Bitácora de la hija de Neptuno (143)

por Flavia de la Fuente

20 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 21 grados. Viento: NE 16 km. Olas: 0,6 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 28′.

Sin saberlo estuve sentada al sol durante el equinoccio otoñal.

Y saqué fotos de la luz que se nos va.

Las tomas son de apenas unos minutos antes.

A las 10.20 empecé.

Solita y yo lo presenciamos desde el médano.

Fue a las 10.29 de hoy.

Y nosotras nos sentamos a contemplar a las 10.19.

Y nos quedamos unos veinte minutos.

No sabíamos qué estábamos viendo.

Solo descansábamos.

Y sentíamos la brisa del Noreste y el sol en la cara.

—————-

Hoy empieza la noche austral.

Y el frío en el mar.

Aunque eso tarda.

Todo marzo y hasta mediados de abril viene bien.

Nadaremos con temperaturas templadas, entre los 18 y 20 grados.

Recién a fin de mayo se complica de verdad lo del frío.

Aunque hoy mismo, si me preguntan, sentí el agua helada.

————-

Por acompañar a Quintín en el sentimiento, nado con un traje de verano.

Aunque mañana ya es otoño.

En realidad, hoy ya había largado el otoño astral.

Pero me parece que nadar con poco abrigo me ayuda a ser piadosa con mi pobre marido.

Si yo tengo frío con mi traje de triatlón, el Osi se debe estar congelando.

También hay que decir que yo soy más friolenta.

————–

Me preocupa el invierno.

No sé si este año me animaré a las aguas heladas.

Hoy por hoy, la idea de un mar a 10 grados me da miedo.

Pero el año pasado me gustaba.

Vamos paso a paso.

Lo que pasa es que hace 15 días hubo una ola de calor tremenda.

Con el agua a 24 o 25 grados.

Y se produjo una baja súbita muy significativa.

En el aire y en el agua.

Ya nos acostumbraremos.

———

El jardín se sigue hundiendo en las penumbras.

Hay tanta oscuridad y humedad que crecen distintas variedades de hongos.

Algunos parecen champiñones.

Otros son más raros.

Hay grises, blancos, beige y negros.

Espero que no sean venenosos.

Seguro que Ella probó alguno.

Y Janis también.

Hasta come y vomita broches de plástico.

Pero, por suerte, deja la parte de metal.

————————

Otra noticia relevante.

Los búhos de la playa son diurnos.

Hoy estaban los muy malditos a pleno sol.

Festejando ellos también el equinoccio.

En el médano también observé los escarabajos.

Quintín dice que ahora vienen más alargados.

Que ya nos se parecen al “Escarabajo”, el auto de Wolkswagen.

Desmiento categóricamente su afirmación.

Hoy vi paseando varios por los médanos y eran bien redonditos.

Quizás, al verlos muertos y apilados de a miles den otra impresión.

O tal vez haya dos tipos de bichos.

Seguiré estudiando.

————

Como ayer quedé muy cansada, hoy quería nadar poco.

Sobre todo, no nadar muy fuerte.

Bracear normal.

Relajada.

Ir a la par con Quintín.

Y también quería nadar menos de media hora.

Unos 15 minutos.

Para que el Osi no se canse tanto.

Tiene mucho trabajo y quizás le haga mal tanta agua fría.

————

Nos metimos en el Riazor.

Atravesamos las dos rompientes y nadamos.

Yo iba muy suave.

Haciendo fuerza pero sin apurarme.

Un braceo pausado y sólido.

Me daba un poco de frío nadar tan lento.

Pero pensé que mi cuerpo necesitaba reposo.

El Osi, para mi sorpresa, no iba a mi lado.

Se me quedaba atrás.

Fuera a la velocidad que fuera.

Como si no nadase.

Le pregunté si quería salir, si estaba bien.

“Tengo un poco de frío, pero vayamos hasta el Aguila”.

Me pareció imprudente, pero era difícil de contradecir.

Habíamos nadado 18 minutos y apenas habíamos pasado el muelle.

Es que hoy la corriente no ayudaba.

Acabo de consultar la tabla de mareas y veo que la curva es muy suave.

Eso quiere decir que hay poca corriente.

Y, además, teníamos un vientito en contra.

Con las molestas olitas chicas que el Osi detesta.

A mí me gustan.

Me invitan a correr.

A desafiarlas.

Aunque hoy no lo hice.

Nadé a velocidad de crucero.

Siempre igual.

Respirando cada 6 u 8 brazadas.

Una monje zen acuática.

En un momento dado, me agarró frío.

Me acerqué a Quintín y le dije que era hora de salir.

“Sí, vamos”, me dijo tristón. “Ni siquiera llegamos al Aguila. Nademos en diagonal”.

Así lo hicimos y salimos justo en el Aguila.

Al menos una pequeña alegría para mi querido marido.

Volvimos caminando muy despacio.

Yo estaba como atontada del frío.

Necesitaba moverme más.

Le dije a Quintín: “Y si caminamos un poco más rápido?”

“No puedo. No doy más. No sé qué me pasó hoy. Fue muy duro. No podía nadar.”

Muertos de tristeza caminamos lentamente hacia el muelle.

Lo consolé diciéndole que con el súper desayuno y la ducha recobraría la vitalidad.

Le preparé su ración con mucho amor.

Y comimos juntos.

Yo me serví un platito con miel, queso y nueces.

Me volví adicta a la miel.

Me da alegría.

Como solo una cucharadita durante el segundo desayuno.

Es una buena combinación con el queso y las nueces.

Parece algo nutritivo.

——–

El Osi lee y se lo ve cansado.

Ahora le llevé la mitad de una banana para ver si mejoraba.

El otro día, me contó, que le dieron una banana a un jugador de fútbol que se sentía muy cansado durante un partido.

Mañana vamos a nadar menos, si es que nadamos.

No hay que abusar.

Ayer me cansé yo por pasarme de viva y bracear a lo loco.

Y hoy le tocó a Quintín.

Ah! Santiago García logró correr la maratón de Los Angeles.

Me dio una alegría enorme que lograra terminar la carrera sano y salvo.

Uff. Quién me mandó a seguir la vida de un atleta.

Sus aventuras perturban mi serenidad, me dejan sin aliento.

Será hasta la próxima.

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