Bitácora de la hija de Neptuno (67)

por Flavia de la Fuente

5 de noviembre

Datos del mundo exterior: Temperatura del agua: 15 grados. Temperatura del aire: 19 grados. Viento: N 25 km. Olas: 0,6 m. Sol. Marea subiendo. Tiempo de natación: 18 minutos.

De vuelta en casa, cuatro días sin nadar porque estuvimos trabajando con las películas en la FUC. Quintín se enfermó, pero ya está mejorando.

Así que hoy tuve que ir sola a la playa, dado que mi entrenador está convaleciente.

puertomadero
Como estaba muy cansada, me juré que no iba a nadar más de 5 minutos, pero no lo pude evitar y nadé más.

Es que el agua, aunque sigue en los 15 grados ya me parece tibia.

Y brillaba el sol.

Nadé hacia el Norte y traté de llegar al Aguila sin conseguirlo. Nadaba casi en el lugar. Al final me aburrí y di la vuelta y llegué en nada de vuelta al muelle. Otra vez me engañó la tabla de mareas.

Hoy por primera vez noté que había aguas vivas. Es un clásico nadar manoteando gelatina. Como no lo sentí en todo el invierno, me pregunté si sería un fenómeno veraniego.

Pero mientras me duchaba me di cuenta de que nadé todo el invierno con guantes, así que no tocaba nada de nada, o mejor dicho no sentía nada de lo que tocaba con mis gruesos guantes de neoprene.

De nuevo me atacó Dylan, a quien había logrado olvidar en Buenos Aires.

Pero esta vez fue por culpa de Quintín, que no sé qué canción tarareaba sin pausa esta mañana.

Yo le rogué que no lo hiciera, le supliqué que se callara, que yo había logrado limpiar mi cerebro y que su canto persistente hacía peligrar el silencio que tanto me había costado conseguir.

Aunque de hecho el silencio se hizo solo. En Buenos Aires hay tanto ruido y pasan tantas cosas que uno no puede tener a Dylan ni a nadie instalado en la memoria.

Tal como lo temí, sucedió. Nadé los 18 minutos con Sad-Eyed Lady of The Lowlands (https://vimeo.com/37021142) y todavía, después de la ducha y el oolong de rigor, la tengo en la cabeza.

Pese a Dylan, y también sin quererlo empecé el entrenamiento un poco más fuerte.

De ahora en más, y dado que ya terminé las películas, nada de flojeras, todos los días, al menos media hora de natación.

Y como el agua está tibia, ya estoy lista para volver a pasar detrás del muelle y meterme más hondo.

De hecho, es recomendable meterse más adentro porque la costa está llena de trasmallos que son un peligro para el nadador distraído.

Siento una pequeña euforia porque tenemos por delante 6 meses de aguas templadas.

El mar irá subiendo la temperatura este mes hasta alcanzar los 19 grados.

Y en diciembre, 22 o 23.

Es casi la felicidad.

Ahora me tengo que entrenar para nadar 9 días en Mar del Plata, en las tranquilas aguas de la Bristol.

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