Bitácora de la hija de Neptuno (109)

por Flavia de la Fuente

23 de enero

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 23 grados. Temperatura del aire: 23 grados. Viento: NNE 11 km. Olas: 0,5 m. Sol y nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 44′.

Hoy fuimos a nadar con Geri.

playa

Geri y yo estábamos un poco nerviosas antes de ir al mar.

Mientras nadaba me preguntaba qué sería ese stress que todos los días me da antes de ir a nadar.

Pensé que es por el agua fría.

Y tener el deber de quedarse hasta cumplir con la meta.

Porque yo siempre tengo una especie de objetivo.

Jamás me meto un minuto y salgo.

Aunque me lo diga para darme coraje e ir al mar.

En fin, es así.

Hoy fui hecha un flancito, apenas podía llegar al agua.

Y una vez en el mar nadaba muy lento.

Pero al rato, fui cobrando fuerzas y el vigor volvió a mi cuerpo.

Era un día hermoso.

Sin viento.

Caluroso.

Mar tibio y verde.

Poco salado.

Muy transparente.

Nos veíamos las manos y los brazos debajo del agua.

Nadamos hacia el Sur en busca de la boya.

Geri vino a casa para tocar la boya.

Nadamos y nadamos sin avanzar demasiado.

La bajante era suave.

Yo ya había visto la curva en la tabla de mareas.

Había que nadar.

Nada venía de arriba.

Ningún colectivo nos llevaría hoy hasta la boya.

Finalmente, llegamos al Edén, el balneario de la boya.

Me detuve, me apoyé en el torpedo y miré a mi alrededor.

Buscaba la boya y no la encontraba.

“Para mí que está más adentro”, opiné.

“Para mí falta nadar un poco más”, acotó Quintín.

Decidí nadar hacia adentro en diagonal.

De pronto, Quintín gritó:

“Veo la boya. Está en la dirección en que vas nadando.”

Miré y, efectivamente, unos metros más adentro y un poco más al Sur estaba el globo celeste.

Cambié el rumbo y nadé perpendicular a la costa, para no pasarme de largo.

En unas pocas brazadas alcancé la boya.

Y la abracé.

Unos segundos después llegó Geri.

Y por último el Osi, que, como siempre, se pasó de largo.

Pero hoy la corriente le permitió volver lo andado.

Los tres nos felicitamos contentos aferrados a nuestro trofeo.

Y después volvimos nadando en apenas 5 o 6 minutos a la playa.

Yo nadé con toda mi velocidad.

Me gusta hacer el último tramo con todo.

El pique final.

Cuando llego a la rompiente, para que no me lastimen las olas, me aferro al torpedo y me dejo llevar por el mar.

“¿Cuánto nadamos?”, me pregunto Quintín.

“44 minutos”, le contesté. “Un nuevo record del verano.”

Tengo que hacer un paréntesis.

Es increíble lo que progresó Geri.

Hace dos meses, en Mar del Plata, yo nadaba mucho más rápido que ella.

Hoy íbamos a la par.

El entrenamiento duro que hace en la pileta le da unos resultados impresionantes.

Cada vez que vuelve al mar, es una nadadora notoriamente mejor.

Quizás se vuelva la Santiago García de la natación.

Una vocación inesperada.

Y es joven, tiene 29 años.

Volvíamos caminando los tres cuando nos interceptó Luciana, la amable guardavidas del Edén.

“Averigüé lo de la carrera”, nos dijo. “Es el 14 de febrero. Se tienen que inscribir en el balneario.”

Qué bueno, dijimos Geri y yo.

Quintín no está muy convencido con eso de nadar tres mil metros.

Pero Luciana es tan entusiasta que creo que también contagió al Osi.

La cosa es así.

Se nadan 3000 metros a favor de la corriente.

Si la corriente es fuerte no es tanto.

Si es como hoy es un largo trecho.

Espero que me dejen usar mi traje de triatlón.

Me da miedo el frío.

Pero igual lo voy a hacer.

Lo tengo que hacer con Geri.

Es un pacto.

Ojalá nos animemos.

Nos contó Luciana que te dan una medalla por participar.

Por esta primera vez, me contento con lograr cumplir con todo el trayecto.

Creo que nunca nadé 3000 metros en el mar.

Mañana vamos a intentar nadar una distancia similar.

O al menos nadar un rato más.

Porque depende de las mareas.

Trataremos de ir hasta el vivero.

Son más de dos kilómetros.

Todo esto es parte de mi práctica zen.

Vencer el miedo.

Vivir en el presente.

Llegar a la carrera sin ponerme nerviosa.

Y disfrutar de nadar con otros amantes del mar.

Nadar por nadar.

Es la primera competencia.

Quizás me convierta en una atleta de la tercera edad.

Recién acaban de volver Geri y Gabi de la playa.

Cuentan que nadaron del muelle hacia el Sur, hasta el Balneario Norte.

Y que les costó llegar, que calculan que tardaron 40 minutos.

Geri hizo doble turno de entrenamiento.

Yo estoy cansada.

Aunque hice la mitad.

Pero tengo el doble de edad.

Mañana anuncian lluvias fuertes.

Veremos cómo sigue el entrenamiento para la carrera del Edén.

Cambiando de tema otra vez.

Siguen incorporándose miembros a la sangha acuática.

Hoy una pareja que viene todos los años me preguntó cómo hice para nadar en el mar.

Los dos son nadadores y no se animan.

El mar les impone respeto.

Quedamos en que les prestaría mi torpedo.

Y que practicarían primero en la canaleta.

Son gente amorosa.

Me encantaría que se hicieran a la mar.

Foto: Gabriela Ventureira

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