Bitácora de la hija de Neptuno (111)

por Flavia de la Fuente

28 de enero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Viento: NNO 24 km. Olas: 0,6 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 35′.

29 de enero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 25 grados. Viento: N 33 km. Olas: 0,8 m. Sol. Marea bajando. Tiempo de natación: 44′.

Continúan los días intensos en la sangha sanclementina.

1-gerialatardecer

Hoy se va la asombrosa Geri.

La vamos a extrañar.

Además, no voy a poder continuar la práctica zen con ella.

Que fue muy interesante.

No contentas con ver la playa a las 7 de la mañana, adelantamos el despertador.

Queríamos ver la salida del sol.

Nos despertamos a las 5.20 hs.

Pero hicimos fiaca 10 minutos.

Nos quedamos remoloneando en la cama.

Eso no estuvo muy zen.

Nos lavamos los dientes, la cara, todo con conciencia plena.

Tomamos un té con almendras, nueces y pasas de uvas.

Todo sin ansiedad.

O controlándola con la respiración.

Esto del zen es complicado.

A veces hay que apurarse.

Por no apurarnos, nunca logramos ver salir el sol.

O quizás no importe ver salir el sol.

Ya lo hice miles de veces.

La gracia está en controlar la ansiedad.

¿Y cómo hacer, entonces, para ver la salida del sol?

Hay que levantarse más temprano.

A las 5, calculo.

El despertar consciente de la sangha, sin apurarse, lleva como una hora.

Así que no logramos ver el amanecer.

Lo vimos desde la ventana mientras desayunábamos apaciblemente.

Pero estuvimos en la playa casi cuando sale sol.

A las 6.10.

Era hermoso.

Ya había gente.

Muchas personas disfrutando del espectáculo.

El plan era volver a repetir la rutina del día anterior.

Caminamos respirando de manera consciente como una hora y media.

Solita se sumó muy contenta.

Subimos y bajamos por los médanos, lentamente.

Inhalando, exhalando.

Si en algún momento nos íbamos del presente, nos deteníamos.

Y al lograr volver, recomenzábamos la marcha.

 

Cuando regresamos al muelle, fuimos a casa.

Comimos algo más, nos pusimos la malla y volvimos a la playa a meditar sentadas.

Esta vez fuimos sin Solita y cada una con una lona.

Geri se petrifica haciendo la media flor de loto.

Yo elongué y respiré de manera consciente durante una hora.

De a ratos, no hacía nada y miraba el mar.

Sentía un poco de ansiedad por no estar con mi perrita.

Respiraba y me calmaba.

Decidí que no volvería nunca a meditar sin mi Soli.

El sol de las 8 de la mañana nos pegaba fuerte en la cara.

Era agradable.

Había un viento suave que nos refrescaba.

¿Quién podría querer irse de ese presente?

Un velero se acercaba al muelle.

Hacia el Norte, el mar se veía plateado por la luz del sol.

Seguí al velero con la mirada hasta que entró en la zona plateada.

Luego salió y se fue perdiendo de vista.

Muchas nubes dispersas.

Bien blancas, de algodón.

Cielo Matisse.

Pasaban muchas gaviotas y las seguí en su vuelo entre las nubes.

Era un lindo cuadro el mundo.

Todo se veía bello.

Cuando sonó la alarma del celular, yo volví a casa.

Geri se quedó elongando un rato porque tenía las piernas dormidas por la posición.

Cuando abrí la puerta, me encontré con la sorpresa del siglo XXI.

Gabi estaba despierta a las 9 de la mañana.

Casi me desmayo.

Y quería venir a nadar con nosotros.

Una alegría enorme.

Cuando llegó Geri, tomamos los cuatro juntos el desayuno catalán que nos hizo Quintín.

Pan con tomate, maravilloso aceite de oliva y pan. Y té Assam.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, estábamos los cuatro magníficos en el agua.

Confieso que yo estaba muy cansada.

Tanta meditación y, sobre todo, los madrugones me tenían destemplada.

Así que me puse mi traje de neoprene de verano.

Además, nadé sin torpedo, porque el mío se lo presté a Gabi.

Se ve que la meditación o la super elongación da mucha energía.

Yo nadaba sin esfuerzo alguno e iba adelante cómoda.

Quintín iba atrás mío y cada tanto yo me detenía para ver por dónde andaban las chicas.

Es que el mar estaba picado.

Al entrar, al pasar la segunda rompiente, una ola casi aniquila a parte de la tropa.

Gabi pegó un grito, Quintín se ligó un buen revolcón.

Yo tuve suerte, porque estaba más adelante y la ola no me rompió encima.

Nos habíamos metido al Sur del muelle.

La idea era nadar hacia el Edén.

La marea estaba comenzando a bajar.

Se podía nadar para los dos lados.

Pero se avanzaba más hacia el Norte.

Así que nos dejamos llevar y pasamos los cuatro por detrás del muelle.

Gabi nos contó más tarde que fue su cuarta travesía del espigón.

El mar estaba verde, con olas respetables y juguetonas.

Cuando llegamos al Solmar, le dije a Geri que Quintín y yo íbamos a salir.

Habíamos nadado 35 minutos.

Y yo tenía ganas de volver a casa con el Osi.

Salimos todos y volvimos caminando rápido por la arena.

Las chicas se quedaron un rato más jugando en el agua.

No sé cómo decirles lo cansada que quedé.

Me dolía hasta el pelo.

No solo no pude escribir la bitácora sino que no pude hacer nada.

Solo después de una siesta de 45 minutos (un tiempo de la liga inglesa o de algo así), pude continuar leyendo Verano tardío.

 

Está bueno el libro.

Me encariñé con los personajes.

No pasa casi nada.

Eso me encanta.

La mayor parte del tiempo transcurre en una casa que siempre recibe visitas en el verano.

Y todos, tanto los anfitriones como los visitantes, trabajan o hacen cosas muy específicas.

Me hace acordar a mi casa.

Pero ellos tienen muchos sirvientes.

A la mañana les dan el desayuno, a las 12 del mediodía el almuerzo y a las 8, la cena.

Buena vida.

Buena gente.

Muy industriosos, sencillos y generosos.

Cuando se vaya Geri, hoy a la tarde, seguiré leyendo para olvidar las penas.

Pese a la meditación, yo quedé arruinada.

Pero Geri no.

Ella durmió una siestita y se levantó llena de energía.

Gabi hizo lo mismo.

A la tarde, las dos salieron de compras por el pueblo para hacer la cena.

Y después se dieron un baño de mar al atardecer.

A la noche, nos agasajaron con un banquete delicioso.

Geri era la chef y Gabi, Juanita, la fiel ayudante.

Cocinaron unas canastitas de pollo con cebolla de verdeo, mozzarella, tomate, romero y pollo. La entrada fue una ensalada de tomates cherry y palta acompañada por champiñones saltados.

Y, además, Geri nos cocinó otro apple crumble, para que nos quede de recuerdo en su ausencia.

Había mucho que cortar.

Yo leía en la cama, medio agonizando, y escuchaba las risotadas de Geri en la cocina.

Al parecer, Gabi se quejaba con mucha gracia de su condición de esclava.

Estuvieron cocinando como dos horas.

A cada rato, les preguntaba si necesitaban ayuda y me decían que no.

A las 10 y media puse la mesa en el patio.

Cenamos las delicias de Geri con el champán que eligió Quintín.

Y disfrutamos del aire de verano.

Todo muy agradable, pero yo moría de cansancio.

Y al día siguiente había que volver a madrugar.

Es dura la vida de las monjas zen.

Mientras ordenábamos todo felices y de manera consciente le sugerí a Geri que nos levantáramos un poco más tarde.

“¿Por qué no a las 7?”, propuse.

Y también, dado mi estado de decrepitud, le sugerí hacer la mitad de la rutina.

A la 1 estábamos en la cama.

Un poco tarde para el monasterio.

Pero había que limpiar.

Uno no se puede ir a dormir con la casa en desorden.

Así dice mi maestro vietnamita.

Pero hoy amanecí bien.

Fresca y contenta.

Caminamos la mitad de la distancia, meditamos sentadas la mitad del tiempo.

Y después fuimos los tres a nadar.

Hoy Gabi no se sumó.

No sé qué tenía en el ojo.

Quizás se le había cansado de tanto cocinar.

Fuimos los tres, Quintín, Geri y yo.

Yo fui en bikini, porque hoy me sentía en forma.

Y, además, hacía un calor tremendo.

Confieso que hasta me daba vergüenza ponerme el traje.

Nos metimos al Norte del muelle.

Quintín se iba a dar un remojón y nada más.

Pero de pronto veo que nada y nada.

Siento y veo su entusiasmo.

Pasamos la primera rompiente.

Y a nadar hasta la segunda.

Seguían las olas grandes.

Diversión garantizada.

Un poco de adrenalina.

Una ola fuerte sorprendió a mis compañeros y los devolvió como cien metros hacia atrás.

Yo tuve suerte otra vez.

Pero me quedé flotando en el lugar, esperando que volvieran a recorrer lo andado.

Una vez juntos Quintín me dijo: “Me parece que podemos pasar de nuevo el muelle”.

Me dio una alegría enorme saber que él también venía a nadar.

Así que seguimos braceando un poco más hacia adentro.

El mar estaba gris y muy movido.

En la orilla estaba marrón.

Ni bien uno entra, el mar es mar. Siempre es claro.

En la orilla se ve marrón porque la arena es oscura.

Pasamos el muelle cabalgando sobre las olas.

Era divertido.

Habíamos nadado unos quince minutos Quintín me dijo que quería salir.

Con Geri lo acompañamos hasta la primera rompiente.

Yo también pensaba volver a casa.

Tenía miedo de cansarme como ayer.

Y quería acompañar al Osi.

Ando medio mimosa últimamente.

Pero Quintín me aconsejó que siguiera nadando.

Así que con mi joven amiga seguimos braceando sin cesar.

Volvimos a pasar la segunda rompiente y nadamos con rumbo Sur.

Era muy estimulante nadar en la coctelera.

Olas por todos lados que nos sacudían.

Imposible no estar en el presente absoluto.

Ni bien vi el Edén, le dije a Geri que nadáramos en diagonal, para poder ver las olas y que no nos golpearan.

A la altura del Edén está la boya.

Pero no la vi.

Había demasiadas olas.

Y no estaba Quintín, que siempre la encuentra.

El juego hoy era otro.

Subir y bajar como niñas dejándonos llevar por los caprichos del mar.

El nado en diagonal nos dejó justo en el Edén.

Había mucho viento en contra, pero cálido.

Volvimos caminando como dos soldados hasta el muelle.

Baño de sol, ducha, oolong y apple crumble con toda la sangha.

La incansable Geri, después de una pausa restauradora, se fue al mar de nuevo con Gabi.

Y ahora se fue.

La dejamos sentadita en el micro.

Debe estar en la ruta durmiendo y soñando con las olas del Tuyú.

Y yo dejo acá, porque es la hora de comer.

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2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (111)”

  1. Geraldine SK Says:

    Los quiero con todo mi corazón. Besos a toda la sangha maravillosa.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Besos, querida Geri! Te extrañamos!

    F

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