Bitácora de la hija de Neptuno (133)

por Flavia de la Fuente

27 de febrero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 24 grados. Temperatura del aire: 29 grados. Viento: N 25 km. Olas: 0,8 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 19’+32”.

28 de febrero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 24 grados. Temperatura del aire: 27 grados. Viento: N 25 km. Olas: 0,8 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 30”.

1 de marzo

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 24 grados. Temperatura del aire: 28 grados. Viento: O 31 km. Olas: 0,7 m. Sol. Marea subiendo. Tiempo de natación: 25”.

Se acabó la temporada.

guardavidas

Y el alocado Carnaval.

Silencio en el pueblo.

Serenidad.

Aunque sigue el calor.

Que no paró en una semana entera.

O más.

Durante Carnaval tuvimos muchas visitas.

Hoy en casa solo queda Geri.

Ayer se fue Sebas.

Y ya lo extrañamos.

—————-

Un día, el lunes 27, vino de visita el amigo Gonzalo Castro.

Hacía un par de años que nos tenía abandonados.

Fue una alegría recibirlo de nuevo en casa.

Gonzalo anunció que venía a nadar y almorzar.

Lo de nadar era simple.

Lo de almorzar, siempre se presta a discusiones en casa.

Quintín quería hacer un asado.

Yo le dije que eso alteraría el ritmo de la sangha sanclementina.

Que todos querían ir a la playa.

Disfrutar del mar.

Y no trabajar.

Que hacía mucho calor para comer tanto.

Por suerte, a Sebas se le ocurrió una idea.

Un plusultra súper desayuno.

Así que Quintín y Sebas fueron a hacer las compras.

Frutas, verduras, queso, fiambres, frutas secas, bizcochuelo.

Y Sebas se lució con una mesa para recordar.

Todo muy zen.

Pasó un rato largo cortando y cortando.

Pero fue una delicia.

Tostaditas con crema de palta y un tomate cherry, nueces con miel, uvas rosadas, queso gruyère, fuet ahumado, bondiola, peras y manzanas cortadas muy finitas, almendras, pasas de uva y no sé qué más.

Pero era lindo de ver.

Y muy sabroso y nutritivo.

Lo acompañaron con vino blanco y yo tomé mi clásico oolong.

Porque siempre tomo lo mismo después de nadar y, además, no bebo alcohol.

Para los postres, servimos lo que había quedado de la torta de limón de Geri, acompañada por un dulce de frutillas, también de su autoría.

Un manjar.

—————–

Pero antes de comer fuimos casi todos a nadar.

Gonzalo, Geri, Quintín y yo.

Como tenemos solo dos torpedos y Gonzalo necesitaba uno sí o sí, Geri le cedió gentilmente el suyo.

La joven aventurera quería experimentar cómo era eso de andar sin salvavidas.

Y parece que le gustó.

A mí mucho no me gusta.

Pero lo puedo hacer.

Sé que uno se siente más indefenso cuando está acostumbrado a nadar con torpedo.

Así que le dije que no se preocupara, que yo iba a cuidarla.

Y así lo hice.

Nunca los perdí de vista ni a ella ni a Gonzalo.

Nos metimos al Norte del muelle, a unos cien metros o un poco más.

Pasamos la rompiente y nadamos hacia adentro.

El agua estaba extrañamente fría.

Y había como un líquido marrón.

No sé si era yodo o algún alga venenosa.

Pero acá se nada igual.

Salvo que aparezca un tiburón blanco.

Atravesamos las aguas con yodo, digamos, y nos pusimos a nadar hacia el Sur.

Cuando Gonzalo vio que estábamos cerca del muelle se asombró.

“¿Vamos a pasar el muelle?”, me preguntó.

“Mirá, ya lo pasamos”, lo tranquilicé. Ahora podemos salir cuando quieras.

Es que da impresión eso de cruzar el muelle.

No sé bien por qué.

Pero tiene algo que ver con la perspectiva.

Ver el mar desde adentro también puede asustar.

Pero hay que relajarse porque no pasa nada.

Cuando nos acercamos de vuelta a la rompiente, le dije a Gonzalo que barrenáramos juntos.

Salimos flotando, descansando apoyados en nuestros salvavidas.

Era lindo charlar en el agua con Gon.

Me dijo que si hubiera sabido en qué consistía la propuesta no se habría animado.

Pero que así, sin darse cuenta, le resultó grato.

Salimos cerca del Fontainbleau.

Y nadamos unos 19 minutos.

Los muchachos se juntaron con Sebas que se estaba bañando cerca del muelle y volvieron a casa.

Me contó Quintín que Gonzalo declaró que podría haber nadado más.

Y tendrá que volver a nadar con la hija de Neptuno.

Lo esperamos cuando quiera.

Más después de la noticia que me dio.

Que este año van a publicar Pondlife: A Swimmer’s Journal, de mi querido Al Alvarez.

No lo conozco a Al, pero lo rumié durante un par de meses.

Su diario me acompañó durante todo el invierno.

En mis nataciones con el mar a 10 grados.

——————–

Con Geri nos habíamos quedado con ganas de nadar.

Aunque yo tenía un poco de frío, debo confesar.

Hacía mucho calor afuera, pero el agua estaba helada.

Caminamos hacia el Norte y nos metimos de nuevo en el Aguila.

Qué frío que hacía.

No me quedaba otra que nadar rápido para no congelarme.

Y le dimos duro durante media hora.

Nos metimos bien adentro, doblamos hacia el Sur y braceamos a lo loco.

Era estimulante.

Y había mucha corriente.

La marea estaba bajando.

Cuando estábamos cerca del Santos Vega, a un kilómetro y medio de casa, el frío me pudo.

Dedos entumecidos, no había forma de que ya entrara en calor.

Así que le pregunté a Geri si estaba de acuerdo con salir.

Ella también sentía frío.

Volvimos caminando rapidísimo.

Y gracias al sol y a los 35 grados que hacían afuera recuperé un poco el calor.

Yo quedé fantástica después de las dos pasadas.

Sobre todo por la segunda.

Me encanta nadar rápido.

Me vivifica.

Me llena de endorfina.

Pero me parece, que sin querer, a la pobre Geri la aniquilé.

——————–

Pasamos toda la tarde en la mesa conversando y comiendo con serenidad.

Geri tenía los ojos chiquitos.

Y también le dolía la panza.

De tanto festejar el día de hoy, mi hijita adoptiva se agotó.

Esa noche, la mandamos a dormir temprano sin cenar y durmió más de doce horas.

Y al día siguiente no pudo ir a nadar.

——————–

El 28 de febrero fui a nadar con Quintín.

Como todos los días, los dos solos.

Geri prefería no cansarse y se quedó jugando en la orilla con Sebas.

El agua seguía helada.

Nos metimos al Norte del muelle y fuimos hasta el Solmar.

La corriente no era fuerte, era casi la estoa.

Nadé media hora con todo.

Al menos yo.

De nuevo por el maldito frío.

Quintín iba serenamente, vaya uno a saber pensando en qué.

Yo iba y venía para no dejarlo atrás.

El juego de siempre.

Salimos en el Solmar y volvimos a casa.

Aunque no lo crean, con los 40 grados de ayer, estuve 15 minutos al sol en el patio para calentarme un poco.

Después me duché y quedé bien.

Y a los 5 minutos, empecé, como todo el mundo a maldecir el calor.

Qué día tremendo.

No recuerdo una ola de calor así a fin de febrero.

No pude ni escribir la bitácora.

No podía hacer nada.

Apenas si podía respirar.

Hasta me costaba seguir con mi práctica de mindfulness.

Eso de inspirar e inhalar ayer no era tan simple.

Así que me tiré en la cama, en la pieza a 29 grados, a ver Moonlight con el Osi.

No pasa nada con esa película.

Yo me dediqué a respirar.

Y me hizo bien.

Hice meditación acostada y la respiración abdominal me dejó renovada.

——————————————-

Llegó el 1 de marzo.

Fuimos con Geri y Quintín a la playa.

Casi no había nadie.

Ya no estaba el mangrullo de Pablo, el guardavidas.

Tampoco estaban los senegaleses en el muelle.

Se va desmantelando todo.

Poco a poco.

Hasta fin de marzo.

Después no queda nada.

————

Tengo miedo de haberle hecho daño a Geri.

La pobre sigue cansada.

El plan de hoy era nadar con ella y Quintín.

Pero relajados.

Al menos eso arreglé con Geri.

Aunque Quintín hace siempre la suya.

El es un hombre libre.

Yo también.

La monje zen es libre.

O trata.

Cada día un poco más.

Para que el frío no me apure, esta mañana me puse el traje de neoprene.

Nadé tranquila, pausadamente.

Me costaba respirar.

Quintín iba todo el tiempo a la cabeza.

Era raro.

Tan raro que me preguntaba, una vez más, si estaría enferma.

¿Cómo podía ser que el Osi fuera adelante?

Yo no me esforzaba nada.

Pero nunca me pasa, a lo sumo vamos a la par.

Cuando llegamos al Solmar, todos quisimos salir.

Hablamos un minuto en el agua y Quintín me contó que nadó con todo.

“Ah”, le dije. “Ahora me quedo más tranquila”.

Para probar mis fuerzas nadé fuerte hasta la costa.

A Geri no le iba a hacer nada.

Ella podía volver a su ritmo.

Y si se retrasaba, yo la iría a buscar.

Como hago siempre con Quintín.

Pero la niña se tentó.

Y braceó conmigo.

Fueron solo 5 minutos de natación de carrera.

Pero quedé muerta.

Y mis compañeros también.

Quintín dijo que había querido probar un día de natación fuerte.

Y confirmó que le gusta más ir tranquilo.

———–

Acaba de llegar Gabi.

Me mostró una nota sobre el mar transparente y cálido que tuvimos hace unos días.

El mar caribeño que disfrutamos en toda la costa.

Algo muy extraño.

Yo no recuerdo un mar así de caliente y tan transparente en San Clemente.

Fueron unos cuatro o cinco días.

Pero algunos no cuentan porque tenían tapioca.

Creo que solo hubo tres jornadas paradisíacas.

Agua hirviendo, turquesa y sin bichos de ninguna clase.

——————

Ahora Geri se fue al mar con Gabi.

Es su última celebración del día de hoy en San Clemente.

Las dos partieron entusiasmadas con sendos torpedos.

Geri tenía carita de cansada.

Pero fue igual.

Dijo: “Ya dormiré en el micro”.

No sé qué harán.

Pero, pase lo que pase, me alegra que Geri quisiera volver al agua.

Y a nadar.

Hasta la próxima.

Foto: Gabriela Ventureira

4 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (133)”

  1. gc Says:

    Siento que esta crónica no muestra a las claras mi titánico aporte a la natación oceánica. Da la sensación de que por capricho le arrebaté el flotador a una niña indefensa, cuando es evidente que Geri es la nieta de Neptuno. Yo sólo pregunté si había un torpedo extra y ella lo ofreció contenta por el desafío deportivo. Y yo había declarado estar fuera de forma por completo, con una autonomía estimada en cuatro minutos, y de repente me ví a doscientos metros de la costa, braceando hacia el otro lado del muelle, que a priori me resultaba como cruzar el atlántico en un planeador. Es cierto que la corriente hizo casi todo el trabajo, pero igual braceé hasta lo que creí eran las postrimerías de la extenuación, reservándome el plus imprescindible para retornar a la orilla, lo cual tenía un grado de dificultad incierto, porque una cosa es entrar al mar y otra es salir. Estas estimaciones, a tal distancia de tierra firme, se hacen como en la arquitectura y en la ingeniería aeronáutica: triplicando los valores estructurales (al menos eso nos dijo Sebastián).

  2. Geraldine SK Says:

    Flavia, no me has hecho daño alguno, sólo me provees de amor y bienestar.

    ¡Gonzalo, un gusto acuático conocerte! Seguramente si nos hubieras acompañado en una nueva jornada acuática, habrías resistido mucho más. ¡Bravo!

    Besos y abrazos a la sangha maravillosa.

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, queridos! Ahí fue una nueva versión del día de la visita de GC. Veremos si ahora le hago justicia.
    Y gracias Geri por tus palabras. Tu cansancio me había dejado preocupada.

    Besos a los dos,

    La hija de Neptuno

  4. dieta01.com Says:

    Buenas

    Que tiempo has dedicado a tremendo a porte y hay cuantiosas cosas que no conocía que me has enseñado,
    esta espectacular.. te quería reconocer el periodo que dedicaste, con unas infinitas gracias,
    por enseñarle a gente como yo jajaja.

    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: