Bitácora de la hija de Neptuno (93)

por Flavia de la Fuente

28 de diciembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 22 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NNO 19 km. Olas: 0,5 m. Sol. Marea bajando. Tiempo de natación: 26′.

Voy a intentar continuar con mi bitácora, pese a que tengo de visita a mis hermanos y mi sobrino Simón.

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Para mí es importante.

Es un momento de introspección y sosiego.

De contacto conmigo misma y nada más.

Si no lo hago, me siento un poco alienada.

Necesito un rato de intimidad después de nadar.

Prolongar el placer de la natación.

Y de la vida.

Continuar un rato con más con la vida en suspenso.

Seguir ligera.

En silencio, como en el mar.

Sola con mis pensamientos.

Que fluyen desinhibidos gracias a las endorfinas.

En un rato, desaparecerán.

Y el cansancio llegará.

Pero será un cansancio sereno.

Hoy me desperté con la voz del mecánico, el señor Salvático, que vino a casa a anunciarnos que el coche estaba complicado.

Que había que abrir el motor.

No entendí bien lo que decía.

Pero parecían cosas tremendas.

Ojalá lo pueda arreglar.

Se fue don Salvático y preparamos el desayuno.

Té Assam y pan con tomate rallado con sal Maldón y aceite de oliva.

Liso y Quintín cataron distintos aceites, dos españoles y uno argentino, y los comentaban mientras tomaban el té.

Yo solo los miraba contenta.

La natación de hoy fue de a tres.

Se sumó Simón, con quien no nadaba desde hace dos años conmigo en el mar.

Y, para mi sorpresa, me encontré con otro nadador.

Cuando tenía 15 años era lento, inseguro, tenía que estar pendiente de él todo el tiempo.

Hoy, después de un año de entrenamiento en la pileta del colegio, y con sus flamantes 17 años, 1 m 80 de altura y un cuerpo esbelto, era la cabeza del grupo, fue siempre adelante.

En realidad, hoy todos nadaron muy bien.

Quintín sigue progresando cada día.

Nada concentrado, seguro, y a un buen ritmo.

La ruta de hoy fue de nuevo hacia el Sur.

Cuando llegamos al Edén, Quintín dijo: “¿Cuánto nadamos?”

“20 minutos”, le conteste.

“Nademos 5 más”, replicó.

Eso fue música para mis oídos.

Aunque yo estaba muerta de frío, porque hoy fui en bikini y el mar parecía muy fresco.

Pero sigue a 22 grados.

Nadé rápido los últimos minutos para entrar en calor.

Habíamos visto a lo lejos algo que confundimos con nuestra querida boya.

Mas no era la boya, sino una banana de plástico.

No me refiero a la fruta.

Hablo de esos juegos acuáticos, que son una molestia para los nadadores.

Inspeccionamos la banana y el jefe, Quintín, dijo que era hora de salir.

“Un poquito más”, le supliqué.

“Está bien así por hoy”, me respondió. “Hasta vimos la banana”.

Una razón rara, pero igual decidí obedecer a mi marido.

Para volver a la costa, volví a aplicar el nado oblicuo para que no me agarren las olas desprevenida.

Llegamos pronto a la orilla y volvimos contentos caminando a casa.

Como siempre, yo estaba muerta de frío.

El viento Norte cálido, me helaba.

Alterné corriditas con caminatas rápidas.

Pero el frío no se me fue.

Llegamos a casa, les di de comer temblando a Ella y a Janis, y las encerré en su casita.

Y me tiré al sol en el patio durante 15 minutos.

Un poco me recuperé.

Pero soy la única de la casa que está con campera de mangas largas.

Quizás hoy haga doble turno de entrenamiento.

Porque Sandra todavía no nadó.

Me parece que voy a tener un swimming team por una semana.

Voy a tratar de hacer algunos sacrificios para que todos puedan ir a nadar conmigo.

Hay que ver si mi cuerpo viejo aguanta.

Ya les contaré.

O quizás descubro que el doble turno es lo más.

Que me llena de vitalidad.

Y soy feliz.

Y se me cumple mi deseo y me convierto en Santiago García.

Hasta me hago un user que se llame flavianada.

 

No suena muy bien ese nombre.

Voy a ver si en la próxima natación se me ocurre otro mejor.

Quizás flavianadaenelmar.

 

El campamento familiar durará hasta el 5 de enero.

Veremos qué pasa.

Me encantaría que se convirtiera en un swimming party.

 

El cineasta Bill Morrison y su mujer Laurie, en algún día de julio, organizan una carrera acuática con sus amigos y familia.

En realidad no es una carrera, es un cruce, desde el Norte de Long Island hasta el continente.

Alquilan un barco.

Y lo cruzan haciendo postas.

Cada uno nada veinte minutos.

Mientras tanto, el resto está en el barco, comiendo y tomando sol.

La travesía dura 12 horas.

Bill también es maratonista, como Santiago García.

Cuando le conté el tiempo que hacía mi amigo se sacó el sombrero.

Dijo que era muy veloz.

Hasta mañana, o hasta luego, si voy por el segundo turno.

2 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (93)”

  1. GabrielaV Says:

    Felicitaciones al swimming team!!!

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, Gabi!

    Besos y te esperamos para que te sumes,

    F

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