Una escritora lee a otra

Publicada en Perfil el 26/3/17

por Quintín

En el segundo capítulo de La habitación alemana de Clara Maliandi, la protagonista lee Enero de Sara Gallardo, una novela sobre una mujer que, como ella, está embarazada sin haberlo deseado.

Gabienelmuelle

Publicada en 1958, la primera novela de Gallardo describe el funcionamiento feudal de la estancia argentina a partir de la violación (entendida como un pecado y un desliz femenino), de la hija adolescente de un puestero. Gallardo es elegante, condescendiente, conoce el campo y usa los lugares comunes del naturalismo para que el relato se cierre sobre sí mismo. Enero tuvo excelentes reseñas. Hoy, la autora integra el corpus de la literatura argentina reeditable y es difícil que se hable mal de su escritura. Hace sesenta años, en cambio, había opiniones adversas. Por ejemplo, Borges, Bioy y Silvina Ocampo, según cuenta Bioy en su Borges. La entrada del 27 de julio de 1959 empieza diciendo “Todo Buenos Aires, letrado o iletrado, se maravilla con el librito Enero de Sara Gallardo”. Ocampo lo atribuye a que “trata con seriedad la historia de una persona humilde”. Pero Borges la descuartiza: “No es que a la autora se le ocurre hacer que la heroína cometa errores de razonamiento, sofismas; desde luego, la autora normalmente piensa por medio de sofismas; es la manera natural de desarrollar su pensamiento”. En una entrada de veinte años más tarde, cuando ya Gallardo ha publicado Los galgos, los galgos y Eisejuaz, Borges completa: “Yo quería escribir una Odisea y un Martín Fierro, ahora los jóvenes quieren escribir una novela de Sara Gallardo”. Como venganza anticipada, en Enero hay una familia de malandras, que incluye a unos gemelos repulsivos. Gallardo los bautiza como Los Borges.

La narradora de Maliandi vive en una residencia de estudiantes aunque ella no lo es. Una noche de insomnio baja al comedor y se queda leyendo Enero desde las tres de la mañana hasta después del amanecer. Eso ocurre a principios de agosto en Heidelberg, donde el sol sale a eso de las seis. Pero Enero es una novela muy corta, se lee tranquilamente en una hora y media (lo mismo que La habitación alemana). Ese recuerdo impreciso es una buena metáfora de la relación entre ambas novelas, de cierta nostalgia brumosa que Maliandi exhibe por una época más nítida: la de una infancia en Heidelberg con padre filósofo y exiliado, época de guitarreadas latinoamericanas de la que emerge un discípulo enfermo (tal vez con sida) cuyo novio terminó desaparecido en los setenta y que hoy sigue enseñando a Carlos Astrada, el pensador nacional-heideggeriano. Realidades terribles pero tangibles, más sólidas que un presente en el que todo es mucho más líquido con sus japonesas chifladas, sus turcos bisexuales, sus tucumanos que hacen brujerías a la distancia, sus estudiantes internacionales indistinguibles y huérfanos. No hay nada nítido ni explícito en el rechazo de la autora por el mundo sin fervor de un presente que solo admite finales ambiguos, pero Maliandi parece evocar la novela de Gallardo como si esa seguridad infalible con la que la escritora describe un mundo rural sórdido, conservador y eterno fuese un horizonte perdido de la literatura, una posibilidad que se ha desvanecido junto con la imaginada y promisoria juventud de su padre en La Plata en el momento en que se publicaba Enero.

Foto: Flavia de la Fuente

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5 comentarios to “Una escritora lee a otra”

  1. Maria C.Reiriz Says:

    Siempre tuve cierta simpatía, un poco prejuiciosa y dogmática, por Sara Gallardo. Pero confieso que su prosa no me atrae. Es muy lineal y en algunas obras como Los Galgos Los Galgos, desprolija y falta de sutilezas. Rescato un poco más Eisejuaz y algunos textos breves. En cuanto a Enero, me parece muy predecible. Reitero, la leo con ganas de que me guste, pero no lo consigo del todo. Tampoco quiero pecar de soberbia. Un saludo

  2. Yupi Says:

    Hay una más cruel. Alguien en la Academia de Letras cita como autoridad a Sara Gallardo. Borges pregunta: “¿Qué clase de autoridad es esa? Usted la toma en serio por la casualidad de que su nombre está impreso en un libro”. Cuac. De Gallardo me gustaban más sus artículos periodísticos que la ficción. Una posible genealogía: familia acomodada – Martínez Estrada – Murena. De los estancieros a los indios, o del racionalismo al ocultismo. No leí la novela de Mailandi pero ya conocí varios casos de hijos de exiliados sin malos recuerdos del exilio, ni obsesionados con la historia de sus padres. Me pregunto si obedecerá a una crianza inteligente de los padres o al simple paso del tiempo. Como sea lo encuentro saludable.

  3. Larsen Says:

    Una pregunta que no tiene que ver con esta nota: ¿viste La academia de las musas? Si mal no recuerdo, Guerin no te generaba muchas simpatías, y quería saber qué te había parecido esta última (a mí no me gustó). Saludos!

  4. lalectoraprovisoria Says:

    A mí tampoco.

    Q

  5. Omnia vanitas Says:

    Carla Maliandi no es hija de padres exiliados. Es la hija de Ricardo Maliandi, un filósofo platense doctorado en Alemania, que fue durante años profesor de Ética en la UBA. Maliandi sufrió una suerte de exilio interior cuando subió el gobierno radical debido a que dos de los que se disputaban el puesto de filósofo del alfonsinismo, Guariglia y Rabossi, no soportaban que alguien se dedicase a las mismas cuestiones que ellos. Lograron cerrar el Centro de Investigaciones Éticas que había fundado Maliandi en la Facultad de Filosofía y Letras e impidieron que se le otorgase el grado de Profesor Consulto. Ya han muerto los tres: vanitas vanitatum, omnia vanitas.

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