Bitácora de la hija de Neptuno (146)

por Flavia de la Fuente

25 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NE 21 km. Olas: 0,5 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 34′.

27 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NE 31 km. Olas: 1 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 14′.

28 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NE 28 km. Olas: 0.8 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 15′.

2 de abril

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NNE 38 km. Olas: 1,1 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 16′.

Nunca me dejé estar tanto con las bitácoras.

Pero tuve una razón.

En el medio, hicimos un viaje relámpago a Buenos Aires.

Para asistir a la boda de unos queridos amigos.

Fuimos y volvimos.

Apenas alcancé a ver a mi mamá, mi hermana y a Gabi.

La boda fue hermosa.

Estoy contenta de haber ido.

Aunque tanto la novia como yo estábamos nerviosas.

Quizás todos estaban nerviosos.

Y eso que respiré y continué con mi práctica zen.

A veces el stress nos vence.

Pero hay que seguir respirando.

Aunque en Buenos Aires se complica.

Por ejemplo.

Una mañana, iba caminando por Santa Fe con un poco de ansiedad.

Me llamé a refugiarme en mi isla interior.

A inhalar y exhalar.

A caminar de manera consciente.

A sentir el placer del aire que entra y sale de mis pulmones.

Pero descubrí, desolada, que en la ciudad es horrible.

Que lo que entraba en mis pulmones no era aire.

Era algo quemado.

Que no daba ningún placer inhalar.

Difícil hacer una caminata zen por la Avenida Santa Fe.

Aunque, por suerte, encontré calles mejores.

En Coronel Díaz pude gozar del aire.

Quizás ayuden las tipas tan antiguas.

Y en Palermo Viejo también.

También respiré en el subte.

Con 200 grados de temperatura en el andén.

Y trenes llenos de sardinas.

Como el mar.

Pero respirar ahí me sirvió.

Respiré hasta llegar a la estación.

Y me sentí bien, pese a todo.

Es un problema eso de ser una monje zen pueblerina.

Que vive al borde del mar.

Con aire absolutamente puro.

————-

De todas las nataciones que no describí hay que destacar una.

Que nos llevó hasta el vivero.

Era un día ventoso, como todos los de fin de marzo.

Y principios de abril.

El agua estaba tibia.

Y la corriente muy definida.

Tan fuerte era la corriente que en 34 minutos llegamos.

Y nos quedamos con las ganas.

Pero el vivero queda a dos kilómetros de casa.

Después hay que volver con viento en contra.

Eso cansa más que nadar.

La playa era inmensa.

Caminamos felices.

Sintiéndonos dos dioses.

Recién nacidos.

Hijos de Neptuno.

—————-

Después se nos fue complicando todo.

Cada vez nos cuesta más pensar en viajar a la ciudad.

Nos ponemos muy nerviosos.

Así que nadamos poco.

Pero nadamos.

Ayuda a aliviar los dolores.

Del cuerpo.

Y del alma.

—————

Hoy, hacía ya varios días que no nadaba.

Me dolía la espalda, la cadera.

Me costó dormir a la noche.

En fin, que era una piltrafa.

Ni bien logré salir de la cama, decidí dedicarle el día a Solita.

Dos paseos a la mañana.

Y uno a la tarde.

Y disfrutar de mirarla.

Ver qué hace mi querida amiga.

Es muy grato contemplar a los perros.

Son muy graciosos.

Siempre tienen ocurrencias nuevas.

Son impredecibles.

Y adorables.

—————-

El primer paseo fue por las plazas.

Primero una que queda a dos cuadras.

Después por la de enfrente.

El viento me intimidó.

No me animé a ir a la playa.

—————

La costanera tiene un aspecto desértico.

No solo porque ya no hay nadie.

Sino porque se está convirtiendo en un médano.

Las cunetas tienen arena.

Los estacionamientos de los balnearios son areneros también.

El muelle se está hundiendo de nuevo.

Y el balneario Punta Ignacio quedará sepultado.

Si no viene rápido una grúa a sacar arena.

Es que el viento del Este sopla hace unos 10 días.

Todo se llenará de arena.

El otro día nuestro amigo Humberto nos comentó que se mudó.

El vivía en la costanera, en la parte de arena.

Y ahora vive a 5 cuadras del mar.

Yo le dije: “Debés extrañar la playa cerca”.

“Noo”, me contestó.

“No sabés lo que es vivir ahí. Todo el día sacando arena. Se te viene el médano encima.”

Humberto está feliz viviendo lejos del mar.

El que es un gran nadador.

Se hartó de la arena y del ruido del viento.

A nosotros no nos afecta la arena.

La calle es asfaltada.

Pero el viento sí.

Es enloquecedor.

Cuando sopla el E o NE golpean todas las ventanas.

Es casi como vivir en un barco.

En medio de la tempestad.

Pero, a mí me encanta vivir frente a la playa.

Y ver el mar por la ventana.

Aunque sea un pedacito.

Y ver los colores del atardecer en el horizonte.

———-

Volvamos a la natación de hoy.

El segundo paseo con Soli lo hice por la playa.

Ventosa, horripilante.

Con un mar marrón.

Como no había hace tiempo.

Pero vi un par de valientes bañándose.

Y les pregunté si estaba linda el agua.

Me dijeron que estaba hermosa.

Llegué a casa acalorada.

Después de la caminata rápida y consciente con Soli.

Fui a buscar al Osi a la cama.

Está mirando, como siempre, la Premier League.

Le dije que teníamos que ir al mar.

Me sacó volando.

Le insistí.

Le rogué que se diera aunque sea un chapuzón.

Que lo hiciera por mí.

——

No costó mucho convencerlo.

Quintín sabe el valor de las aguas benditas.

Y él también se sentía mal.

Quizás andamos con síndrome de abstinencia.

—————-

Cuando terminó el primer tiempo de no sé qué, fuimos al mar.

No saben lo agresivo que parecía todo.

Peor imposible.

“Qué feo que está el mar”, se quejaba el Osi.

“Sí, está horripilante. Oscuro, picado.”

Y para colmo un viento infernal.

Yo me puse las antiparras ni bien salí de casa.

A modo de anteojos protectores anti-viento.

———-

Llegamos protestando hasta la orilla.

Y nos seguimos quejando mientras nos mojábamos.

Pero cada vez menos.

Hasta que nos callamos.

Y nos pusimos a nadar.

———-

A través de mis antiparras se veía todo marrón oscuro en la orilla.

Pero a medida que fuimos entrando, el agua era de un color más claro.

Nadamos cuatro minutos para adentro.

Y nos dirigimos hacia el Norte.

Con las olitas del mar picado en contra.

Era maravilloso.

Yo hubiera seguido nadando.

Pero el Osi tenía miedo de cansarse.

Así que cuando llegamos al Aguila salimos.

Yo tenía mucha fuerza todavía.

Nadé a toda velocidad hasta la costa.

Quería sentir el deporte.

De nuevo gozar del aire infinito.

Que entra y sale sin esfuerzo de los pulmones.

Creo que nadaba casi sin respirar.

Ni conté cada cuantas brazadas.

Euforia de la velocidad.

————

Salimos y agradecimos haber ido al agua.

“Qué privilegio”, repitió Quintín como todos los días.

“Pero tenemos que nadar más”, le dije yo.

“Estoy nadando menos que en pleno invierno”, comenté.

“Mañana, si vos salís, yo sigo un rato más”, agregué.

Soy la hija de Neptuno.

Necesito nadar más tiempo mientras el agua está tibia.

Me quedan unos días nada más.

Porque después nos vamos al Bafici.

Y a la vuelta es mayo.

Con el agua a 16 grados de máxima.

Todo bien.

Todavía son aguas templadas.

Pero ahora está a 22.

Es un lujo.

Y después viene junio con aguas a 13 grados.

Desde mañana, empiezo a nadar más tiempo.

Es una decisión tomada.

Aunque debo confesar una debilidad.

Me gusta volver a casa con el Osi.

Venimos charlando.

Me alcanza la toalla para que me bañe.

No sé.

Me da cosa quedarme sola en la playa.

Pero lo tengo que hacer.

Porque soy una deportista.

Además de monje zen.

Y esto de nadar 15 minutos es demasiado poco.

Para la hija de Neptuno.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: