Bitácora de la hija de Neptuno (121)

por Flavia de la Fuente

14 de febrero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: SSE 12 km. Olas: 0,8 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 33′.

Solita hoy no quiso meditar.

laplayescena14defeb

Quizás porque el día era muy pesado.

Llovía a cada rato.

Caían chubascos.

¿Desde cuándo existe esta palabra?

¿No les decíamos antes chaparrones?

Finalmente, llegó el día del guardavidas.

¡Felicidades para todos!

Y gracias por cuidarnos durante 5 meses.

Ya los voy a extrañar en abril.

Es lindo nadar sabiendo que alguien te cuida en la costa.

Y hoy es también, supongo, la carrera de los guardavidas, la de 3000 metros.

De la cual no voy a participar.

No me animo.

Quizás el año que viene.

Con Geri y Quintín.

Aunque sea debería ir a ver cómo es.

Pero estoy tan cansada que ni averigüé ni dónde ni cuándo ocurre el esperado evento.

Esperado al menos por mí.

La pusilánime desertora.

Menos mal que ni me anoté.

Anoche tuve un poco de insomnio.

Son las consecuencias de no nadar.

Ayer no se podía por la tormenta.

Cuando nado, apoyo la cabeza en la cama y me duermo.

Ayer no.

Y hoy tengo sueño.

Y Quintín también está cansado.

El día de descanso nos dejó extenuados.

Y esta mañana casi cometemos un pecado mortal y no vamos a nadar.

Por suerte fuimos.

No había viento.

Nada de viento.

Eso sí que es un milagro en la costa.

El mar estaba increíble.

Olas muy altas y bien formadas.

Y no muy seguidas.

Con tiempo para anticiparlas.

El problema era atravesar la primera canaleta.

Había mucha corriente hacia el Norte.

Tanta que me costaba mantenerme en pie.

Y si nadaba, me iba en un minuto contra el muelle.

Aunque entramos a 200 metros al Sur, en el Riazor.

Por suerte, mi galante marido, otra vez me sostuvo fuerte de la mano hasta que pudimos nadar tranquilos.

Yo sigo con el miedo a las olas.

Pero después de nadar se me va todo.

Bah, ni bien paso la primera ola, el miedo queda atrás, en la playa.

Bien calladito por un rato largo.

Hoy habíamos quedado en darnos un chapuzón.

Bien breve.

Ninguno de los dos nos sentíamos en buena forma.

Lo más sensato era pegar la vuelta al muelle, de Sur a Norte, y dar las hurras.

Pero el mar estaba delicioso.

Calmo, con suaves ondulaciones.

Tibio y transparente.

Una belleza.

Ni bien empezamos a nadar hacia adentro, vimos adelante nuestro a un nadador.

“¡Qué raro!”, dijimos. “¿Quién será?”

El hombre nos hacía alguna seña que no entendíamos.

Yo sentí el llamado de las sirenas.

Me dieron ganas de seguirlo y adentrarnos más en el mar.

Pero recordé que Quintín estaba cansado y que tenía que trabajar.

Así que dejamos que el nadador siguiera su rumbo solitario.

Y nosotros giramos hacia el Norte.

Natación gloriosa.

Sin apuro, respirando, sin hacer esfuerzo alguno.

Es que hoy no tenía energía para regalar.

Estoy como Solita.

¿Será el día?

Pasamos el muelle y le dije al Osi:

“¿Vamos hasta el Aguila?”

“Dale”, me contestó.

Pasamos el Aguila enseguida y decidimos seguir hasta el Solmar.

Es que era una delicia.

Después de estos días de coctelera acuática, el mar tan suave era difícil de abandonar.

Cuando salimos, nos reímos porque habíamos nadado 33 minutos, en lugar de 10.

No lo podemos evitar.

Volvimos contentos caminando.

Brillaba el sol.

Y a lo lejos se veían los nubarrones negros.

El agua me había sacado toda la fatiga.

O eso creía.

Deseaba sacarme el traje de neoprene.

Quería darme un chapuzón más pero en bikini.

Ibamos hablando de eso, cuando Quintín vio a uno de los fotógrafos de la playa.

Hace tiempo que yo venía con ganas de sacarme una foto con el Osi en el mar.

Pero nunca se daba la ocasión.

Hoy mi marido en un gesto amoroso me dijo que lo llamáramos.

“Mirá, ahí está el fotógrafo. ¿Nos sacamos una foto?”, me preguntó.

Me emocionó tanta ternura.

¿Se estará por convertir en un monje zen?

Contentos, gritamos juntos: “¡Fotógrafo!”

El joven nos escuchó y se acercó.

Era un pibe muy agradable.

Que declaró tener una misión interesante.

Sacar una foto mejor que la que todos se sacan con los celulares.

Una foto de fotógrafo.

Nos hizo posar.

Hizo varias tomas.

Un plano general.

Un plano americano.

Nos pidió que juntáramos las mejillas.

Que nos metiéramos más en el mar.

Que el Osi se agachara.

Me sugirió amablemente que relajara los ojos.

También me los elogió.

Y nada, nos dio un ticket para que fuéramos a ver si nos gustaban sus retratos.

No teníamos ningún compromiso de compra.

El nos tenía que seducir con las imágenes y tentarnos a comprarlas.

Interesante el desafío.

El pibe se tiene fe.

Dejamos al fotógrafo y seguimos contentos hacia el muelle.

Yo me saqué la parte de arriba del traje, para sentir el sol.

Además, quería darme otro baño sí o sí.

Y sin traje, para disfrutar de ese mar glorioso.

Estábamos cerca del muelle cuando apareció otro nadador.

También sonriente.

Feliz de la vida.

Era el nadador desconocido que habíamos visto cuando entramos un rato antes.

Y resultó que no era un desconocido.

Era Leo, un amigo de la playa, un ex triatlonista.

Leo tiene algo zen.

Irradia bienestar.

Sonrisa amable, suave.

Te sentís bien en su compañía.

Pienso que nunca debe maltratar.

Es un pequeño buda.

O quizás sea un demonio, un tipo que sufre, que vive en el infierno, vaya uno a saber.

Sea como sea, nos dio una pena enorme no haberlo reconocido.

Hubiéramos ido a nadar con él.

Nos contó que este año no nadó casi nunca.

Que hacía 9 días que no se metía.

“No, anteayer el mar era una coctelera”, dijo.

“Sí, un lavarropas maravilloso”, agregamos.

Tampoco le gustaba el viento a Leo.

Digamos que todo lo que decía era sensato.

Ninguno de los últimos días fue lo que se llama un día de playa.

Pero para nadar, siempre fue maravilloso.

Hablamos bajo el sol de boyas, antiparras, técnicas de respiración, temperatura del mar y otros asuntos de nadadores.

De tanto hablar, me cansé y se me fueron las ganas de volver al mar.

Llegamos a casa y lo de siempre.

Super segundo desayuno con té oolong y a escribir.

Hoy Janis no quiso comer.

Es un día difícil para los perros, parece.

Le di un granito de comida en la boca y me dio el gusto de comerlo.

Le di un segundo granito con la esperanza de que después siguiera sola.

Pero el segundo me lo escupió.

Debe tener algo la pobre.

Quizás sea el calor.

Estoy por terminar Verano tardío, créase o no.

No me animo a recomendárselo a nadie.

Pero es interesante.

Pero son 900 páginas en las que no pasa nada.

Me encanta que no pase nada.

Esos son los libros que me gustan.

Y si pasa algo, ese algo es bueno.

Nada de dramatismo.

Cero suspenso.

Interminables conversaciones sobre plantas, piedras, colecciones de arte.

Es un poco árido.

Hay que tener paciencia.

Pero yo soy la monje zen.

No sé qué haré de mi vida cuando se me termine el libro.

Voy a tener que encontrar otro ladrillo.

Cuando me canso de Stifter, voy corriendo a leer a mi maestro Thich.

Creo que es lo que más me gusta en la vida.

Un ratito de lectura de mindfulness.

No saben lo bien que me hace.

No hay nada tan tranquilizador como sus palabras.

Me hacen levitar.

Pensar que es posible la ligereza en la vida.

La felicidad.

Y respiro.

Respiro todo el día.

En el libro de ayer, había rutinas de estiramientos.

Me di cuenta de que se parecían mucho a las que yo hacía sola.

Que siempre me hacían tan bien.

Cuando iba al gimnasio en Buenos Aires, al final me quedaba como 40 minutos elongando y respirando.

Era una secuencia inventada por mí.

Una mezcla de todas las gimnasias y danzas que hice en mi vida.

Que fueron muchas.

Empezaba a elongar y no podía parar.

Me daba un placer enorme.

Y volvía a casa nueva.

No sabía que practicaba mindfulness.

Pero era eso.

Y me sentía bien porque lograba estar en el presente.

Volver a mi isla interior, gracias a la respiración consciente.

Bueno, los dejo porque la tarde se va y tengo que seguir con mi práctica.

Ahora me toca la meditación vespertina con Soli.

Hasta mañana.

Una respuesta to “Bitácora de la hija de Neptuno (121)”

  1. Geraldine SK Says:

    ¡El año próximo competiremos los tres o quizá seamos 4 con Gabi san!

    Besos,
    Geri.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: