Deudas y profecías

Publicada en Perfil el 19/2/17

por Quintín

Tengo una deuda con Stefan Zweig, aunque en realidad es una deuda que se extiende a más gente. En mi familia son admiradores de Zweig: mi mujer lo leyó con gran placer y mi cuñado usa la foto del escritor como avatar de su cuenta de Twitter. Pero quien despertó mi curiosidad por Zweig fue el cineasta (y poeta y dibujante) brasileño Sylvio Back (Blumenau, 1937), un notable personaje, completamente desmarcado de las tropas oficiales del cine brasileño y de su pegajosa corrección política que incluye tanto a viejos mastodontes como a jóvenes arties. Back tiene, por ejemplo, una película llamada Yndio do Brasil, la única que conozco que trata el tema aborigen sin paternalismo. Hace veinte años, Back estaba obsesionado con hacer una película sobre el suicidio de Zweig y su mujer, que se envenenaron en 1942 durante su exilio en Petrópolis. Primero hizo un mediometraje documental sobre el tema (Zweig: A morte em cena) pero buscaba financiación para un largo de ficción, que tal vez fuera el que filmó en 2002, Lost Zweig, basado en una obra de Alberto Dines.

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La deuda con Back tiene que ver con que nunca lo invitamos al Bafici. Siempre lo dejaba para el año siguiente, hasta que después fue tarde. Pero Back me transmitió el interés por el misterio de ese suicidio en tierra extranjera. Además de la depresión, que nada explica en definitiva, hay dos razones que se suelen invocar en este caso. Una es que Zweig pensaba que Alemania iba a ganar la guerra y que la pesadilla de la civilización no tendría fin (algo parecido al pesimismo de Walter Benjamin, que se mató en 1940, una noche antes de cruzar la frontera). La otra es que en Brasil, país con el que en público no tuvo más que elogios, no era un lugar en el que Zweig se sintiera particularmente cómodo: no encontraba mucha gente con la que hablar en Petrópolis en tiempos de la dictadura de Getulio Vargas.

Para empezar a saldar las deudas, me puse a leer El mundo de ayer, la autobiografía que Zweig terminó poco antes de morir. Es un libro fascinante que muestra, muchas veces sin quererlo, que el autor se había quedado sin patria, sin lectores, sin interlocutores y sin claves para entender el mundo. Nacido en Viena en 1881, hijo de un rico empresario judío, Zweig vivió cuarenta años tratando con los nombres más célebres de la cultura y la política mientras su obra se hacía inmensamente popular en todo el mundo. Era una obra mainstream distinguida, alejada de las vanguardias y preocupada por entretener. Zweig creía en una fraternidad universal que aboliera las fronteras y le hiciera la vida más confortable y próspera a todo el mundo sin guerras ni revoluciones. Era un nostálgico de la paz y la molicie del Imperio Austrohúngaro, un devoto del progreso científico y tecnológico, un amante de la música y el teatro, un creyente en el futuro que no vio venir las catástrofes del siglo. Estas lo dejaron atrás y lo condenaron al olvido. (Para poner un ejemplo, debe ser el único escritor famoso del que Borges no habla en el diario de Bioy). Antes de que ocurriera, Zweig se dio cuenta de que ya era una reliquia. Y, sin embargo, su escritura es tan transparente que sigue encantando. Acabo de terminar su Novela de ajedrez, escrita en 1941. Hagan la prueba de Zweig: no se trata de vigencia, sino de algo mejor.

Foto: Flavia de la Fuente

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15 comentarios to “Deudas y profecías”

  1. Yupi Says:

    Lo arreglo en dos patadas, dijo Kant:
    donde se lee “hormiga” escribir “ant”.

  2. boudu Says:

    Wes Anderson hizo (ademas de la mejor pelicula del siglo con Moonrise Kingdom) la disfrutable “Grand Hotel Budapest”, inspirada y en homenaje a Zweig.

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Yupi. No entendí.

    Q

  4. Yupi Says:

    Que quedó corregida la ausencia de Zweig en el otro lado.

  5. Yupi Says:

    Wes Anderson es buenísimo.

  6. GuidoFon Says:

    Wes Anderson es un cineasta para la gilada. Recomiendo Magallanes de Zweig, no hay nada mejor.

  7. maria del Carmen reiriz Says:

    Zweig fue un escritor notable y muy envidiado porque fue, tal vez, el primer escritor del siglo de enormes ventas y quizás el primer best seller de calidad. Tiene obras memorables. El mundo de ayer y la novela del ajedrez son joyas, a las que cabria agregar, Amok, 24 horas en la vida de una mujer, etc. Tenía una cultura extraordinaria y escribió un último libro sobre Montaigne días antes de suicidarse que es una maravilla y es una suerte de manifiesto contra el nazismo. Lo publicó hace un par de años Acantilado. Era un poco grafomano y se dice que escribía 10 horas por día. Tiene un libro que recomiendo que se llama La lucha contra el demonio sobre Holderlin y Von Kleist. Borges en algún reportaje le reprocho la venta y dijo que vender tanto le suscitaba desconfianza en cuanto a la calidad…. Es un escritor para volver a leer… Buen fin de semana

  8. FedericoR Says:

    Algo hay en el aire. Un amigo recomendaba a Zweig en twitter hace unos días, sin saber que yo estaba leyendo su muy entretenida biografía de Balzac. Y ahora nota de Quintín. Se viene la zweigmanía.

  9. Yupi Says:

    Wes Anderson domina la paleta de colores como un verdadero artista, señor. Es un ojo alegre. Sobre la causa del suicidio de Zweig mi teoría es la siguiente. El personaje que lo sostenía ante sí mismo era la juventud, la energía, la vitalidad sin límites. La obra de Zweig tiene mucho de entusiasmo a la bartola. Por desgracia las personas envejecen y sucesivamente deben pasar a personajes cada vez más resignados. Esto no figuraba entre los planes de Zweig. El nazismo sin duda ayudó, pero no fue la causa excluyente, como tampoco el exilio. Hay algo que Zweig notó durante su paso por Inglaterra y que sería clave en el resultado de la guerra: la extraordinaria calma de los ingleses. Los nazis los bombardeaban a pleno y ellos seguían regando lobelias. Quizás notó ese rasgo porque le faltaba a él. Después de todo, un suicida es un impaciente que quiere llegar antes. Como dijo una anciana dama de Oxford ante el último suicidio: “Mi querida, ¿no te parece que es como ir a donde no hemos sido invitados?”.

  10. saint jacob Says:

    …Hola, amigos… ¿el libro de Matuschek aporta algo, o conviene simplemente obviarlo?… ‘Yndio do Brasil’ se puede ver en youtube (https://www.youtube.com/watch?v=7B1BwSin6JY)

  11. maria del Carmen reiriz Says:

    Muy bueno el final Yupi sobre la no invitación! En cuanto al entusiasmo a la bartola de Zweig me parece un poco peyorativo. Es cierto que en su obra autobiográfica hay algo de ingenuidad….Pero esa época pecaba un poco de ingenuidad en algunos intelectuales anteriores a la primera guerra en especial. Hay una foto terrible de Zweig en el Congreso del Pen Club agarrando se la cabeza porque le llega un telegrama anunciando la quema de su biblioteca. Se suicida en un momento de mucho éxito editorial. Su novela 24 horas en la vida de una mujer vendió más de 50000 ejemplares que, para la época , era muchísimo. En cuanto a éxito solo lo igualó en algún momento Somerset Maugham. Bueno , no se. Tampoco me creo dueña de una verdad. Un abrazo

  12. Yupi Says:

    Al contrario, es el rasgo querible. Zweig nos puede parecer peor o mejor, pero resulta difícil encontrar a alguien que lo deteste. Lo mismo se aplica a escritores superiores como Stendhal. Es el entusiasmo universal de la primera juventud mezclado, en el caso de Zweig, con una punta autodestructiva con origen vaya a saber dónde, en una glándula, en un bisabuelo o en la niñez en su ciudad natal. Karl Kraus decía que aquella Viena era un laboratorio para la destrucción del mundo, como efectivamente ocurrió. La sola idea de que un país chico como Austria fuera el centro de un imperio ya parecía una broma macabra. En fin, no lo sé. El caso es que nadie se mata porque el mundo no se le parece, mucho menos un escritor, que vive de la diferencia en la repetición, para decirlo con palabras de Deleuze, otro no invitado. Saludos.

  13. lalectoraprovisoria Says:

    Le pasaron algunas cositas a Zweig, me parece. Y al mundo también. Más allá de las glándulas y del entusiasmo de la primera juventud. En fin, sobre Deleuze no sé mucho.

    Q

  14. FedericoR Says:

    Acabo de recordar que la trama de “El libro”, una bellísima historieta de José Muñoz (dibujos) y Carlos Sampayo (guión) gira alrededor de un ejemplar de Novela de ajedrez de Zweig. Y Zweig le gusta mucho a Sampayo (que publicó hace poco un libro de cuentos buenísimo “La dictadura ilustrada” –que no tiene nada que ver con los ’70, dios sea loado). ¿Quién va a leer este comentario tardío? Nadie… Pero tanto la historieta como el libro merecen ser leídos.

  15. Yupi Says:

    körperliche Ertüchtigung. Esta frase con las consonantes como martillos era la más amada por Hitler cuando entrenaba a sus niños para la carnicería. Curioso que su primera justificación para anexionar Austria fuera la lengua. Según dicen el alemán de Zweig era dulce, y en nombre de su lengua pidió perdón por las atrocidades que estaban cometiendo los nazis, como si a semejantes animales se los pudiera convencer con palabras. ¿Qué tenía que ver alguien como Zweig con ellos? Pero tampoco tenía que ver con la política austríaca, ni con los judíos, ni con los yanquis, ni con nada salvo un panhumanismo utópico. Creía que lo mejor para judíos y gentiles era la diáspora, ser de ninguna parte y tratarse todos como iguales, una idea difícil de plasmar en tiempos de paz, porque la mayoría de las personas busca seguridad, no aventura, y las jerarquías son inevitables (Zweig murió seguro de no haber alcanzado el nivel de los escritores que admiraba), pero directamente imposible en aquella época. Por esto entre otras cosas pienso que tuvo un carácter eternamente joven.

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