Bitácora de la hija de Neptuno (78)

por Flavia de la Fuente

30 de noviembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 19 grados. Temperatura del aire: 22 grados. Viento: NNO 24 km. Olas: 0.5 m. Sol. Marea bajando. Tiempo de natación: 11 minutos.

Ando muy alérgica, con una picazón en la garganta que no me deja dormir bien. Hoy amanecí muy cansada de tanto toser y pensé en quedarme en cama todo el día para recuperar fuerzas. Me puse el camisón, me tapé, cerré los ojos y me dispuse a dormir.

Como no me dormía ni me relajaba, pensé que quizás fuera una buena idea ir a nadar. Además, tenía que llevar a Solita a la playa. La muy maldita se queda todo el tiempo echada al lado de mi cama y me hace sentir culpable. Me siento una princesa custodiada por su mastín. Pero como no soy una princesa, si no la saco yo, la pobre perra se queda sin su paseo.

solitaenelmar

Así fue como me puse el traje de neoprene de verano y partimos los tres rumbo a la playa.

Veremos cómo funciona la terapia talásica esta vez. En el verano, con una gran congestión, me salvó.

Quintín batió hoy su marca de ayer, pero está lejos de su mejor tiempo del año, apenas nado 3,5 minutos. Más del 100% que ayer. No está mal.

Solita también batió su record. Hoy se metió más de tres veces y se quedó mucho en el mar.

Yo nadé hacia el Sur, en una agua amarronada por el fuerte viento del Norte.

Me atacaron unos seres desconocidos, que me pincharon tres veces, supongo que fueron cornalitos.

También estaban los molestos kite surfers por todos lados.

Estoy empezando a extrañar la playa desierta del invierno.

Se siente la cercanía del verano, la playa ya no nos pertenece, está llena de gente con carpas y sombrillas.

Me zambullí al Sur del muelle y la corriente me llevó en nada hasta el Fontainbleau donde pegué la vuelta con la intención de nadar hacia el muelle.

Pero como ando medio enferma, no hacía fuerza y no logré avanzar nada, pero tampoco nadé para atrás.

Salí cuando empecé a sentir frío.

Afuera me esperaban Solita y Quintín, gozando del hermoso día de sol y yo estaba helada, porque hoy me puse un traje muy finito.

Pero ya se me pasó todo después de la banana, las galletitas de lino y el consabido oolong.

Solita duerme y ronca a mis pies mientras esto escribo.

En los últimos tiempos se convirtió en mi sombra.

Es tremendo.

No saben lo que me cuesta dejarla sola en casa cada vez que tengo que viajar.

A la tarde, seguiré con la lectura de los rusos y con las películas de Pierre Léon. O rumiando Camino viejo, nubes blancas, dependiendo del estado de ánimo.

 

 

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