Cómo cambiar en serio

Carrió en el programa de Fantino

por Quintín

Ayer vi a Elisa Carrió en lo de Fantino, que suele hacerle buenas entrevistas: le da lugar para estar distendida y así tiene aire como para pensar y expresarse con elocuencia y profundidad. La de ayer fue particularmente buena, porque en tres o cuatro frases, dichas en el medio de una relajada conversación sobre momentos de su vida y de sus libros, Carrió hizo una radiografía muy precisa de la situación política.

En primer lugar, Carrió dejó en claro su pelea interna, donde enfrenta la idea de Durán Barba (y de Peña, de Vidal y tal vez de Macri) de que Cambiemos tiene que ser simplemente un sello electoral para el PRO. En particular, los candidatos en la Provincia de Buenos Aires deben ser cercanos a la gobernadora y, sobre todo, no tener vuelo propio. Carrió descalificó a Jorge Macri sin nombrarlo, y lo hizo con una frase muy clara: “no me voy a oponer a lo que decida Vidal, pero tampoco voy a acompañar listas de impresentables”.

Retrocedamos un paso. Para todos los que queremos que al gobierno de Macri le vaya bien y el kirchnerismo sufra todas las derrotas posibles como para que sus años de oprobio no vuelvan más, resulta muy tentador creer que Durán Barba, Peña y quienes en el gobierno administran una línea política basada en los focus groups, la imagen de Macri-Vidal y la lealtad casi perruna a los designios de la mesa chica tienen una estrategia ganadora que cualquier compromiso con un estilo político más tradicional y menos mediático puede entorpecer.

Es cierto que el porcentaje de adhesión a Macri y a Vidal viene sosteniéndose en las encuestas y que todavía parece haber más votantes dispuestos a confiar en que las cosas van a mejorar que votantes dispuestos a volver al pasado K, porque entre esos dos polos se juega la elección de octubre. La táctica a la que parece encaminarse el gobierno es la de polarizar entre el PRO y el kirchnerismo, sin intentar dotar a su campaña de otro contenido político que las tres banderas PRO de la pobreza cero, lucha contra el narco y unión de los argentinos (que un año más tarde de la asunción presidencial suenan hasta un poco gastadas), más la exhibición intensiva y extensiva de obras públicas de toda índole. Mientras tanto, se refuerza la disciplina interna del gobierno y se afianza al presidente, a la gobernadora, al jefe de gabinete y al asesor ecuatoriano como el grupo que gobierna el país con la ayuda de una legión de comunicadores.

Pero me parece que esa estrategia electoral y ese armado interno, cuyo corolario lógico es el que dice Carrió — eliminar a la UCR y a la Coalición Cívica de la toma de decisiones y hasta de las candidaturas— no alcanza y hasta puede ser contraproducente. No tengo la bola de cristal para saber si el duranbarbismo tiene o no las cartas ganadoras en la mano y las ideas justas, pero puedo enunciar un gran temor: que una sucesión de victorias mediáticas y encuestológicas conduzca a la derrota. La prueba de que algo así puede ocurrir es el malhadado asunto del Correo, un hecho muy menor y con poquísimo sustento, cuya hábil exageración por parte del comando kirchnerista y sus agentes en la justicia resultó en la mayor derrota mediática del oficialismo y en la primera caída significativa en las encuestas. Lo que demostró este episodio fue que una buena parte de la opinión pública está dispuesta a creer que Macri gobierna para enriquecer a su familia, algo que indudablemente fue el estilo de gestión pública del kirchnerismo. A Macri ser hijo de Franco, ciertamente un empresario prebendario de los gobiernos anteriores, lo perjudica de antemano. Le cuesta muchísimo convencer a una oposición feroz, a un periodismo sin rigor y a un electorado muy poco dispuesto a creer en la honestidad de los funcionarios de que esta vez va a ser distinto. Y más le cuesta porque el bagaje político con el que cuenta Macri se ve restringido por las ideas de Durán Barba, que se basan en la manipulación del público y desdeñan combates políticos más ricos.

Lo que intento decir es que, si bien Durán Barba y Peña pueden ser eficaces para construir la imagen ganadora de Macri (incluso independientemente de los hechos), también pueden perder diez puntos por una nimiedad aprovechada hábilmente, como fue lo del Correo. Queda claro que si no hubiera sido esa la ocasión, se hubiera presentado otra en cualquier momento, porque el clima de caos, protesta y sabotaje creado por el kirchnerismo (con la colaboración entusiasta aunque selectiva de massistas, peronistas disidentes, socialistas, sindicalistas y otros) por un lado y la situación precaria de la economía por el otro, son un caldo de cultivo propicio para la exitosa difusión de supuestos escándalos. En esa situación de fragilidad, jugar a construir como enemigo al kirchnerismo para vencerlo en las próximas elecciones puede ser suicida. Sobre todo sin una plataforma política que exceda el voluntarismo limitado del PRO y su “paso a paso pero siempre hacia adelante” y que lleve como candidatos a figuras sin relieve propio. El think tank del PRO parece creer que gana las elecciones de octubre con cualquier candidato y sin ninguna plataforma más que el apoyo a lo hecho.

Carrió, en cambio, propone algo así: en lugar de enfrentar al kirchnerismo en un juego de imágenes, demos una verdadera batalla política para terminar con su sistema mafioso y no nos aliemos con la herencia que dejaron en la Provincia de Buenos Aires, que es a grandes rasgos la idea de Vidal, quien supone que solo el peronismo puede gobernar la Provincia y se esfuerza por ser una peronista más rodeada de otros peronistas. La idea, dice Carrió, es apostar en serio al sistema republicano, a la transparencia y dejar de repartir cajas de poder como la de la escandalosa legislatura provincial. Investiguemos de verdad lo que hizo Scioli, dice Carrió, terminemos con intendentes, policías y jueces corruptos de una vez por todas, por que si no todo seguirá igual y la lucha no valdrá la pena.

La idea de Carrió de una democracia republicana transparente está ligada al otro gran tema que planteó en el programa de Fantino: la vertiente internacional de un programa cuyos objetivos, pero también sus métodos, son la justicia y la libertad. Carrió caracteriza adecuadamente la lucha que hoy se libra en el mundo entre los países que creen en las instituciones democráticas y en el libre comercio contra los populismos de todo signo y las dictaduras, que colaboran entre sí y tienen en la Rusia de Putin su modelo, su interconexión y su respaldo. Carrió dice, siguiendo a Alvear: sin dejar de comerciar con todos, debemos aliarnos con las democracias. Con la Unión Europea, en Asia con la India, Corea del Sur y Japón, con Australia y con los países americanos que no están gobernados por dictaduras. Tengamos cuidado con Trump, agrega, que apuesta al rearme y puede llevar al mundo al desastre destruyendo el baluarte europeo.

En su pequeña intervención, Carrió estableció las pautas para una manera de pensar la política interna y exterior, que las hace en primer lugar compatibles aunque ayer haya dicho que nadie en el gobierno está dispuesto a hablar de estos temas. Lo que sostiene Carrió, en definitiva, es que sin una definición sobre qué clase de país intenta ser la Argentina y cuál es su alineamiento en el mundo, la alianza gobernante resulta muy frágil porque las estrategias de la imagen pueden ser fatales en su superficialidad, mientras que un liderazgo político verdadero como el que intenta transmitir Macri necesita asentarse en convicciones más profundas y concepciones de la política menos mezquinas.

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4 comentarios to “Cómo cambiar en serio”

  1. Eduardo Reviriego (Daio) Says:

    Macri-Peña-Durán creen que la única manera de poder cambiar el país depende de ganar las próximas elecciones. Por lo tanto para ganarlas, habrá que asociarse con impresentables y negociar con las mafias. Durán lee mal a Maquiavelo, y piensa que así se construye realmente el poder, cuando en realidad no se construye poder, sino que se lo conserva, destruyendo a la República. La única razón de ser de Cambiemos es la construcción de una verdadera República, aunque para ello se muera en el intento. No existe otra opción.

  2. ricardo Says:

    Hay un error que se repite en todos lados y aca , macri no cayo en las encuestas por el correo , cayo porque sacaron las cuotas sin interes por la idea de precios transparentes , miren la impresionante caida de la confianza del consumidor que hace la univ di tella . Ya lo demostraron los k , a la gente solo le importa consumir , si el gob fuese mas vivo para fomentar el consumo y la “alegria” podrian haber bajado los aranceles de importacion para que un jean no cueste el triple que en chile

  3. Gabriel Says:

    “Lo que sostiene Carrió, en definitiva, es que sin una definición sobre qué clase de país intenta ser la Argentina… ”
    y un par de dias atras le criticabas a Sarlo decir lo mismo!

  4. lalectoraprovisoria Says:

    Si a vos te parece lo mismo…

    Q

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