy es uno y los de Powell también me vencieron. Otra aclaración: A Proust no lo dañan las traducciones (soy profesora de francés) Prefiero la de Salinas y Consuelo Berges. La de Estela Canto no está mal para nada. Me gusta un poco menos la de Mauro Armiño, pero también es legible. En cuanto al ensayo de Becket, me parece interesante: Volvelo a leer luego de terminada toda la serie. ES muy interesante tambien el Proust de Walter Benjamin. La película de Ruiz es muy buena y también me gusto El amor de Swan copn Jeremy Irons y Alain Delon haciendo del Baron de Charlus. Un abrazo y buen fin de semana proustiano

  3. Yupi Says:

    Gran comment de Reiriz. Barrès decía de Proust: “Un poeta persa en una conserjería”. Está bien observado. Proust da mucho y pide mucho, como buen nene de mamá. A diferencia de Kafka, exige que los lectores lo tomen en bloque, sin cortes ni desatenciones. Perversamente les exige tiempo, todo el tiempo si es posible. Un buen atajo para entrar en su mundo es leer la versión abreviada (abreviada por el propio Proust) de Albertine desaparecida, que no llega a las 200 páginas. Sublime.

  4. saint jacob Says:

    …Para completar la data cinéfilo-Proustica… Chantal Akerman realizó una personal versión de ‘La Prisonera’ (5to tomo) en ‘Le Captive’ (2000)… Percy Adlon hizo una especie de Bio de la relación de Proust con su ama de llaves (Cèleste, 1981)… tambien hay producciones que no llegaron a ralizarse: la de Visconti (quien quería resumir los siete tomos en una película -¡¡¡!!!-), y la de Joseph Losey en los 70′ (con guión de Harold Pinter)…Nina Companeez hizo una adaptación tipo ‘serie’ para TV, en Francia, creo que en 2011… también hay una versión en historietas (bueno, ‘cómics’, serían ahora) por Stéphane Heuet…

  5. Mastro Says:

    Reiriz, si no es molestia ya que Ud. está en el tema: ¿qué otros autores, como dice de Proust, no pierden con la traducción? La verdad es que comencé con la traducc. de Estela Canto (terminando el primer tomo) y la estoy disfrutando mucho, me parece hermosa, aunque no he leído otras versiones.

  6. Marcia C. Reiriz Says:

    Mastro: No se puede generalizar demasiado. Depende un poco del autor y de su estilo y del traductor. Una traducción perfecta, para mi, es la que hizo Julio Cortázar de las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar. También agregaría la de La Peste de Camus que hizo Rosa Chacel. Proust ha tenido suerte. Como ya dije, en general todas las traducciones son bastante buenas. Aclaro que solo opino sobre escritores franceses porque es el idioma que domino. No me atrevería a avanzar en literatura inglesa. Un saludo

  7. Yupi Says:

    Agrego a la lista de Reiriz la traducción de Marcelo Menasqué para la editorial Rueda. Cortázar la menciona en Los premios, si mal no recuerdo. Creo que fue la primera traducción argentina de Proust.

  8. Maria C.Reiriz Says:

    Yupi: ES cierto, la había omitido injustamente. ES buena y no creo que este debajo de la de Pedro Salinas. Lo que pasa es que yo estoy más habituada a esta. Menasche incluso tradujo El caso Lemoine. Gracias Yupi.

  9. Mastro Says:

    Voy a anotarme la traducción de Chacel de La peste. La leí en una traducción de edicion de DeBolsillo y estoy seguro que no era ella la traductora, sin corroborarlo. Es todo un tema porque le cambian el gusto al libro los traductores. Pienso en Nabokov, que en las ediciones de Anagrama traduce uno de los Zulaikas o Aurora Bernárdez, me dejó gusto a poco y ahora empecé con las traducciones al inglés y me parecieron mucho más legibles. Son traducciones del hijo y seguramente intervino siempre el autor.

  10. Rodrigo Says:

    Cuando termines a Proust, que es un escritor genial, el gobierno de Mauri va a estar más cerca de arruinar el país pero la culpa va a ser de CFK y la korrupción. Acordáte lo que te digo, vamos al abismo.

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