Messi y Neymar

por Quintín

Ayer, viendo Argentina – Chile, sufrí un desagrado futbolístico severo. A esta altura estamos acostumbrados a ver jugar mal a la Argentina, a que sea un equipo partido, con jugadores que no se asocian, que sienten miedo, que cometen una absurda cantidad de infracciones (no es casualidad que diez de los once titulares salieran a jugar amonestados), que quieran ganar de cualquier modo (especialmente haciendo cosas que llevan a no ganar), a los que jugar al fútbol les parece un fastidio y la pitada final un alivio incomparable. Pero ayer, a un resultado mentiroso logrado con ayuda del árbitro, se le agregaron algunos detalles que me irritaron de un modo particular.

En primer lugar el campo de juego. Nadie explicó por qué se jugó en una cancha poceada y llena de barro, de la que debieron salir tres jugadores lesionados. No logro entenderlo y hasta sospecho que el técnico puede haber ordenado deteriorarla a propósito. Eso sería coherente con la extraña conducta de Bauza en las últimas semanas, que parece haber perdido la razón con sus declaraciones triunfalistas que culminaron en el ridículo de ayer, cuando sostuvo que el equipo había jugado un partido excelente. Estas provocaciones a los periodistas y a los hinchas no se veían desde que Maradona fue técnico de la selección. Y ese no fue un gran momento del equipo.

Pero más me preocupó el enojo de Messi con los jueces de línea. A uno lo insultó en el primer tiempo delante de la cámara. Al otro le faltó el respeto y lo persiguió hasta después de terminado el partido por una jugada intrascendente. Es como si a Messi lo hubieran cargado no solo con la obligación de hacer ganar al equipo sino con la de encarnar una figura que nunca fue, la del capitán prepotente. Esto lo ha llevado a un estado de peligrosa intemperancia y, sobre todo, de llamativa infelicidad. Esta temporada ya lo vimos hacer cosas parecidas en el Barcelona y sería muy importante recuperar a ese jugador sonriente que durante años estuvo más allá de las peleas, las ofensas y las mezquindades. Pero no me parece fácil. Hoy tanto el Barcelona como la Selección, sus dos equipos, juegan mal y lo ponen en una situación indeseable, en la que Messi y sus compañeros dependen cada vez más de los resultados.

Como para desintoxicarme de la oscuridad de la selección argentina y sus crecientes miserias, esta mañana vi Uruguay – Brasil. Ya sabía el resultado, lo cual es poco aconsejable para ver futbol, a menos que uno sea el técnico de un futuro rival. A eso se agrega que, cuando uno sabe que hubo una goleada, lo que finalmente se ve resulta menos espectacular de lo que se espera. Ciertamente, que este Brasil, que ganó todos los partidos desde que cambió de técnico y soltó a sus jugadores para recuperar algo del viejo estilo, ganara cuatro a uno en el Centenario era una promesa de reivindicación del que quiere jugar contra la consuetudinaria miseria futbolística uruguaya, agravada en los últimos años por el técnico Tabárez.

Pero lo que vi en la goleada brasileña fue otras cosas. La primera es que el resultado fue en buena medida consecuencia de la tremenda actuación de Neymar, que sobresalió a un nivel que hace tiempo no veo en un partido de selecciones. Abucheado por los uruguayos en el comienzo del partido cada vez que tocaba la pelota, Neymar respondió haciendo todo bien: condujo a su equipo, gambeteó rivales de a tres, aguantó patadas, definió en el tercer gol con una exquisitez pocas veces vista. Jugó calmado, sereno, seguro, alegre, confiado en su potencial y en el de sus compañeros. O sea, jugó como uno quiere que juegue Messi, pero Messi está cada vez más lejos de jugar así aunque en cada partido ofrezca alguna muestra de su talento.

Por lo demás, Brasil fue menos de lo que indica el resultado y no jugó tan bien como en partidos pasados. Es cierto que le falta el crack Gabriel Jesús y que su reemplazante Firmino está lejos de su estatura. También que Philippe Coutinho está muy bajo desde hace meses, pero solo el brillo de Neymar y la sorpresa de este Paulnho, jugador de 28 años y de extrañísima trayectoria que se destapó con tres goles (dos de ellos de gran clase), el resto lució correcto pero no totalmente eficaz en defensa y tampoco tan inspirado en ataque. Este Brasil de Tite no es la máquina miserable de Scolari y Dunga (que dios los tenga apartados de las canchas para siempre) e intenta ganar con la posesión de la pelota, con un juego asociado, con futbolistas que se acompañan y tienen libertad para intentar algo más que la jugada vertical y previsible. Sin embargo, por momentos desnudan limitaciones con la pelota o con la posición, fallas en el juego aéreo y hasta cierto exceso de confianza.

Enfrente, Brasil tenía a la acostumbrada formación uruguaya compuesta de rechazadores, empujadores y cabeceadores, ayudada por el talento de algún delantero (ayer casi exclusivamente Cavani, de gran momento, más una pequeña lucidez de Sánchez). Uruguay juega a defender en todas partes y a atacar poco y de modo limitado, con lanzamientos a dividir y pelotas paradas. Pero con esas limitaciones, hasta que la resistencia se quebró con el tercer gol, tuvo momentos en los que logró dificultar la salida de Brasil e inquietarlo con cada pelota al área. El partido tuvo un momento interesante en el segundo tiempo, cuando los dos intentaban imponer su estilo. Brasil trataba de salir jugando desde atrás y Uruguay presionaba para tapar esa salida, provocar detenciones del juego y tirar centros. Brasil mantuvo la convicción por momentos: la posesión del segundo gol llegó porque el arquero se rehusó a reventar la pelota y la arriesgó frente a un delantero. Pero en otros se dejó llevar por la vieja tentación del pelotazo quinielero. Pero como ayer Neymar estaba en una gran noche, hasta eso le dio resultado y el tercer gol vino de ese modo. El cuarto ya fue lujo y paseo, pero no fue tan representativo del partido como afirmaban los relatores.

La impresión que me quedó fue doble. Por un lado, que Brasil está a mitad de camino de volver a alegrar a los hinchas de todo el mundo con un equipo que se siente libre y amigo de la pelota. Por supuesto, conociendo el exitismo brasileño, todo depende en buena medida de que, desde ahora hasta el título en Rusia, no tenga ningún tropiezo que enfríe la confianza. De todos modos, lo que está haciendo en la eliminatoria es histórico y completamente distinto de los horrores de las últimas tres décadas. Por otro lado, creo que Uruguay sigue siendo desagradable pero sólido. Las convicciones que Tabárez les transmitió a los jugadores son lamentables pero medianamente efectivas y estos las ejecutan como disciplinados soldados que confían en la victoria con los recursos que tienen. Hoy, eso es más de lo que puede ofrecer la ambigua, desesperante selección argentina que ayer demostró que no se trata de poner a un jugador y sacar a otro sino de empezar a jugar a otra cosa. Por el bien de Messi, al menos sería bueno que lo intenten.

Foto: Gabriela Ventureira

9 comentarios to “Messi y Neymar”

  1. JC Says:

    La Argentina de ayer con el cráter en el medio de la cancha me recordó a la del 0-4 con Alemania en 2010, las diferencias fueron el rival y el regalo del árbitro. Que además el dt afirme que el rendimiento fue excelente me hace temer lo peor, rendimientos grises que tarde o temprano terminarán con una goleada humillante en contra. La única esperanza sería que un nuevo presidente de afa corrija el desatino y traiga a alguien que valga la pena pero me parece muy díficil.

  2. Yupi Says:

    Buena nota, ya las extrañaba. Neymar lleva varios meses en un nivel superlativo. El nombramiento de Bauza no tiene perdón. Quizá nadie quería conducir ese loquero y asumió porque no había otro, no sé, pero no tiene perdón. Es la catástrofe.

  3. Diego Says:

    El supuesto gran acierto de Sabella fue un gran error, la dupla Masche-Biglia.
    Ningun equipo decente en el mundo juega con un doble 5 de pura marca como Argentina.

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Bueno, los hermanos uruguayos juegan así.

    Q

  5. burzaco Says:

    Hay que clasificar y punto.
    Para firuletes brasil -alemania del pasado mundial….

  6. lalectoraprovisoria Says:

    Sí, buen ejemplo. Brasil quería ganar y punto. Le hicieron siete. A la Argentina, así como va, le puede pasar lo mismo.

    Q

  7. Santi Says:

    En el 6 a 1 del Barcelona al PSG, Messi desapareció -probablemente porque no creía en poder revertir el resultado- mientras que Neymar puso la cara y ganó la eliminatoria (la lucidez en el pase final a Sergi Roberto es la prueba).
    Incluso Messi fue tan consciente de que su aporte a la remontada fue nulo, que hasta le dió verguenza ir a festejar el último gol con sus compañeros y prefirió hacerlo solo.
    Hace rato que se lo ve perdido a Messi, desde aquella renuncia a la Selección, a la que seguramente volvió por presiones de sus sponsors.
    Bauza es un técnico de una mezquindad aberrante. Unicamente una dosis altísima de fortuna -sólo comparable a la de Ramón Diaz- lo puso en el lugar en el que está. Buena parte de su llegada a la Selección se la debe a la Libertadores que ganó con San Lorenzo, quizás la más devaluada de los últimos 50 años (los semifinalistas fueron SL, Defensor Sporting, Bolivar y Nacional de Paraguay).
    A lo mejor una goleada en contra esta noche en la altura produce el milagro de que le den un voleo en el orto a Bauza y pongan en su lugar a algún DT honesto y valiente como Gallardo o Almirón, o al prócer que todos los argentinos nos merecemos: Carlos Bianchi (con Román de 10). Ojalá.

  8. Yupi Says:

    Cuatro fechas + Bauza. Ni al propio Hitler se le habría ocurrido un combo más tétrico. Mientras tanto en algún lugar del conurbano…
    http://deportes.elpais.com/deportes/2017/03/28/actualidad/1490695811_607288.html

  9. Santiago Says:

    Queda alguna duda que lo de Messi fue premeditado? Qué se hartó de poner la cara por Bauza y el peor plantel de los últimos 60 años? Si renunciaba iban a decir que era un un sorete y un cagón; con la suspensión (totalmente exagerada) queda como una víctima de la mafia de la FIFA. Subestimamos la inteligencia de Messi: ahora sí está claro que es un genio.

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