Diario intermitente (116)

por Quintín

28 de diciembre

El quinto capítulo de Océano de sonido es largo y trata de varios temas. Demasiados para que pueda dar cuenta de ellos, demasiado dispersos como para que pueda encontrar el hilo conductor de la argumentación de Toop, si es que tiene alguno. Aparecen las películas de Michael Mann con música de Tangerine Dream, los discos de Miles Davis de los que hablé antes, la obra de Lee Perry (que me gusta mucho), Raymond Roussell, un tipo llamado Cornelius Cardew que escribió un libro que se llama Stockhausen Serves Imperialism, la observación de que varios revolucionarios de la grabación pop (Phil Spector, Joe Meek, Brian Wilson, Lee Perry) estaban temporaria o permanentemente chiflados, las novelas de William Gibson, las teorías de Mijaíl Bajtin, entre muchas otras cuestiones más o menos inconexas.

97-barquitos

Hoy intentaba explicarle a mi cuñada Sandra de qué iba el libro y no lo logré, pero nos pusimos a discutir sobre la música escuchable y la que a uno le repele. Por supuesto, no llegamos a nada. Sandra decía que a Schönberg no se lo podía escuchar en 1920, pero ahora se lo escucha perfectamente, como parte de la educación en lo que alguna vez fue rechazado por ser vanguardia, pero se me ocurrió que había dos tipos de rechazo a la música y el arte innovador. Uno es el que parte del prejuicio de que el arte debe seguir una tradición (la pintura figurativa, la música tonal, la literatura narrativa), es decir del academicismo de la época. Pero hay otro tipo de rechazo, que es el que inspiran los sentidos o la contemplación inmediata. Uno puede no entender la disonancia o la pintura cubista, pero no resultarle desagradable, tanto hoy como a principio del siglo XX (no creo que haya diferencia en ese sentido). En cambio, una instalación compuesta de cadáveres en descomposición es otro asunto, cuya aceptación depende de la familiaridad con un concepto. Sandra decía que la apreciación de la música depende del contexto: una cosa es escuchar un concierto de vanguardia en el Colón, prestando atención a su desarrollo en escena, y otra poner esa música de fondo, algo que puede resultar insoportable. Otro ejemplo sería que la música Ambient requiere de una rave, una fiesta o determinada droga. En esto del Ambient se da la paradoja de que se trata a veces de una música imbancable para los sentidos pero, al mismo tiempo, se supone que es o puede ser esencialmente música de fondo.

En el libro de Toop, Brian Eno dice una cosa interesante respecto de su propia experiencia escuchando música (se refiere a On the Corner de Miles Davis, pero es más general):

Es una música de fe. Si crees en ella, estoy seguro de que va a funcionar. Puedo alternar mi disposición mental hacia ella. Puedo decir “creo y me gusta” o puedo decir: “No me gusta, es una bazofia inconexa, son solo unos tipos improvisando que no saben lo que están haciendo”.

Ahora escucho algo llamado Fish Dances, por Irresistable Force (aka) Mixmaster Morris, un artista que figura en la discografía de Toop. Podría aplicar la idea de Eno y decidir si creo o no creo, pero no estoy convencido. En principio, suena bastante bien, no me irrita, tal vez podría llegar a cansarme después de una hora. Pero también me doy cuenta de otra cosa: el libro de Toop tiene una estructura Ambient, y puede que aceptar su fragmentación y su impresionismo conceptual sea también una cuestión de fe.

Foto: Gabriela Ventureira

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9 comentarios to “Diario intermitente (116)”

  1. Ariel Says:

    Quintin: estan muy buenas sus notas sobre los libros de musica Kraut y electronica, y tambien este de ambient, que espero leer en breve. Leyendo sobre su conversacion con Sandra de la Fuente sobre “musica escuchable y no escuchable” recorde algunas cosas leidas en “The power of music” un libro extraordinario de Elena Mannes, documentalista, musica ella e hija y nieta de musicos famosos de New York City. Al igual que lo que (intuyo) sostiene Sandra, Mannes relaciona nuestra dimension “escuchable” de la musica con nuestras caracteristicas biologicas individuales pero un poco mas con la configuracion cultural de origen que nos da, pero tambien limita, nuestra apreciacion musical (Western vs Eastern music). Mannes resalta al ritmo, la afinacion y al tempo como elementos primarios en la respuesta emocional que hace escuchable a la musica. Lo que nos gusta: lo predecible; el sentido auditivo es excelente prediciendo el futuro. Tonalidad e intervalos basicos, ciclos de tension y distension que se escucha en la musica de Bach o de Bee Gees. Ahora, y quizas similar a lo que produce el ambient, piezas disonantes, rapidas o lentas, notas improvisadas, breaks inesperados, inducen un rango emocional que va la molestia (“que es ese ruido insoportable” al temor (“rajemos de aca”). Deberia mencionar que Mannes asocia cada emocion que despiertan los diversos estilos musicales con procesos neurobiologicos muy precisos relacionados al stress o al placer que producen las drogas o el sexo, pero el otro Manes, el Manes malo, arruino para siempre cualquier posibilidad de discutir seriamente acerca de los extraordinarios hallazgos de la neurobiologia en los procesos emocionales e intelectuales.
    Saludos.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Muy bueno lo del Mannes bueno y el Mannes malo.

    Q

  3. Montañés Says:

    Yo tengo la impresión de que la clave está en lo que dice Eno. Efectivamente, muchas veces son solo unos tipos haciendo ruido a la deriva, sin una dirección clara. Pero en ese juego o experimentación hay algo crucial, y es la firme creencia en el sentido de la búsqueda (de lenguaje, de horizontes, de emociones extrañas). Lo dificultoso, tanto en esa tarea como en su posterior apreciación, es capturar un hallazgo precioso, lo que normalmente se dice inspiración, y darle una forma (o inscripción, o explicación) original y poderosa. Esa búsqueda también puede ser difusa, y siempre hay un toque místico en el asunto (ya la palabra inspiración lo tiene). De fe, como dice Eno. La conexión arte-emoción y la singularidad del deleite tienen finalmente algo inexplicable.

  4. Montañés Says:

    Es común escuchar a los artistas expresarse en términos místicos cuando hablan de su proceso creativo, al que no pueden racionalizar del todo y en general ni siquiera pueden explicar. (En realidad, nadie puede explicar del todo la creatividad.) Otra clásica en los músicos es adjudicarse el rol de medium: los mejores momentos de su música, más que brotarles o ser fruto de un método, les llega espontáneamente, como “de otra parte”. A veces pienso que esa dimensión a la que aluden, más que las musas, puede ser el zeitgeist, genio o espíritu del clima cultural, del que ellos son receptores/emisores preclaros y no pocas veces rupturistas.

    Empezamos hablando de fe y concluimos hablando de espíritu, circularmente, en términos más o menos místicos, porque la música y su trance, más que biología, parecen esencialmente eso.

  5. Montañés Says:

    Y no puedo evitar dejar algo de música, inútilmente, pero hasta el año que viene no jodo más.

    Más o menos relacionado al asunto ambient, entendido (por mi parte al menos) como la negación/elusión de las estructuras o melodías definidas y el uso de patrones repetitivos, de sonidos difusos y minimalistas aparentemente desarticulados y de una extensión dilatada en la búsqueda de su efecto. Nótese también, en función de eso, la importancia de otra afirmación de Eno, y que de algún modo define el género: no prestarle atención, no concentrarse excesivamente en su escucha, es lo que permite conectar con su valor esencial y, en el mejor caso, producir la extrañeza más o menos sublime del trance.

    Uno de Underworld.

    Y otro de Talk Talk.

    Feliz año nuevo, LLP.

  6. Ariel Says:

    Montañés: Excelente lo de Underworld y Talk Talk. Me quede pensando en algo que comento Quintin en su primera nota sobre el libro de Toop, en la posible conexion del ambient y electronica con el arte conceptual de los 60’s. Se me ocurre que el ambient produce un quiebre respect de la musica mas “escuchable” como el arte abstracto lo ha hecho con el figurativo: crea relaciones entre espacios, lineas, color y forma (o tonos, tempo, ritmo) que nos resultan poco familiares, que descolocan e inquietan inicialmente por su imprevisibilidad, pero que cuando estas relaciones se integran y coalescen puede llevar a estados de serenidad y contemplacion. Creo que esto tambien se enlaza con lo que comenta sobre Brian Eno y su idea de que el ambient requiere de una escucha mas bien periferica de elementos sueltos para llegar al centro de la idea musical. Esta idea no es mia, por supuesto, si no que es el concepto central que propone Eric Kandel en su libro “Reductionism in art and brain science” para explicar como el trabajo de artistas visuales como Mark Rothko, Jackson Pollock o Dan Flavin, entre otros, llevo al desplazamiento del arte figurativo por el abstracto. Dice Kandel que “…by reducing figuration, artists enable us to perceive an essential component of a work in isolation, be it form, light, color, or light. The isolated component stimulates aspects of our imagination in ways that a complex image might not. We perceive unexpected relationships in the work, as well as, perhaps, new connections between art and our perception of the world, and new connections between the work of art and our life experiences as recalled in memory”.

    Los hinchas del equipo Esencialismo y Reduccionismo de Elena Mannes, Eric Kandel y otros que exploran las conexiones del arte con la ciencia (que esta peleando el ascenso) creemos que la creacion y la percepcion musical, y muy particularmente el ambient y otras formas de “difficult music”, al decir de Laurie Anderson, (y, por que no, toda creacion artistica) tienen una raiz primordialmente biologica, y evolutiva, donde nuestro cerebro musical conjuga memoria, ideas, emociones y experiencias sensoriales en un insight o en un trance mistico, o en ambos. Creo que todos coincidiremos en que, como dice Bobby McFerrin, toda musica ES ultima y fundamentalmente una experiencia espiritual.

    Para terminar, como es fin de año y supongo que hoy es el dia donde se perdona todo, aqui va mi cuota de ambient y noise, el gran Ryuichi Sakamoto con Alva Noto en una performance (muy escuchable!) en Glass House de no hace mucho.

    Feliz 2017 para todos los lectores provisorios

  7. Montañés Says:

    Hola Ariel,

    Ignoro en qué consisten las teorías de Mannes o Kandel o la relación actual entre la neurobiología y la música. Todo eso me resulta desconocido, pero igual opino lo siguiente. (Con la grata irreponsabilidad que da la ignorancia y la resaca del primer día del año.) Que la creatividad y su elasticidad y luego las estéticas o emociones subsidiarias puedan reducirse al aspecto material o biológico, en principio no dice mucho. Además, tiende invariablemente a quedarse corto. También parece una iniciativa un poco absurda, como, no sé, pasar la escoba en un bosque, o buscar el equilibrio geométrico de las nubes. Reducir la belleza del adagio de la sonata Kreutzer a los gráficos de un osciloscopio sería, por ejemplo, una torpeza semejante. O el mundo interior de Laiseca a una cadena de ácidos y proteínas: no procede. No pueden abordarse abstracciones semejantes sino a través de sí mismas.

    Acaso puedan derivarse algunas ideas o inferencias (médicas, antropológicas) de la reducción materialista, pero no me parece conducente en nuestro caso de, digamos, diletancia. (O, bien, de mi caso.) Ensaya una perspectiva pero no explica nada. Y en todo caso, se le escapa lo sublime.

  8. Montañés Says:

    Sin embargo, no refuta la biología al espíritu, a fin de cuentas solo un nombre para señalar los aspectos desconocidos, poderosos, de extrema complejidad y largo (incógnito) alcance que subyacen a los procesos biológicos y que resultan esencialmente indescifrables. Puesto que, para indagar con tal positivismo al artista en su totalidad, deberíamos organizar en infinitas hojas de cálculo no solo los eventos infinitos de su destino, con sus interacciones, peripecias e improntas innumerables, sino también los eventos de su propia constitución molecular: la memoria genética y los lazos bioquímicos de todos sus componentes orgánicos, los corredores y laberintos astronómicamente complejos de todas las conexiones sinápticas de su vida, las fallas estocásticas, las excentricidades inefables y todo lo demás. Al decir de Borges, sería un mapa del tamaño del territorio, con todos los sucesos, relaciones y demás variables aleatorias que incluye el territorio. Es innecesario —inconducente— tanto aparato.

    Para la relación del arte, donde tantas cosas se escapan, no hay mejores recursos que los discretos provistos por la observación natural: la curiosidad y el diálogo, luego la emoción y la reflexión. Pero todo es fugaz.

  9. Montañés Says:

    Dejando ese lío y pasando a la música. Notablemente ambient, en su más pura definición, esa especie de instalación sonora de Sakamoto. Me recuerda a Harold Budd, o al propio Eno.

    Mi par mestizo, en este día de calor infernal:

    Uno de David Sylvian y Robert Fripp.

    Y otro de Starecase.

    Saludos.

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