Bitácora de la hija de Neptuno (70)

por Flavia de la Fuente

9 de noviembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 17 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: N 27 km. Olas: 0.8 m. Sol y nubes. Marea subiendo. Tiempo de natación: 22 minutos.

Noche tormentosa mirando el escrutinio de las elecciones americanas por la tele. A la mañana, no podía salir de la cama del bajón. Y Quintín tampoco.

Para colmo, ni bien terminamos de desayunar empezaron los truenos y se largó un fuerte chaparrón.

Era otro día difícil.

nieblabajayaguila


Lo de Trump es duro de digerir.

Y mi entrenador está muy mal, sombrío como pocas veces lo vi.

Augura lo peor para el mundo.

Ni bien paró la tormenta, me fui con Solita a la playa.

No había nadie.

El paisaje era extraño.

La arena mojada por la lluvia y una niebla que corría como una nube baja, angosta y larga que se desplazaba con rapidez.

Era una imagen rara.

Saqué muchas fotos, pero no sé si se ve el fenómeno.

Solita corría pajaritos y se bañaba en el mar.

Me hacía reír con su alegría.

Hacía calor.

La playa me hizo bien, me devolvió a la vida.

Como no había ninguna tormenta a la vista, pensé que un rato de natación me sentaría mejor aun.

Pero no me animaba a ir sola.

Volvimos con la perra a casa y le rogué a mi atribulado entrenador que me acompañara.

“¿De verdad me necesitás? Hoy no estoy para ir a ningún lado.”, me dijo al escuchar mi pedido.

“Sí, te necesito. Es un día inquietante.”, le respondí.

Por suerte, Quintín me acompañó, aunque sea refunfuñado y sufriendo por el destino del mundo.

¿Se le pasará?

Trump va a gobernar 4 años, por lo menos.

Tristes, nos fuimos hasta la playa.

El mar estaba hermoso.

Me metí al Norte del muelle y nadé casi hasta el Balneario Norte.

No sé si 20 o 25 minutos. Por las dudas, anoté 22.

Es que controlé la hora, pero me olvidé.

Yo también ando agobiada por las noticias políticas.

Antes de meterme en el agua me fijé si seguía bajo el muelle el león marino.

Y no estaba.

O sea que andaba nadando por el mar.

No me hizo mucha gracias compartir las aguas con tamaño monstruo.

Pero como soy la hija de Neptuno seguí adelante con mi plan.

Sin embargo, la idea del lobo me persiguió durante todo el nado.

Pensaba que quizás mi destino fuera terminar en las fauces del animal.

Un destino como cualquier otro.

Todos terminamos mal, tarde o temprano.

Luché denodadamente contra estos malos pensamientos mientras braceaba sin cesar.

Confieso que tenía ganas de salir del agua.

Pero no lo hice.

No me quise rendir.

Me aguanté el miedo y nadé hasta el final.

Las olas me devolvieron pronto a la orilla.

Allí me esperaban Quintín y Solita.

Mi entrenador estaba un 10% mejor y Solita seguía juguetona, comiendo porquerías y enfrentando a los perros que se le cruzaban en el camino.

Ella no tiene ningún problema.

Todos queremos ser Solita.

4 comentarios to “Bitácora de la hija de Neptuno (70)”

  1. Johny Malone Says:

    Tristes los progres y exprogres. Décadas de arrogancia y pedantería tenían que acabar así.

  2. lalectoraprovisoria Says:

    Llegó Malone el malo. El no es progre ni ex progre. Es facho de toda la vida.

    Q

  3. Johny Malone Says:

    Jaja. No voté a Néstor como otros…

  4. Johny Malone Says:

    Además, “facho”. Qué palabra cool, avant-garde. Con suerte, levantas bobas de la FSOC con ella.

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