Bitácora de la hija de Neptuno (124)

por Flavia de la Fuente

18 de febrero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 24 grados. Viento: NO 14 km. Olas: 0,5 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 15′.

San Clemente amaneció con lluvia.

soliysuhermana

Y mucho viento.

Ideal para quedarse todo el día encerrado en casa.

Venía bien después de la natación de ayer.

Aunque yo no estaba cansada.

Ni me dolía nada.

La obligación de quedarse en adentro, de protegerse de la tempestad, está buena de vez en cuando.

Pero no duró mucho.

Al mediodía empezó a salir el sol.

Y me vinieron las ganas de nadar.

Más que ganas de nadar, necesidad de nadar.

Me dolía la espalda de estar sentada leyendo.

Y me sentía nerviosa.

Respiré, limpié, paseé a Solita, terminé Verano tardío.

No se imaginan todo lo que hice.

Pero la temible angustia difusa no se iba.

Necesitaba un poco de ejercicio.

Y un buen baño de mar.

Quintín no quiso saber de nada.

Había declarado que era un día “Gracias Adolph” y ahí se mantuvo.

Libros y liga inglesa.

Nada de deporte.

Ni de aire libre.

Así que no me quedó otra que ir por mi cuenta.

Pero hasta eso me costaba hoy.

Me daba miedo ir sola a la playa.

Todo me daba aprensión.

Como no quería meterme hondo en el mar turbulento, no llevé el torpedo.

Nadé detrás de la primera rompiente.

En la canaleta.

El mar estaba caliente y verde transparente.

Me metí abajo de un par de olas y me puse a nadar.

Al segundo me empezaron a atacar las tapiocas.

Hoy estaban tremendas.

No saben lo bien que me sentía nadando.

Mover los brazos y respirar me revivió de inmediato.

Me sentí fuerte otra vez.

Chau miedo, por un rato.

Pero las tapiocas me picaban sin parar.

Tanto me molestaban que salí cuando había nadado solo 15 minutos.

A unos pocos metros antes del Solmar.

Hoy hasta tragué tapiocas.

Espero digerirlas bien.

Pero igual estuvo lindo.

Aunque a esta altura del partido, nadar 15 minutos es casi como no nadar.

Salí del agua sin frío y nada de cansancio.

Como si me hubiera dado un chapuzón en la pileta.

Pero se me pasó el dolor de espalda.

Aunque extrañé la natación con el Osi.

Nos divertimos mucho más cuando vamos juntos.

Hubiésemos nadado más, seguro.

Al Osi no lo corren las tapiocas.

Y seguro que mar adentro no había tantos bichos.

Hasta mañana.

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