Bitácora de la hija de Neptuno (142)

por Flavia de la Fuente

19 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 21 grados. Viento: N 12 km. Olas: 0,5 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 30′.

Ultimo domingo del verano.

tomatitos

Fuimos a nadar a eso de las 11 de la mañana.

Nos metimos a 200 metros al Sur del Muelle.

El mar estaba bajo.

Y frío.

La marea subiendo.

Arranqué nadando tranquila, como siempre.

Y a los cinco minutos empecé a apurar.

Nadé duro todo el tiempo.

Aunque hoy estaba cansada.

Y ni siquiera tenía valor para meterme en el mar.

Estaba cansada porque dormí mal.

Necesitaba ánimos para bracear.

Recordé que era una atleta.

Que tenía que dar lo mejor de mí.

Y braceé y braceé.

Sin nunca perder de vista al Osi.

Que hoy también estaba cansado.

Cuando las fuerzas flaqueaban, pensé en Santiago García.

Que debe estar corriendo la maratón de Los Angeles.

Y eso me sostuvo en el esfuerzo.

————-

Cuando llegamos al Aguila, Quintín me dijo que tenía frío.

Y que estaba cansado.

También me preguntó si yo quería seguir un rato más.

“Salgamos. Yo también estoy cansada”, le dije. “Ya nadamos 20 minutos”.

Pero se ve que estábamos lejos de la costa, porque tardamos 10 más en salir.

Y también ahí nadé fuerte.

Con toda mi energía.

————-

Volvimos caminando rápido.

Yo quería corretear pero el Osi me pidió que camináramos juntos.

Creo que me salvó.

Porque hoy quedé palmada.

Y, para colmo, me morí de frío al llegar a casa.

Es raro, porque no es un día otoñal.

Hacen 21 grados y sopla el viento Norte.

———-

Quintín tenía que hacer un mandado y tuvo un gesto amoroso.

Vio que el sol en la plaza de enfrente era muy agradable.

“¿Por qué no me esperás sentada en ese banco al sol?”, me invitó

“Ya vuelvo y nos quedamos 10 minutos juntos tomando calor”, agregó.

Me conmovió el gesto tan cuidadoso.

Yo tenía mucho frío, y él se dio cuenta.

Y él también estaba congelado.

———-

Disfrutamos juntos del sol casi otoñal.

Quintín odia sentarse al sol.

Salvo después de nadar.

En otoño o en invierno.

Me gustó ese momento zen.

Festejamos juntos el día de hoy.

—————

Volvimos a casa y preparé el súper desayuno.

No saben la alegría que me da ese momento.

Elegir qué le pongo.

Que quede prolijo.

Cada cosa que agrego me da alegría.

Es un plato de alimento para mi querido Osi.

Algo que espero que le haga bien.

Y que, además, le guste.

Y él lo disfruta mucho.

Dice que ese es el mejor momento del día.

Escribo esto con una media sonrisa en la boca.

Es algo muy especial preparar esa comida.

Es otro gesto amoroso.

Y me hace muy bien.

————-

Hay dos tomates ya listos para comer en el jardín.

Les acabo de sacar una foto.

Eso de las huertas es lindo.

Me gusta regar todos los días la albahaca, el romero y los tomatitos.

No vamos a comer demasiado.

Pero es encantador.

—————

Solita está en el jardín.

Toma sol todo el tiempo.

¿Pasará frío en casa?

¿Estará enojada?

El problema es que mientras Soli está afuera, las otras dos están encerradas.

Pero a las nenas les encanta hacer fiaca en la cama.

Así que no me preocupo.

Cuando Soli vuelva a casa, las soltaré a Ella y a Janis.

Son tres bombones.

Las flores más lindas de mi jardín.

———

Ayer descubrí que hay un Facebook de mi monje Thich Nhat Hanh.

Y también una página oficial de su comunidad Plum Village (http://plumvillage.org/).

También hay miles de videos en YouTube.

Pero nunca miré ninguno.

Ni los miraré jamás.

Me dan miedo.

Me gusta que todo esto sea una experiencia solitaria.

Imaginaria.

Casi una fantasía.

Algo individual.

Una práctica libre.

Tranquila.

Nada de ser parte de un grupo religioso.

O de un grupo conductista.

Las ideas están buenas.

Pero para practicarlas en soledad.

Hacer el bien.

Sentirse bien.

Y solo respirando.

Y pensando.

Por eso:

Tengo miedo que mirar al monje me espante.

Las prácticas grupales no son para mí.

Yo soy la hija de Neptuno.

Un ser temeroso.

Y valiente, a veces.

Pero que siempre intenta ser libre.

A veces lo logra.

Otras no.

Y cuando no lo logra, se siente mal.

Así que prefiero solo leerlo.

Y fantasear mi propio credo.

Entender lo que puedo y quiero.

Inventar mi propio mindfulness.

—————

La visión es algo demasiado fuerte.

Y hablando de visión, también me enteré de que hizo una película.

Que se estrenará este año en Inglaterra.

Se llama Walk with Me.

 

Tampoco creo que me anime a verla.

Prefiero caminar con mi imagen de él.

Como lo hago todo el día.

Mi caminata consciente.

Respirando.

Sintiendo los pies.

Las rodillas.

Balanceando los brazos.

Sonriendo.

Gozando del milagro de caminar.

Recordando no irme del presente.

—————

Pero insisto, prefiero no ver cómo camina el maestro Thich.

Además, recién acabo de ver una foto del monje en silla de ruedas.

Me mató de pena.

Aunque él no debe sufrir.

Nada lo altera.

Es un sabio zen de 90 años.

Hasta la próxima.

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2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (142)”

  1. GabrielaV Says:

    Felicitaciones por los tomates!

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Todo llega. Los plantó Cristina a principios de enero y parece que podremos comer una ensaladita!

    Besos

    F

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