Bitácora de la hija de Neptuno (139)

por Flavia de la Fuente

11 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 21 grados. Viento: NNO 21 km. Olas: 0,4 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 30′.

13 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 21 grados. Viento: O 31 km. Olas: 0,4 m. Sol. Marea bajando. Tiempo de natación: 15′.

Silencio.

Sólo se siente el ruido del mar y el aullido del viento.

Otoño súbito.

Ayer agregamos una frazada a la cama, además del acolchado, para dormir bien arropados.

Empezó el frío.

También empezamos a tapar a Ella y a Janis.

Y se quedan quietitas debajo de sus mantas.

No puedo evitar sentir algo raro.

Es como si al verano lo hubiesen clausurado.

Como por decreto.

De pronto.

Alguien vino y dijo: se acabó.

Con Quintín pensamos que tiene que ver con los carnavales.

Esos 5 días infernales que coincidieron con el fin de febrero.

Y la ola de calor sofocante.

Tanto el calor como los turistas se fueron el 1 de marzo.

Y también se nos vació la casa.

Solo queda Vero dando vueltas por ahí.

Normalmente, la temporada se va acabando de a poco.

Este año fue drástico.

Una experiencia fuerte.

————–

Digamos que el pueblo vacío me gusta.

Por ahora sigue casi todo abierto.

Hasta Semana Santa.

Ahí es el fin de los días.

No hay más deliveries, cafés, restaurants.

A olvidarse de la civilización hasta las vacaciones de invierno.

—————–

Pero también se vienen cosas lindas.

Por ejemplo, hoy recuperaron su paseadora Ella y Janis.

Acabo de ir a la casita de al lado.

Ella no estaba.

Y Janis aullaba como si le hubiesen amputado una pierna.

Es desgarrador oírla.

Aunque estoy acostumbrada.

Cada vez que Graciela se lleva a Ella, Janis muere de angustia.

No aprende.

Actúa como si su hermana partiera para siempre.

Esas dos perritas no podrían vivir separadas.

Son casi siamesas.

Aunque también se pelean.

Y mucho.

Ella le tiene miedo a Janis.

Cada vez que les doy de comer siento la tensión.

Se deben disputar mi afecto.

Es medio tremendo.

Sé que no las tengo que mimar mucho.

Porque los celos entre perras tienen consecuencias trágicas.

Pero es difícil no mimar a las perritas.

Janis sigue aullando.

Solo lo hace en estas circunstancias.

Cuando se queda sin su hermana.

Si no, más bien es poco expresiva y estoica.

Aunque muy cariñosa.

Cuando le doy de comer, me pide primero que la mime.

Les pongo el plato a las dos al mismo tiempo.

Ella devora su ración y, mientras tanto, Janis me pide caricias.

Es siempre igual.

Cuando Ella termina de comer, Janis ataca su plato.

Y Ella se sube a la cama para que la mime.

Una vez terminado el almuerzo o cena empiezan las miradas raras.

La tensión en el ambiente.

Se huelen los culos.

Se mueven sigilosas.

A veces, hasta hay gruñidos de Janis.

Ella es la más cauta.

Una vez, cuando estaban en una guardería, Janis le lastimó la cara.

Así que la negra se cuida.

Sabe que tiene que ser prudente con su hermana.

Cómo llora la pobre Janis.

No para.

Graciela, la santa paseadora de los perros, intentó pasearlas juntas.

Para evitarle a Janis este momento tan desolador.

Pero a dúo por la calle o la playa son tremendas.

Atacan a todos los perros que se les cruzan.

Así que el plan fracasó.

Salen cada una por separado.

—————

Leí Brigitta de Stifter y me di cuenta de que era como un boceto de Verano tardío.

Esos personajes me encantan.

Son todos buenos, sensatos, trabajadores, no les interesa el dinero.

De pronto me di cuenta de que Quintín y yo éramos como esos personajes del romanticismo alemán.

Todos llevan sus diarios y anotaciones y trabajan en cosas rarísimas.

Como yo, que escribo esta bitácora casi todos los días.

Y Quintín que tiene una agenda muy cargada de lecturas, escritura, fútbol, cine y twitter.

Aunque si lo pienso bien, el Twitter lo expulsa del romanticismo.

Porque los personajes de Stifter son serenos.

Gente que busca la sabiduría.

La belleza.

La bondad.

Aman la naturaleza.

Viven retirados y en paz.

—————-

Hoy fuimos a nadar juntos.

Ayer se metió Quintín solo.

Yo tenía demasiado frío.

Lo acompañé a la playa, se dio un chapuzón de cinco minutos y salió.

Era la única persona en el agua.

Solita y yo lo esperábamos en la orilla.

Con un toallón.

————-

Después del día de descanso, hoy decidí volver al mar.

Pero había decidido nadar poco y sin hacer ningún esfuerzo.

Porque la última vez, nadamos media hora y le di duro.

Y volví casi trotando.

Y tiritando mucho durante un kilómetro.

Y después quedé de cama.

Como si me hubiesen hecho un electrochock.

Hasta tuve un poco de fiebre.

Nada, 37, pero era por el esfuerzo.

Creo que por la larguísima tiritada.

—————-

Así que hoy me puse el traje de triatlón y miré bien la hora.

No más de 15 minutos era mi plan.

Y no me permitiría ni un minuto más.

Sobre todo, porque Quintín estaba agitado.

No sé por qué.

Le tomé el pulso y lo tenía bien.

Quizás estaba nervioso.

Así que mejor ser prudente.

El se baña en malla.

Y había un viento fuerte y fresco.

————

El mar sigue bajando la temperatura.

Hoy está a 22 grados.

A fin de marzo quedará en 20.

20 es agua fresca.

Nos metimos al Norte del muelle.

Marea en bajante.

El agua estaba llena de tapioca.

Nadé muy tranquila.

Después del desagrado inicial ante el agua y el viento fríos, me relajé y disfruté del mar.

Braceaba segura, tranquila.

Sin apuro.

Pero con solidez.

Y respirando cada 6 u 8 brazadas.

Me sentía en forma.

Pero no quería abusar.

Además, veía que si bien yo no me apuraba, el Osi se quedaba atrás.

Y me preocupaba su respiración.

Seguramente no quería cansarse, por precaución.

Cuando llegamos al Fontainbleau, sugerí salir.

Y Quintín me dijo que estaba de acuerdo.

Salimos tranquilos, pese al viento Oeste y la tapioca.

A Quintín se le había normalizado la respiración.

Era puro nerviosismo.

15 minutos de respiración consciente en el agua lo curaron.

Aguas benditas.

—————–

¿Y la monje zen?

Ahí anda, respirando.

Caminando conscientemente.

Tratando de sonreír antes de abrir los ojos.

De sonreírle a todo lo que puede.

Haciendo las tareas con conciencia plena.

Tratando de cuidar a su segundo cuerpo.

Tarea difícil, esta última.

Está un poco perdida.

Abatida.

Pero sigue tenaz con la práctica.

Cree que nunca la va a abandonar.

Es demasiado linda la idea de poder refugiarse en uno mismo.

De la isla interior.

De llevar la serenidad a dónde uno vaya.

Solo inhalando y exhalando.

Perder eso sería muy triste.

Pero está complicado.

————–

A la tarde volví a la playa.

Fui a encontrarme con Vero.

Obviamente, fui con Solita.

Tomamos sol en Punta Ignacio.

Nos gusta contemplar el mar.

Sentir el sol suave del atardecer.

Reírnos de la pícara Solita.

Cuando se nos fue el sol, caminamos hasta el borde del mar.

Había una nena muy graciosa, desnuda.

Llevaba solo un pañuelo rosa en la cabeza como vestimenta

Y tomaba mate.

Era hermosa.

Le saqué fotos.

Hasta que me pareció que no le gustaba.

Que sentía timidez.

De pronto, apareció otra nena y le ofreció galletitas.

“No, ella no puede comer harinas blancas ni azúcar”, dijo el padre.

“Pero pueden compartir unos garbanzos”, sugirió el hombre

La nena sacó una bolsita de plástico con legumbres.

Y ante la cara extraña de la otra nena agregó:

“O cada una comer lo suyo”, si así lo prefieren.

La nena nudista comía los garbanzos como si fueran la golosina más deliciosa del mundo.

Le pregunté al hombre si eran turistas.

Me dijo que más o menos.

Que supieron tener una pizzería que trabajaban solo en la temporada.

Pero que ahora venían solo de vacaciones.

Que eran de Chascomús.

Y que vivían en una comunidad que se llama Akapacha.

Donde la alimentación es algo especial.

Me quedé atónita.

Una sangha en la provincia de Buenos Aires.

El padre y la nena parecían estar celebrando el día de hoy.

Se los veía felices.

Eran gente muy serena.

Hasta mañana.

2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (139)”

  1. GabrielaV Says:

    Muy linda y serena la bitácora, Flavia.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, Gabi san!

    Besos y gracias por leerme,

    F

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