Diario intermitente (105)

por Quintín

22 de noviembre; 4.OO PM

Tengo suerte hasta ahora en Mar del Plata. No gané en el casino (tampoco fui) pero no vi una sola película mala, algo mucho menos probable en principio que acertar un pleno. Claro que me mantuve alejado de potenciales bodrios en las competencias y alrededores. Esta felicidad me hace compadecer a los pobres críticos de Auditorio.

cristi_puiu

¿Por dónde íbamos? Ah, sí. Ayer empecé con una película que me sorprendió mucho: The Dreamed Ones de Ruth Beckermann, una directora austríaca nacida en 1952, cuya extensa filmografía desconozco. Pero aquí encuentra un dispositivo cinematográfico brillante para ocuparse de las correspondencia entre los poetas Paul Celan e Ingeborg Bachmann durante un romance que duró 25 años y tuvo infinitos altibajos. La película muestra a dos actores encargados de grabar las cartas entre Celan y Bachmann para un audio libro o una emisión de radio que Beckerman filma para luego seguir a los actores en los descansos de su trabajo. El juego entre los textos y sus intérpretes, que acaso profundiza una idea straubiana, resulta en las actuaciones más perfectas que yo haya visto nunca. En realidad, toda la película es perfecta, así como un ejemplo mayor de las posibilidades de hacer cine con la literatura.

Después vi L’étonement, otra de las curiosas orfebrerías de Pierre León, esta vez una remake (según sus propias palabras), de Un rey y cuatro reinas de Raoul Walsh. En realidad, hay una reina y cuatro reyes. A Eva Truffaut se le queda el auto y busca refugio en una granja en la que cuatro hermanos se vinculan por misteriosas relaciones que la mujer desestabiliza. La película es una disimulada y sinuosa investigación sobre el poder pero, en definitiva, otra muestra del cine al mismo tiempo luminoso y hermético de Léon, del que me gustaría encontrar alguna vez el principio rector sobre el que se funda.

Y después fui a ver Sierranevada de Cristi Puiu, el gran director rumano, último de los cineastas realistas. Puiu hace un cine basado en la representación, como si lo suyo fuera la novela del siglo XIX, que describe la sociedad rumana y sus encrucijadas mediante sus personajes, sus relaciones y sus diálogos, sometidos a guiones minuciosos y precisos y a movimientos de cámara de un ingenio superlativo. Sierranevada dura tres horas, durante las cuales una comida familiar en homenaje al patriarca de la familia no empieza nunca, como si fuera la versión gastronómica de El ángel exterminador. Casi todo ocurre en un departamento bastante chico en el que las puertas de las habitaciones se abren y se cierran sin parar y la cámara nunca parece tener el tiro suficiente para filmar las escenas, aunque Puiu utiliza este inconveniente para mostrar un virtuosismo que parece venir de otra época del cine. Puiu es un cineasta obsesivo y brillante cuya obra es, a esta altura, la de un maestro cuya obra es una síntesis de humor y pesimismo.

Esta mañana vi Nisimi dit Max, de los hermanos Pierre y Vladimir Léon, que entrevistan a su padre y sus amigos para reconstruir la biografía de un militante comunista. Max Léon fue un combatiente de la Resistencia y corresponsal en Moscú del L’humanité y encarnó de un modo profundo y sincero la contradicción entre el sueño y la obediencia. Es un testamento que todo interesado en la historia del siglo XX debería conocer.

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