Bitácora de la hija de Neptuno (90)

por Flavia de la Fuente

24 de diciembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 21 grados. Temperatura del aire: 25 grados. Viento: N 19 km. Olas: 0,5m. Sol. Marea subiendo. Tiempo de natación: 36′.

Estas navidades me sorprendieron tristona.

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Así que decidí ahogar mis penas y nadar y nadar.

Para colmo, mi entrenador quedó todo agarrotado del sobre esfuerzo de ayer, les recuerdo que nadó feliz 34 minutos.

Pero después, cuando se le fue el efecto de las endorfinas, quedó agotado y con los músculos doloridos.

Hoy volvió a un entrenamiento de 14 minutos, para mover los brazos un poco y nada más.

Nadamos hacia el Sur, porque la marea estaba terminando de bajar o comenzando a subir, y había un viento respetable del Norte.

Cuando habíamos nadado 10 minutos, Quintín me dijo:

“¿Y si volvemos nadando al muelle?”

“Bueno, podemos intentarlo, pero parece difícil”, le contesté.

Y efectivamente, era complicado, pero se podía.

Había que tener paciencia.

A los 2 minutos de luchar con las olitas contra la cara, mi marido decidió salir del agua.

Me pareció muy sensato de su parte.

Nos despedimos y le dije que iba a intentar llegar al muelle de vuelta.

Yo necesitaba cansarme, insensibilizarme.

Para nadie es fácil la Noche Buena.

Acá, desde que tengo tres perras, se agregó el problema de la pirotecnia, los sedantes.

En fin, que a la melancolía ambiente se me suma el asunto de Solita, Janis y Ella que me llena de angustia.

Hoy las vamos a encerrar en su cuarto a Ella y a Janis y en el suyo a Solita. Y las tres princesas escucharán música y tomarán Acedán.

Espero que no sufran ni les pase nada malo.

Mientras tanto, nosotros trataremos de disfrutar de un asado al aire libre, que hará nuestra amiga Cristina.

Pero, volviendo al agua, les cuento que logré volver nadando al muelle.

Que lo que habíamos recorrido en 10 minutos, para volver me llevó 26 más.

Era duro porque cada vez tenía más frío.

Cuando estuve a punto de flaquear, recordé a Santiago García y sus maratones y le di para adelante, dispuesta a todo con tal de llegar.

Salí del agua y me temblaban las rodillas.

Volví a casa por el insoportable muelle/médano, con las antiparras puestas para evitar que me entrara arena en los ojos.

Y, por suerte, esta vez recordé el tema de los baños de sol en casa.

Me puse pantalla 50 y me tiré a descansar en una reposera en el patio.

Estuve 30 minutos inmóvil, sintiendo el sol que me quemaba la piel.

Era grato.

De a ratos, una suave brisa cálida me refrescaba, pero sin llegar a darme frío.

¡Qué delicia!

El frío se me fue pasando lentamente.

Y también me relajé, después del esfuerzo de nadar contra la corriente.

Mientras tanto, Solita hacía lo mismo, pero a la sombra.

Descansamos las dos durante media hora.

Es una excelente idea para después de nadar.

Si no me calciné.

Mañana les cuento.

¡Felicidades para todos!

PD: Recién llega Cristina de la playa y me pregunta qué es ese ruido que hay en la casa. “Es música ambient”, le contesto orgullosa por mi conocimiento. “Eso no es música, es insoportable, puede hacer mal”, me contestó asustada. La calmé agregando que variaba de a ratos, que había algunos sonidos muy agradables y hasta relajantes.

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