Bitácora de la hija de Neptuno (84)

por Flavia de la Fuente

13 de diciembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 20 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: SO 28 km. Olas: 0,9 m. Sol y muchas nubes. Marea bajando. Tiempo de natación: 30 minutos.

Hoy fue difícil sacar a Quintín de casa. Refunfuñó toda la mañana porque hacía frío, que no pensaba ir a la playa, ni siquiera a darse un chapuzón. Pero, a veces, ocurren milagros.

muelleconarena

El viento ONO dejó lugar al viento SO, que trajo una mañana fría y un mar oceánico y agradable.

Pero un par de grados más frío.

Por indicación de nuestro guardavidas Diego, nos metimos al Sur del muelle con la intención de nadar hacia el Sur, porque la marea estaba bajando con mucho ímpetu.

Caminamos hasta la rompiente, maldiciendo por el frío del aire y del agua.

Quintín gritaba iracundo.

Finalmente, pasamos la rompiente y nos pusimos a nadar rumbo al Edén.

Avanzábamos lentamente, pero íbamos pasando de a uno los distintos edificios del skyline sanclementino.

En un momento dado, pensé en el momento de salir del agua y me agarró un escalofrío.

Probé en nadar de vuelta hacia el muelle y vi que era posible.

Qué buena idea.

No me seducía la idea de volver temblando desde el Edén.

Le comuniqué la buena nueva a mi compañero de travesía y me dijo: “¡Buenísimo! Pero yo salgo ahora porque estoy muerto de frío.”

Vi cómo mi Osi salía del agua mientras yo braceaba de vuelta hacia el Norte.

Una vez en la orilla, me saludó y yo le respondí con una elegante reverencia desde el agua.

Después, no sé qué fue de él.

Seguramente, caminó muy rápido y se congeló hasta el momento de meterse en la ducha hirviendo.

Quintín nadó 15 minutos. Muy bueno lo suyo para un día fresco y nublado

De a ratos, entre las nubes, aparecía el sol y yo sentía que era una bendición de Neptuno.

Es mucho más agradable nadar con sol.

No solo por la temperatura, sino porque se ve mucho mejor.

Iluminada, el agua estaba transparente.

Estaba extrañando esa visión.

Creo que nadé fuerte, respirando cada 8 o 10 brazadas y con una frecuencia más rápida de braceada.

Es que si no me congelaba.

Pero quería llegar de vuelta al muelle nadando, con frío o sin frío.

Quería sentirme sana.

Fuerte y vigorosa.

Como Santiago García, quien me alegra todos los días con su entrenamiento ejemplar.

Quería dejar atrás por un rato la vejez y la enfermedad.

Canté y canté para darme ánimos.

Y nunca miré cuánto me faltaba para alcanzar la meta.

Qué será, será y, para el tramo final, Masters of Wars fueron mis himnos de batalla.

Así fui avanzando.

Y lo logré.

Salir del agua fue un tema, porque empecé a temblar como una hoja.

Miré la hora y vi que había nadado 30 minutos.

Me puse contenta.

Y me sentía genial.

Joven otra vez.

Al menos por unas horas.

El pequeño logro me reconfortó.

Saludé a Diego, le comenté que se podía nadar en las dos direcciones y volví por la playa a casa.

Ya no se puede volver por el muelle, porque está todo cubierto de arena. Está literalmente enterrado en la arena. Es como un médano inestable, peligroso para caminar.

Ojalá que lo arreglen.

No por mí.

Yo puedo caminar por dónde sea.

Pero esa pasarela sirve para que vayan a la playa gente discapacitada, ancianos con andadores, bebés en sus cochecitos.

Es un pecado que se abandone de esa manera el muelle de San Clemente.

Una vergüenza.

Una negligencia imperdonable.

Hay varias grúas dando vueltas por las playas y nunca resuelven ese problema.

Como les estaba diciendo, volvía caminando por la playa y me encontré con Leo, otro personaje de la playa, otro nadador y también navegante.

Una vez, hace varios años, Leo me preguntó si podía ir a nadar conmigo.

Como soy muy tímida, le dije que sí, aunque la idea de nadar con un desconocido no me resultaba nada atractiva.

Pero no le pude decir que no.

Y una vez en el agua, me dio miedo.

¿Y si estoy ante un asesino serial?

Era raro estar en el medio del mar con un extraño.

Hasta el año pasado, no supe con quién había nadado ese día, porque el hombre era un enmascarado como yo.

Solo recuerdo que lejos de ser un serial killer, Leo era un gran nadador.

Avanzaba mucho más rápido que yo e iba y venía para seguir a mi lado.

También recuerdo que cuando yo salí en el Balneario Norte, él me dijo que iba a volver nadando al muelle.

Y yo me sentí muy aliviada de sacármelo de encima.

Divina soledad.

Pasaron los años y me hice amiga de Leo. Un día, hablando de bueyes perdidos, o mejor dicho, de mares remotos, me contó que él era el nadador que una vez me acompañó a la mar.

Es un tipo apacible, amante del sol y del agua.

Pero no le gusta el frío.

Cuando pasé a su lado, él tomaba sol al reparo del balneario Punta Ignacio (digamos que trataba de tomar sol, porque era un día básicamente nublado).

Me preguntó cómo hacía Quintín para no morirse de frío en el agua.

También me preguntó por qué no usaba traje de neoprene.

“Qué sé yo”, le respondí. “Es un testarudo. Jamás se probó un traje ni una remera de neoprene. No quiere. Es así.”

Hablamos un rato del agua, de los vientos ONO y SO, y de esas cosas que nos interesan a los nadadores, y, de pronto, sentí que las rodillas me temblaban demasiado, que era tiempo de dejar de charlar y volver a casa.

Ducha hirviendo, oolong, almendras y pasas de uvas.

Me siento en un mediodía invernal.

Confieso que me resulta mucho más agradable que el día tórrido de ayer.

Soy una dama de hielo.

Y creo que Quintín está mucho mejor.

Al menos ya no gruñe.

Quizás murió congelado y por eso está callado.

Aunque me parece que está escribiendo, muy sereno, en su escritorio.

El electroshock del día funcionó una vez más.

Mañana se esperan vientos del SSO y frío.

Mañana voy a tratar de nadar un poco más.

PD: Quintín me reprocha, después de leer esta bitácora, que no hice ninguna referencia al hermoso pato o gaviota que vimos cuando nos estábamos por meter en el mar. El bicho era tan bello y agraciado que su sola visión le inyectó energía a mi entrenador para tirarse a nadar.

Anuncios

3 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (84)”

  1. Gabriela V Says:

    Muy buena!!!

  2. saint jacob Says:

    …Me reí a carcajadas, y me emocioné reprimiendo lágrimas ácidas y dulces… esta Flavia es fatal…

  3. lalectoraprovisoria Says:

    Gracias, amigos! Pero no lloren! Mi vida es para reírse, como la de todos.

    Besos,

    F

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: