Una semana con Baroja

Publicada en Perfil el 26/2/17

por Quintín

En el marco del año dedicado a la lectura de escritores fuera de moda, pasé la última semana con Pío Baroja. Hace unos años compré en Madrid tres volúmenes con las veintidós novelas que componen las Memorias de un hombre de acción. Ahora, a razón de una novela por día, terminé las 1426 páginas del primer tomo y hago aquí una pausa para informar sobre el placer de esas lecturas.

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Las Memorias se publicaron entre 1913 y 1935. Baroja sacó del desván de la historia a un misterioso pariente suyo llamado Eugenio Aviraneta, oscuro aventurero e intrigante, y lo utilizó como protagonista de la serie. Esta transcurre durante las primeras décadas del siglo XIX, en medio de las sangrientas batallas en las que participaron liberales, jacobinos, absolutistas, republicanos, clericales, reaccionarios, radicales y moderados, es decir, todas las tendencias que atravesaron la lucha contra Napoleón, las Guerras Carlistas, los períodos constitucionales y los despóticos que desembocarían en la Guerra Civil de 1936. Baroja escribió las primeras novelas antes de la Primera Guerra y de la Revolución Rusa pero cien años después y a doscientos años de los sucesos que narra, la imagen que construye de la sociedad española y de sus muy crueles enfrentamientos resulta visionaria, aunque el escritor no lo pretendiera en lo más mínimo.

Como señaló Juan Benet, al contrario de quienes entran en la historia desde el presente para imponer una ideología o extraer lecciones (Galdós, cuyos Episodios Nacionales cubren el mismo período, sería un buen ejemplo), Baroja termina instalando el pasado en una región fuera del alcance de esas manipulaciones pero también de las maniobras deterministas de los historiadores. Lo que intenta es hacer vivir y conversar a la geografía y a sus habitantes con los lectores. Los lugares y los personajes con los que se encuentra Aviraneta son muchísimos y Baroja construye con ellos una narrativa en la que le importa poco cómo termina cada uno de los infinitos relatos que se entrecruzan, pero sí que sean variados, ligeros, interesantes y coherentes con el conjunto.

Baroja no creía que la literatura fuera a mejorar después de los grandes escritores del siglo XIX como Stendhal, Dickens o Dostoievsky, pero sí que todavía se podían escribir ficciones imaginativas, que fluyeran desde la personalidad del autor y no intentaran ser perfectas. “La habilidad es de lo que más cansa en la literatura y en el arte. Es tan bruto —decía un amigo mío de un cantor— que no sabía desafinar”, escribió Baroja, tildado de pertenecer al siglo XIX, pero que ha llegado al XXI en mejor estado que muchos de los que no le hicieron caso y contribuyeron con sus destrezas deportivas a que la literatura se estudie como el Corán, se estratifique como el ejército y se venda como remedio. Uno de los relatos de las Memorias se llama El viaje sin objeto y el título revela el devenir de los personajes barojianos así como su idea de la literatura y de esa vida “que huye como una sombra”. Escéptico, desconfiado del futuro como pocos, indiferente ante la fama (“que tiene siempre algo de fatal y de injusta”), la obra de Baroja le propone al lector una amistad desinteresada como la que se establece muchas veces entre quienes se cruzan en sus páginas.

Foto: Flavia de la Fuente

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5 comentarios to “Una semana con Baroja”

  1. María del Carmen Reiriz Says:

    Muy buen articulo! Amo a Baroja y esa saga en especial! También Zalacain el aventurero!Me alegra tu reivindicación Quintín! Buen fin de semana y gracias!

  2. Yupi Says:

    El gran viejo gruñón. Pero a diferencia de Unamuno gruñón simpático. ¿Seguirá leyéndose? De aquellos escritores (Unamuno, Valle Inclán, Azorín) es el que mejor resistió el paso del tiempo, me parece. Baroja tenía un tono bastante criollo. Recuerdo un artículo que escribió poco después de que Alemania invadiera Polonia. En la primera línea se refería a la ilusión de todos de frenar a Hitler con conversaciones. Agregaba: “Se ve que no lo consiguieron”.

  3. María del Carmen Reiriz Says:

    Estimado Yupi: creo que Unamuno resiste el paso del tiempo. Niebla es una novela originalísima y moderna que si la hubiera escrito Georges Perec la estudiaría el mundo! Igual me cae muy simpático Baroja y creo que es un viejo gruñón genial. Recomiendo su diario Las horas difíciles. Saludos

  4. Yupi Says:

    Reiriz, tendría que releerla, cosa que si me disculpa no pienso hacer. Calculo que sus ensayos resistirán mejor. Unamuno con el tiempo me fue cayendo peor. Tenía esa cosa provinciana de primero España, el país vasco, la calle en que vivía, y en definitiva Unamuno, que sospecho era lo único que le importaba. Estaba muy interesado en el lado patético de la vida, que no me maravilla. Cuando alguien señaló que la literatura española tenía poca invención comparada con la francesa y la inglesa, contestó en tono áspero: “¡Qué inventen ellos!”. Del Martín Fierro decía que era el guerrero español luchando contra los indios… En fin, para qué seguir. Desde luego reconozco que está entre lo mejor de la primera mitad del siglo pasado, pero como reconozco a Lugones en la Argentina, sin volver a sus libros. Y si ninguna de estas razones la convence, tengo la definitiva: no me lo va a comparar con Alvarez Tuñón. Saludos.

  5. María del Carmen Reiriz Says:

    Yupi: jaja muy bueno el final! Coincido en que Unamuno tiene cosas difíciles de digerir… pero Niebla me parece una joyita que se adelantó a la época. Saludos!

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